Siempre me fascinó éste poema de Vallejo, junto con MASA son los dos poemas que más me gustan del peruano. Gracias MOLIST por traerlo.MOLIST escribió:Un hombre pasa con un pan al hombro.
¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?
Otro se sienta, ráscase, extrae un piojo de su axila, mátalo.
¿Con qué valor hablar del psicoanálisis?
Otro ha entrado a mi pecho con un palo en la mano.
¿Hablar luego de Sócrates al médico?
Un cojo pasa dando el brazo a un niño.
¿Voy, después, a leer a André Bretón?
Otro tiembla de frío, tose, escupe sangre.
¿Cabrá aludir jamás al Yo profundo?
Otro busca en el fango huesos, cáscaras,
¿Cómo escribir, después, del infinito?
Un albañil cae de un techo, muere y ya no almuerza.
¿Innovar, luego, el tropo, la metáfora?
Un comerciante roba un gramo en el peso a un cliente,
¿Hablar, después, de cuarta dimensión?
Un banquero falsea su balance.
¿Con qué cara llorar en el teatro?
Un paria duerme con el pie a la espalda.
¿Hablar, después, a nadie de Picasso?
Alguien va en un entierro sollozando.
¿Cómo luego ingresar a la Academia?
Alguien limpia un fusil en su cocina.
¿Con qué valor hablar del más allá?
Alguien pasa contando con sus dedos.
¿Cómo hablar del no-yo sin dar un grito?
Un hombre pasa con un pan al hombro... perteneciente al libro Poemas humanos de César Vallejo.
Recomendando poesía...
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Re: Recomendando poesía...
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Re: Recomendando poesía...
Para mí, el mejor libro de Neruda, Residencia en la tierra, aunque mi cercanía con América Latina me empuje a leer constantemente el Canto General. De entre todos los poemas del libro, El tango del viudo.MOLIST escribió: Barcarola
Si solamente me tocaras el corazón,
si solamente pusieras tu boca en mi corazón,
tu fina boca, tus dientes,
si pusieras tu lengua como una flecha roja
allí donde mi corazón polvoriento golpea,
si soplaras en mi corazón, cerca del mar, llorando,
sonaría con un ruido oscuro, con sonido de ruedas de tren con sueño,
como aguas vacilantes,
como el otoño en hojas,
como sangre,
con un ruido de llamas húmedas quemando el cielo,
sonando como sueños o ramas o lluvias,
o bocinas de puerto triste;
si tú soplaras en mi corazón, cerca del mar,
como un fantasma blanco,
al borde de la espuma,
en mitad del viento,
como un fantasma desencadenado, a la orilla del mar, llorando.
Como ausencia extendida, como campana súbita,
el mar reparte el sonido del corazón,
lloviendo, atardeciendo, en una costa sola,
la noche cae sin duda,
y su lúgubre azul de estandarte en naufragio
se puebla de planetas de plata enronquecida.
Y suena el corazón como un caracol agrio,
llama, oh mar, oh lamento, oh derretido espanto
esparcido en desgracias y olas desvencijadas:
de lo sonoro el mar acusa
sus sombras recostadas, sus amapolas verdes.
Si existieras de pronto, en una costa lúgubre,
rodeada por el día muerto,
frente a una nueva noche,
llena de olas,
y soplaras en mi corazón de miedo frío,
soplaras en la sangre sola de mi corazón,
soplaras en su movimiento de paloma con llamas,
sonarían sus negras sílabas de sangre,
crecerían sus incesantes aguas rojas,
y sonaría, sonaría a sombras,
sonaría como la muerte,
llamaría como un tubo lleno de viento o llanto
o una botella echando espanto a borbotones.
Así es, y los relámpagos cubrirían tus trenzas
y la lluvia entraría por tus ojos abiertos
a preparar el llanto que sordamente encierras,
y las alas negras del mar girarían en torno
de ti, con grandes garras, y graznidos, y vuelos.
¿Quieres ser fantasma que sople, solitario,
cerca del mar su estéril, triste instrumento?
Si solamente llamaras,
su prolongado són, su maléfico pito,
su orden de olas heridas,
alguien vendría acaso,
alguien vendría,
desde las cimas de las islas, desde el fondo rojo del mar,
alguien vendría, alguien vendría.
Alguien vendría, sopla con furia,
que suene como sirena de barco roto,
como lamento,
como un relincho en medio de la espuma y la sangre,
como un agua feroz mordiéndose y sonando.
En la estación marina
su caracol de sombra circula como un grito,
los pájaros del mar lo desestiman y huyen,
sus listas de sonido, sus lúgubres barrotes
se levantan a orillas del océano solo.
Del libro Residencia en la tierra de Pablo Neruda
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Re: Recomendando poesía...
Creo, por los dos poemas que citas como preferidos, que estamos de acuerdo en que el mejor Vallejo se encuentran en el ciclo final, en esos poemas que él nunca quiso publicar en vida y que se agruparon, tras su muerte, con los títulos Poemas humanos y España, aparta de mí este cáliz , sin menospreciar Los heraldos negros y Trilce (sendas obras maestras, y acta de defunción respectiva del Modernismo _incluso del más humano, el de Martí o el Darío de Cantos de vida y esperanza_ y la puerta de entrada a la verdadera vanguardia _reconozco mis problemas para seguir a Huidobro_) pero el último Vallejo es algo más, es el genio que ha decidido dejar de escribir y de vivir, que ya no cree en nada ni en nadie porque sabe que no se puede esperar nada de nadie pero a la vez hace un intento desesperado sino para cambiar las cosas (ha elegido su destino y lo espera sin miedo y con ansia) sí para lanzar un aviso para los que llegarán después. Que no quisiera publicar los poemas es una prueba de su escepticismo hacia el género humano. Yo quiero cree que se equivocaba. Pero...
Última edición por MOLIST el 10 Jul 2015 15:44, editado 1 vez en total.
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Re: Recomendando poesía...
De Neruda como libro prefiero la Tercera residencia, que se suele sacar del canon, quizá no es tan perfecta ni tan innovadora como las dos primeras pero tiene los versos que más me emocionan (España en el corazón, quizá el texto más desgarrador que jamás se haya escrito sobre la Guerra Civil), como libro creo que su obra maestra son las dos primeras Residencia aunque el Canto General tienes mis respetos por el gran poema épico de la lengua castellana, algo que ni los grandes poetas del Siglo de Oro o Manrique supieron o quisieron hacer (Lope hizo intentos pero frustrados). No obstante reconozco que como todos los grandes poemas épicos (Dante, Milton, Camóes) me cansa un poco. La Barcarola es mi poema suyo favorito por razones personales.
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Re: Recomendando poesía...
Vallejo como no podía ser de otra manera en uno de los mayores poetas que ha dado la lengua castellana tiene grandes poemas en todos sus libros, como por ejemplo, Los heraldos negros, el poema que da título al libro o Piedra negra sobre piedra blanca. Por otra parte es como si los dos grande poetas latinoamericanos hubieran seguido un destino común, y en los dos hubiese aflorado finalmente ese gusto por lo social, la llamada de los pueblos en lucha.
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Re: Recomendando poesía...
Yo no veo en Vallejo una llamada a la lucha (entendida como conflicto armado) sino una llamada en todo caso a la lucha por la dignidad del ser humano y un canto a la necesidad de solidaridad: y esto lo observo incluso en los poemas más duros y cercanos al conflicto como Invierno en la batalla de Teruel, en el titulado Batallas o no digamos nada en el inolvidable última estrofa del poema homónimo España, aparta de mí este cáliz. Curiosamente los poemas menos interesantes que escribió Vallejo los encuentro en la obra que unánimemente se considera su obra maestra (Trilce) y que fuera de España se tiene como la obra poética más importante escrita en castellano en el siglo XX junto Llanto por Ignacio Sánchez Mejías y el poema en prosa Espacio. Y que conste que son poemas ocasionales donde abusa de la experimentación. Terminaré el mensaje con un de ellos
Para mí lo de Neruda es diferente, yo sí que observo una decadencia en su poesía a partir de sus primeras Odas elementales, obviamente eso no es óbice para que no aparezcan poemas notables, estamos ante un gran escritor, quizá el poeta más dotado de nuestra lengua en los últimos siglos. Es, salvando las distancias, lo que pasó con Antonio Machado que después de publicar sus dos poemarios más acabados publicó otros poemarios tremendamente irregulares, donde paradójicamente se encontraban muchos de los mejores poemas que escribió en toda su vida como el ciclo de cinco sonetos de sus Nuevas Canciones, Parergon, algunas canciones a Guiomar, el poema a la muerte de Abel Martín, El crimen fue en Granada o para mí uno de los grandes poemas escritos en castellano por cualquier poeta: Recuerdos de sueño, fiebre y duermivela. Como mi poema favorito de Machado es muy largo reproduzco el que escribió para condenar el atroz asesinato de García Lorca.
V
Grupo dicotiledón. Oberturan
desde él petreles, propensiones de trinidad,
finales que comienzan, ohs de ayes
creyérase avaloriados de heterogeneidad.
¡Grupo de los dos cotiledones!
A ver. Aquello sea sin ser más.
A ver. No trascienda hacia afuera,
y piense en són de no ser escuchado,
y crome y no sea visto.
Y no glise en el gran colapso.
La creada voz rebélase y no quiere
ser malla, ni amor.
Los novios sean novios en eternidad.
Pues no deis 1, que resonará al infinito.
Y no deis 0, que callará tánto,
hasta despertar y poner de pie al 1.
Ah grupo bicardiaco.
Trilce de Vallejo. Aviso: el libro no sigue siempre esta senda de poesía críptica, de hecho este ejemplo sería la muestra más radical de esta línea poética que durante buena parte de su vida obsesionó a Vallejo, que fue un gran admirador de Mallarme y del poeta uruguayo-francés que se hacía llamar Isidore Ducasse.
El crimen fue en Granada
A Federico García Lorca
I
EL CRIMEN
Se le vio, caminando entre fusiles
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas, de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos
no osó mirarle a la cara.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico
—sangre en la frente y plomo en las entrañas—.
... Que fue en Granada el crimen
sabed —¡pobre Granada!—, ¡en su Granada!...
II
EL POETA Y LA MUERTE
Se le vio caminar solo con Ella,
sin miedo a su guadaña.
—Ya el sol en torre y torre; los martillos
en yunque, yunque y yunque de las fraguas—.
Hablaba Federico,
requebrando a la Muerte. Ella escuchaba.
«Porque ayer en mi verso, compañera,
sonaba el eco de tus secas palmas,
y diste el hielo a mi cantar, y el filo
a mi tragedia de tu hoz de plata,
te cantaré la carne que no tienes,
los ojos que te faltan,
tus cabellos que el viento sacudía,
los rojos labios donde te besaban...
Hoy como ayer, gitana, muerte mía,
qué bien contigo a solas,
por estos aires de Granada, ¡mi Granada!»
III
Se les vio caminar...
Labrad, amigos,
de piedra y sueño, en el Alhambra,
un túmulo al poeta,
sobre una fuente donde llore el agua,
y eternamente diga:
el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!
Poesías Completas de Antonio Machado. No indico la obra porque lógicamente el poema nunca se publicó en vida de Antonio Machado (que no olvidemos que fue otra víctima de la Guerra Civil, del nefasto Generalísimo) en ningún poemario sino en ediciones muy posteriores a su muerte de sus Poesías completas , no obstante en mi edición de las Obras Completas de Machado escribe Oreste Macrí lo siguiente: <<Machado leyó esta poesía un día, con emocionado acento, en ocasión excepcional, ante la multitud congregada en Plaza Castelar, en Valencia>>.
Las imágenes que aparecen son de Antonio Machado (la primera) y de César Vallejo (la segunda) en su época de vanguardia, de joven aunque bien pensado Vallejo, como Lorca o Miguel Hernández, nunca tuvo la oportunidad de dejar de ser joven.


Para mí lo de Neruda es diferente, yo sí que observo una decadencia en su poesía a partir de sus primeras Odas elementales, obviamente eso no es óbice para que no aparezcan poemas notables, estamos ante un gran escritor, quizá el poeta más dotado de nuestra lengua en los últimos siglos. Es, salvando las distancias, lo que pasó con Antonio Machado que después de publicar sus dos poemarios más acabados publicó otros poemarios tremendamente irregulares, donde paradójicamente se encontraban muchos de los mejores poemas que escribió en toda su vida como el ciclo de cinco sonetos de sus Nuevas Canciones, Parergon, algunas canciones a Guiomar, el poema a la muerte de Abel Martín, El crimen fue en Granada o para mí uno de los grandes poemas escritos en castellano por cualquier poeta: Recuerdos de sueño, fiebre y duermivela. Como mi poema favorito de Machado es muy largo reproduzco el que escribió para condenar el atroz asesinato de García Lorca.
V
Grupo dicotiledón. Oberturan
desde él petreles, propensiones de trinidad,
finales que comienzan, ohs de ayes
creyérase avaloriados de heterogeneidad.
¡Grupo de los dos cotiledones!
A ver. Aquello sea sin ser más.
A ver. No trascienda hacia afuera,
y piense en són de no ser escuchado,
y crome y no sea visto.
Y no glise en el gran colapso.
La creada voz rebélase y no quiere
ser malla, ni amor.
Los novios sean novios en eternidad.
Pues no deis 1, que resonará al infinito.
Y no deis 0, que callará tánto,
hasta despertar y poner de pie al 1.
Ah grupo bicardiaco.
Trilce de Vallejo. Aviso: el libro no sigue siempre esta senda de poesía críptica, de hecho este ejemplo sería la muestra más radical de esta línea poética que durante buena parte de su vida obsesionó a Vallejo, que fue un gran admirador de Mallarme y del poeta uruguayo-francés que se hacía llamar Isidore Ducasse.
El crimen fue en Granada
A Federico García Lorca
I
EL CRIMEN
Se le vio, caminando entre fusiles
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas, de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos
no osó mirarle a la cara.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico
—sangre en la frente y plomo en las entrañas—.
... Que fue en Granada el crimen
sabed —¡pobre Granada!—, ¡en su Granada!...
II
EL POETA Y LA MUERTE
Se le vio caminar solo con Ella,
sin miedo a su guadaña.
—Ya el sol en torre y torre; los martillos
en yunque, yunque y yunque de las fraguas—.
Hablaba Federico,
requebrando a la Muerte. Ella escuchaba.
«Porque ayer en mi verso, compañera,
sonaba el eco de tus secas palmas,
y diste el hielo a mi cantar, y el filo
a mi tragedia de tu hoz de plata,
te cantaré la carne que no tienes,
los ojos que te faltan,
tus cabellos que el viento sacudía,
los rojos labios donde te besaban...
Hoy como ayer, gitana, muerte mía,
qué bien contigo a solas,
por estos aires de Granada, ¡mi Granada!»
III
Se les vio caminar...
Labrad, amigos,
de piedra y sueño, en el Alhambra,
un túmulo al poeta,
sobre una fuente donde llore el agua,
y eternamente diga:
el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!
Poesías Completas de Antonio Machado. No indico la obra porque lógicamente el poema nunca se publicó en vida de Antonio Machado (que no olvidemos que fue otra víctima de la Guerra Civil, del nefasto Generalísimo) en ningún poemario sino en ediciones muy posteriores a su muerte de sus Poesías completas , no obstante en mi edición de las Obras Completas de Machado escribe Oreste Macrí lo siguiente: <<Machado leyó esta poesía un día, con emocionado acento, en ocasión excepcional, ante la multitud congregada en Plaza Castelar, en Valencia>>.
Las imágenes que aparecen son de Antonio Machado (la primera) y de César Vallejo (la segunda) en su época de vanguardia, de joven aunque bien pensado Vallejo, como Lorca o Miguel Hernández, nunca tuvo la oportunidad de dejar de ser joven.


Última edición por MOLIST el 10 Jul 2015 20:43, editado 1 vez en total.
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Re: Recomendando poesía...
Inventario de lugares propicios al amor
Son pocos.
La primavera está muy prestigiada, pero
es mejor el verano.
Y también esas grietas que el otoño
forma al interceder con los domingos
en algunas ciudades
ya de por sí amarillas como plátanos.
El invierno elimina muchos sitios:
Quicios de puertas orientadas al norte,
orillas de los ríos,
bancos públicos.
Los contrafuertes exteriores
de las viejas iglesias
dejan a veces huecos
utilizables aunque caiga nieve.
Pero desengañémonos: las bajas
temperaturas y los vientos húmedos
lo dificultan todo.
Las ordenanzas, además, proscriben
la caricia ( con exenciones
para determinadas zonas epidérmicas
-sin interés algunos-
en niños, perros y otros animales)
y el <no tocar, peligro de ignominia>
puede leerse en miles de miradas.
¿A dónde huir, entonces?
Por todas partes, ojos bizcos,
córneas torturadas,
implacables pupilas,
retinas reticentes,
vigilan, desconfían, amenazan.
Queda quizá el recurso de andar solo,
de vaciar el alma de ternura
y llenarla de hastío e indiferencia,
en un tiempo hostil, propicio al odio
Primer poema de Tratado de urbanismo de Ángel González.

Son pocos.
La primavera está muy prestigiada, pero
es mejor el verano.
Y también esas grietas que el otoño
forma al interceder con los domingos
en algunas ciudades
ya de por sí amarillas como plátanos.
El invierno elimina muchos sitios:
Quicios de puertas orientadas al norte,
orillas de los ríos,
bancos públicos.
Los contrafuertes exteriores
de las viejas iglesias
dejan a veces huecos
utilizables aunque caiga nieve.
Pero desengañémonos: las bajas
temperaturas y los vientos húmedos
lo dificultan todo.
Las ordenanzas, además, proscriben
la caricia ( con exenciones
para determinadas zonas epidérmicas
-sin interés algunos-
en niños, perros y otros animales)
y el <no tocar, peligro de ignominia>
puede leerse en miles de miradas.
¿A dónde huir, entonces?
Por todas partes, ojos bizcos,
córneas torturadas,
implacables pupilas,
retinas reticentes,
vigilan, desconfían, amenazan.
Queda quizá el recurso de andar solo,
de vaciar el alma de ternura
y llenarla de hastío e indiferencia,
en un tiempo hostil, propicio al odio
Primer poema de Tratado de urbanismo de Ángel González.

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Re: Recomendando poesía...
Pandémica y celeste
Imagínate ahora que tú y yo
muy tarde ya en la noche
hablemos hombre a hombre, finalmente.
Imagínatelo,
en una de esas noches memorables
de rara comunión, con la botella
medio vacía, los ceniceros sucios,
y después de agotado el tema de la vida.
Que te voy a enseñar un corazón,
un corazón infiel,
desnudo de cintura para abajo,
hipócrita lector -mon semblable,-mon frère!
Porque no es la impaciencia del buscador de orgasmo
quien me tira del cuerpo a otros cuerpos
a ser posible jóvenes:
yo persigo también el dulce amor,
el tierno amor para dormir al lado
y que alegre mi cama al despertarse,
cercano como un pájaro.
¡Si yo no puedo desnudarme nunca,
si jamás he podido entrar en unos brazos
sin sentir -aunque sea nada más que un momento-
igual deslumbramiento que a los veinte años !
Para saber de amor, para aprenderle,
haber estado solo es necesario.
Y es necesario en cuatrocientas noches
-con cuatrocientos cuerpos diferentes-
haber hecho el amor. Que sus misterios,
como dijo el poeta, son del alma,
pero un cuerpo es el libro en que se leen.
Y por eso me alegro de haberme revolcado
sobre la arena gruesa, los dos medio vestidos,
mientras buscaba ese tendón del hombro.
Me conmueve el recuerdo de tantas ocasiones…
Aquella carretera de montaña
y los bien empleados abrazos furtivos
y el instante indefenso, de pie, tras el frenazo,
pegados a la tapia, cegados por las luces.
O aquel atardecer cerca del río
desnudos y riéndonos, de yedra coronados.
O aquel portal en Roma -en vía del Balbuino.
Y recuerdos de caras y ciudades
apenas conocidas, de cuerpos entrevistos,
de escaleras sin luz, de camarotes,
de bares, de pasajes desiertos, de prostíbulos,
y de infinitas casetas de baños,
de fosos de un castillo.
Recuerdos de vosotras, sobre todo,
oh noches en hoteles de una noche,
definitivas noches en pensiones sórdidas,
en cuartos recién fríos,
noches que devolvéis a vuestros huéspedes
un olvidado sabor a sí mismos!
La historia en cuerpo y alma, como una imagen rota,
de la langueur goûtée à ce mal d’être deux.
Sin despreciar
-alegres como fiesta entre semana-
las experiencias de promiscuidad.
Aunque sepa que nada me valdrían
trabajos de amor disperso
si no existiese el verdadero amor.
Mi amor,
íntegra imagen de mi vida,
sol de las noches mismas que le robo.
Su juventud, la mía,
-música de mi fondo-
sonríe aún en la imprecisa gracia
de cada cuerpo joven,
en cada encuentro anónimo,
iluminándolo. Dándole un alma.
Y no hay muslos hermosos
que no me hagan pensar en sus hermosos muslos
cuando nos conocimos, antes de ir a la cama.
Ni pasión de una noche de dormida
que pueda compararla
con la pasión que da el conocimiento,
los años de experiencia
de nuestro amor.
Porque en amor también
es importante el tiempo,
y dulce, de algún modo,
verificar con mano melancólica
su perceptible paso por un cuerpo
-mientras que basta un gesto familiar
en los labios,
o la ligera palpitación de un miembro,
para hacerme sentir la maravilla
de aquella gracia antigua,
fugaz como un reflejo.
Sobre su piel borrosa,
cuando pasen más años y al final estemos,
quiero aplastar los labios invocando
la imagen de su cuerpo
y de todos los cuerpos que una vez amé
aunque fuese un instante, deshechos por el tiempo.
Para pedir la fuerza de poder vivir
sin belleza, sin fuerza y sin deseo,
mientras seguimos juntos
hasta morir en paz, los dos,
como dicen que mueren los que han amado mucho.
Poema perteneciente a Moralidades de Jaime Gil de Biedma.
Nota: He prescindido de la cita en latín de Catulo que antecede al poema.

Imagínate ahora que tú y yo
muy tarde ya en la noche
hablemos hombre a hombre, finalmente.
Imagínatelo,
en una de esas noches memorables
de rara comunión, con la botella
medio vacía, los ceniceros sucios,
y después de agotado el tema de la vida.
Que te voy a enseñar un corazón,
un corazón infiel,
desnudo de cintura para abajo,
hipócrita lector -mon semblable,-mon frère!
Porque no es la impaciencia del buscador de orgasmo
quien me tira del cuerpo a otros cuerpos
a ser posible jóvenes:
yo persigo también el dulce amor,
el tierno amor para dormir al lado
y que alegre mi cama al despertarse,
cercano como un pájaro.
¡Si yo no puedo desnudarme nunca,
si jamás he podido entrar en unos brazos
sin sentir -aunque sea nada más que un momento-
igual deslumbramiento que a los veinte años !
Para saber de amor, para aprenderle,
haber estado solo es necesario.
Y es necesario en cuatrocientas noches
-con cuatrocientos cuerpos diferentes-
haber hecho el amor. Que sus misterios,
como dijo el poeta, son del alma,
pero un cuerpo es el libro en que se leen.
Y por eso me alegro de haberme revolcado
sobre la arena gruesa, los dos medio vestidos,
mientras buscaba ese tendón del hombro.
Me conmueve el recuerdo de tantas ocasiones…
Aquella carretera de montaña
y los bien empleados abrazos furtivos
y el instante indefenso, de pie, tras el frenazo,
pegados a la tapia, cegados por las luces.
O aquel atardecer cerca del río
desnudos y riéndonos, de yedra coronados.
O aquel portal en Roma -en vía del Balbuino.
Y recuerdos de caras y ciudades
apenas conocidas, de cuerpos entrevistos,
de escaleras sin luz, de camarotes,
de bares, de pasajes desiertos, de prostíbulos,
y de infinitas casetas de baños,
de fosos de un castillo.
Recuerdos de vosotras, sobre todo,
oh noches en hoteles de una noche,
definitivas noches en pensiones sórdidas,
en cuartos recién fríos,
noches que devolvéis a vuestros huéspedes
un olvidado sabor a sí mismos!
La historia en cuerpo y alma, como una imagen rota,
de la langueur goûtée à ce mal d’être deux.
Sin despreciar
-alegres como fiesta entre semana-
las experiencias de promiscuidad.
Aunque sepa que nada me valdrían
trabajos de amor disperso
si no existiese el verdadero amor.
Mi amor,
íntegra imagen de mi vida,
sol de las noches mismas que le robo.
Su juventud, la mía,
-música de mi fondo-
sonríe aún en la imprecisa gracia
de cada cuerpo joven,
en cada encuentro anónimo,
iluminándolo. Dándole un alma.
Y no hay muslos hermosos
que no me hagan pensar en sus hermosos muslos
cuando nos conocimos, antes de ir a la cama.
Ni pasión de una noche de dormida
que pueda compararla
con la pasión que da el conocimiento,
los años de experiencia
de nuestro amor.
Porque en amor también
es importante el tiempo,
y dulce, de algún modo,
verificar con mano melancólica
su perceptible paso por un cuerpo
-mientras que basta un gesto familiar
en los labios,
o la ligera palpitación de un miembro,
para hacerme sentir la maravilla
de aquella gracia antigua,
fugaz como un reflejo.
Sobre su piel borrosa,
cuando pasen más años y al final estemos,
quiero aplastar los labios invocando
la imagen de su cuerpo
y de todos los cuerpos que una vez amé
aunque fuese un instante, deshechos por el tiempo.
Para pedir la fuerza de poder vivir
sin belleza, sin fuerza y sin deseo,
mientras seguimos juntos
hasta morir en paz, los dos,
como dicen que mueren los que han amado mucho.
Poema perteneciente a Moralidades de Jaime Gil de Biedma.
Nota: He prescindido de la cita en latín de Catulo que antecede al poema.

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Re: Recomendando poesía...
Y para terminar dos poemas más lúdicos del inicio del fin de la pesadilla que supuso la dictadura:
V
En las cabinas telefónicas
hay misteriosas inscripciones dibujadas con lápiz de labios.
Son las últimas palabras de las dulces muchachas rubias
que con el escote ensangrentado se refugian allí para mo-
rir.
Última noche bajo el pálido neón, último día bajo el sol
alucinante,
calles recién regadas con magnolias, faros amarillentos de
los coches patrulla en el amanecer.
Te esperaré a la una y media, cuando salgas del cine
-y a esta hora está muerta en el Déposito aquélla cuyo
cuerpo era un ramo de orquídeas.
Herida en los tiroteos nocturnos, acorralada en las esqui-
nas por los reflectores, abofeteada en los night-clubs,
Mi verdadero y dulce amor llora en mis brazos.
Una última claridad, la más delgada y nítida,
parece deslizarse de los locales cerrados:
esta luz que detiene a los transeúntes
y les habla suavemente de su infancia.
Músicas de otro tiempo, canción al compás de cuyas viejas
notas conocimos una noche a Ava Gadner,
muchacha envuelta en un impermeable claro que besamos
una vez en el ascensor, a oscuras entre dos pisos, y te-
nía los ojos muy azules, y hablaba siempre en voz
muy baja-se llamaba Nelly.
Cierra los ojos y escucha el canto de las sirenas en la noche
plateada de anuncios luminosos.
La noche tiene cálidas avenidas azules.
Sombras abrazan sombras en piscinas y bares.
En el oscuro cielo combatían astros
cuando murió de amor,
y era como si oliera muy despacio
un perfume.
Quinta sección del largo poema La muerte en Beverly Hills (1967) de Pere Gimferrer, la sección se inicia con una dedicatoria a Ángel González y todo el libro tiene como cita inicial un fragmento perteneciente a un Diccionario del Cine, puesto que el cine es un componente esencial de la poesía de Gimferrer, poeta que ejerció la crítica de cine en los años 60 en Film Ideal (y ocasionalmente en Nuestro Cine) y que has escrito dos espléndidos libros de cine: Cine y literatura y un olvidado (y soberbio) repaso al cine fantástico publicado en la Enciclopedia Salvat del Cine que se escribió en los años 70 y en la cual colaboraron críticos españoles y extranjeros (Guarner escribió sobre la Comedia y Cine Romántico, Ángel Fernádez Santos y Francisco Llinas sobre el western, Santos Fontenla sobre el musical, Gubern sobre el cine de aventuras…
Discurso del método
En este poema se evitará dentro de lo posible, teniendo en cuenta las acreditadas nociones de «irracionalidad” y «espontaneidad» consideradas propias de esta profesión, usar o mencionar términos inmediatamente reconocibles como pertenecientes al repertorio de la Lingüística; sise los usa será:
a) Sujetándose a hacerlo de manera asistemática, lo que se justifica en razón de que quien pueda leerlos en su verdadero sentido tendrá igualmente presente su contexto;
b) admitiendo que en su valor operativo para los efectos de este poema es fácil que tengan, en la Estética tradicional o en el habla común, equivalentes adecuados-
de este modo
se evitará la acusación de cientifismo y otras parecidas
y no resultará el texto mermado en su potencialidad poética
-aunque toda terminología especializada adquiere, por su sentido arcano
y supuestamente preciso, un valor poético.
La carga poética resulta de la imprevisibilidad,
o dicho de otro modo: de la articulación dudosa
entre el plano de la expresión y el plano del contenido,
entre dos límites: la univocidad del significado,
que funde ambos planos en uno; y la completa incertidumbre
que produce un mensaje caótico.
Llamaremos al primer vicio poesía de combate
o de algún otro modo igualmente heroico;
y al segundo no le daremos nombre: pensaremos en Artaud
y tonterías como L’absurde me marchait sur les pieds, etcétera.
Cuando hayamos aprendido a evitar ambos vicios
recapacitaremos: cómo la mente humana
gusta de contemplar alternativamente lo concreto y lo abstracto
como antídoto a la hipóstasis de conceptos generales,
y así concebiremos dos tipos de poema: uno «sintético»
fundado en la generalidad y el lenguaje que le es propio,
y que este libro llama «variación»-
otro «analítico» que explicita el detalle y arroja luz
sobre la variación; lo llamamos «figura».
Esta doble articulación de la expresión poética
es la llamada Escala de Osiris por el Neoplatonismo florentino.
Primer poema del libro de Guillermo Carnero Variaciones y figuras sobre un tema de La Bruyère.
En las fotos el primero es Gimferrer y el segundo Carnero.


V
En las cabinas telefónicas
hay misteriosas inscripciones dibujadas con lápiz de labios.
Son las últimas palabras de las dulces muchachas rubias
que con el escote ensangrentado se refugian allí para mo-
rir.
Última noche bajo el pálido neón, último día bajo el sol
alucinante,
calles recién regadas con magnolias, faros amarillentos de
los coches patrulla en el amanecer.
Te esperaré a la una y media, cuando salgas del cine
-y a esta hora está muerta en el Déposito aquélla cuyo
cuerpo era un ramo de orquídeas.
Herida en los tiroteos nocturnos, acorralada en las esqui-
nas por los reflectores, abofeteada en los night-clubs,
Mi verdadero y dulce amor llora en mis brazos.
Una última claridad, la más delgada y nítida,
parece deslizarse de los locales cerrados:
esta luz que detiene a los transeúntes
y les habla suavemente de su infancia.
Músicas de otro tiempo, canción al compás de cuyas viejas
notas conocimos una noche a Ava Gadner,
muchacha envuelta en un impermeable claro que besamos
una vez en el ascensor, a oscuras entre dos pisos, y te-
nía los ojos muy azules, y hablaba siempre en voz
muy baja-se llamaba Nelly.
Cierra los ojos y escucha el canto de las sirenas en la noche
plateada de anuncios luminosos.
La noche tiene cálidas avenidas azules.
Sombras abrazan sombras en piscinas y bares.
En el oscuro cielo combatían astros
cuando murió de amor,
y era como si oliera muy despacio
un perfume.
Quinta sección del largo poema La muerte en Beverly Hills (1967) de Pere Gimferrer, la sección se inicia con una dedicatoria a Ángel González y todo el libro tiene como cita inicial un fragmento perteneciente a un Diccionario del Cine, puesto que el cine es un componente esencial de la poesía de Gimferrer, poeta que ejerció la crítica de cine en los años 60 en Film Ideal (y ocasionalmente en Nuestro Cine) y que has escrito dos espléndidos libros de cine: Cine y literatura y un olvidado (y soberbio) repaso al cine fantástico publicado en la Enciclopedia Salvat del Cine que se escribió en los años 70 y en la cual colaboraron críticos españoles y extranjeros (Guarner escribió sobre la Comedia y Cine Romántico, Ángel Fernádez Santos y Francisco Llinas sobre el western, Santos Fontenla sobre el musical, Gubern sobre el cine de aventuras…
Discurso del método
En este poema se evitará dentro de lo posible, teniendo en cuenta las acreditadas nociones de «irracionalidad” y «espontaneidad» consideradas propias de esta profesión, usar o mencionar términos inmediatamente reconocibles como pertenecientes al repertorio de la Lingüística; sise los usa será:
a) Sujetándose a hacerlo de manera asistemática, lo que se justifica en razón de que quien pueda leerlos en su verdadero sentido tendrá igualmente presente su contexto;
b) admitiendo que en su valor operativo para los efectos de este poema es fácil que tengan, en la Estética tradicional o en el habla común, equivalentes adecuados-
de este modo
se evitará la acusación de cientifismo y otras parecidas
y no resultará el texto mermado en su potencialidad poética
-aunque toda terminología especializada adquiere, por su sentido arcano
y supuestamente preciso, un valor poético.
La carga poética resulta de la imprevisibilidad,
o dicho de otro modo: de la articulación dudosa
entre el plano de la expresión y el plano del contenido,
entre dos límites: la univocidad del significado,
que funde ambos planos en uno; y la completa incertidumbre
que produce un mensaje caótico.
Llamaremos al primer vicio poesía de combate
o de algún otro modo igualmente heroico;
y al segundo no le daremos nombre: pensaremos en Artaud
y tonterías como L’absurde me marchait sur les pieds, etcétera.
Cuando hayamos aprendido a evitar ambos vicios
recapacitaremos: cómo la mente humana
gusta de contemplar alternativamente lo concreto y lo abstracto
como antídoto a la hipóstasis de conceptos generales,
y así concebiremos dos tipos de poema: uno «sintético»
fundado en la generalidad y el lenguaje que le es propio,
y que este libro llama «variación»-
otro «analítico» que explicita el detalle y arroja luz
sobre la variación; lo llamamos «figura».
Esta doble articulación de la expresión poética
es la llamada Escala de Osiris por el Neoplatonismo florentino.
Primer poema del libro de Guillermo Carnero Variaciones y figuras sobre un tema de La Bruyère.
En las fotos el primero es Gimferrer y el segundo Carnero.


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Re: Recomendando poesía...
Hola MOLIST, al menos para mí lo mejor de Lorca está en Poeta en Nueva York, en este poemario el granadino entronca con otro de los grandes de nuestras letras, con Neruda y su Residencia en la tierra, ambos libros figuras capitales del surrealismo.
De Machado quizás sea Campos de Castilla el libro que más me interesa, aunque como en todo gran poeta en cada uno de sus libros hay admirables poemas repartidos.
En Campos de Castilla creo que está lo mejor de su obra: Del pasado efímero, Llanto de las virtudes y coplas por la muerte de don Guido, Retrato y el poema suyo que prefiero:
POR TIERRAS DE ESPAÑA
El hombre de estos campos que incendia los pinares
y su despojo aguarda como botín de guerra,
antaño hubo raído los negros encinares,
talado los robustos robledos de la sierra.
Hoy ve a sus pobres hijos huyendo de sus lares;
la tempestad llevarse los limos de la tierra
por los sagrados ríos hacia los anchos mares;
y en páramos malditos trabaja, sufre y yerra.
Es hijo de una estirpe de rudos caminantes,
pastores que conducen sus hordas de merinos
a Extremadura fértil, rebaños trashumantes
que mancha el polvo y dora el sol de los caminos.
Pequeño, ágil, sufrido, los ojos de hombre astuto,
hundidos, recelosos, movibles; y trazadas
cual arco de ballesta, en el semblante enjuto
de pómulos salientes, las cejas muy pobladas.
Abunda el hombre malo del campo y de la aldea,
capaz de insanos vicios y crímenes bestiales,
que bajo el pardo sayo esconde un alma fea,
esclava de los siete pecados capitales.
Los ojos siempre turbios de envidia o de tristeza,
guarda su presa y llora la que el vecino alcanza;
ni para su infortunio ni goza su riqueza;
le hieren y acongojan fortuna y malandanza.
El numen de estos campos es sanguinario y fiero:
al declinar la tarde, sobre el remoto alcor,
veréis agigantarse la forma de un arquero,
la forma de un inmenso centauro flechador.
Veréis llanuras bélicas y páramos de asceta
—no fue por estos campos el bíblico jardín—:
son tierras para el águila, un trozo de planeta
por donde cruza errante la sombra de Caín.
De Machado quizás sea Campos de Castilla el libro que más me interesa, aunque como en todo gran poeta en cada uno de sus libros hay admirables poemas repartidos.
En Campos de Castilla creo que está lo mejor de su obra: Del pasado efímero, Llanto de las virtudes y coplas por la muerte de don Guido, Retrato y el poema suyo que prefiero:
POR TIERRAS DE ESPAÑA
El hombre de estos campos que incendia los pinares
y su despojo aguarda como botín de guerra,
antaño hubo raído los negros encinares,
talado los robustos robledos de la sierra.
Hoy ve a sus pobres hijos huyendo de sus lares;
la tempestad llevarse los limos de la tierra
por los sagrados ríos hacia los anchos mares;
y en páramos malditos trabaja, sufre y yerra.
Es hijo de una estirpe de rudos caminantes,
pastores que conducen sus hordas de merinos
a Extremadura fértil, rebaños trashumantes
que mancha el polvo y dora el sol de los caminos.
Pequeño, ágil, sufrido, los ojos de hombre astuto,
hundidos, recelosos, movibles; y trazadas
cual arco de ballesta, en el semblante enjuto
de pómulos salientes, las cejas muy pobladas.
Abunda el hombre malo del campo y de la aldea,
capaz de insanos vicios y crímenes bestiales,
que bajo el pardo sayo esconde un alma fea,
esclava de los siete pecados capitales.
Los ojos siempre turbios de envidia o de tristeza,
guarda su presa y llora la que el vecino alcanza;
ni para su infortunio ni goza su riqueza;
le hieren y acongojan fortuna y malandanza.
El numen de estos campos es sanguinario y fiero:
al declinar la tarde, sobre el remoto alcor,
veréis agigantarse la forma de un arquero,
la forma de un inmenso centauro flechador.
Veréis llanuras bélicas y páramos de asceta
—no fue por estos campos el bíblico jardín—:
son tierras para el águila, un trozo de planeta
por donde cruza errante la sombra de Caín.


