Los tres Renoir y sus cinco películas

El pintor, la modelo-actriz y el director de cine

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PanchoVertigen
 
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Los tres Renoir y sus cinco películas

Mensaje por PanchoVertigen » 31 May 2013 12:20

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La verdad es que no sabía donde publicar esto aquí, para comunicar al respetable público que me he tomado la molestia de poner a disposición de los cinéfilos de habla hispana unos nuevos subtítulos, que hallará en los lugares habituales de descarga.

Para los que pensaban que la censura se había acabado en España, RENOIR es una deliciosa producción francesa, que se estrenó hace un año en el Festival de Cannes y aquí en SOBRESUELDOLANDIA ni está ni se la espera.

La película que, para nada es una obra maestra, sí que en cambio es imprescindible para alguien que ame a un tiempo la pintura y el cine, porque la familia Renoir viene a ser en Francia algo equivalente a la familia Bach en Alemania.
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Los tres Renoir que aparecen son el pintor Pierre Auguste Renoir, su hijo Jean director de cine y Dédé Renoir, modelo del pintor primero y luego amante, esposa y actriz protagonista del segundo, con el nombre de Catherine Hessling. Una película que no nos merecemos, teniendo como tenemos Resacones en Las Vegas Rápidos y Furiosos, mucho más importantes.

Como anuncio en FB esta película se ofrece este fin de semana en preestreno en el acreditado Cine Wert de la Calle Génova. Todos mis amig@s están cordialmente invitad@s y puede recoger el "sobre" con las invitaciones en el Bar Cenas de la misma calle.

Después de la proyección, les recomiendo ver en sus casas las películas de Jean Renoir con su amada Dédé, guapa chica pero infortunada actriz. Por eso, su matrimonio acabó como la guerra de Troya, aunque la muerte vino a buscarlos al mismo tiempo.

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01:47:42,022 --> 01:47:45,522
Al volver de la guerra, Jean se casó con
Andrée, dedicándose ambos al cine.

876
01:47:45,743 --> 01:47:49,243
Ella sería su actriz fetiche, bajo el
nombre de Catherine Hessling,

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01:47:49,464 --> 01:47:52,964
...hasta la brutal separación de la pareja en
1931, que interrumpió la carrera de la actriz.

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01:47:53,185 --> 01:47:56,385
Jean Renoir, en cambio, se convirtió en
un célebre cineasta, en todo el mundo.

879
01:47:56,606 --> 01:48:00,106
Ambos murieron el mismo año: 1979.
Ella en el olvido y anonimato;

880
01:48:00,327 --> 01:48:03,327
...él en Hollywood, cubierto
de honores.


Éstas son las cinco películas de la pareja:

Catherine 1924

La fille de l’eau 1925

Nana 1926

Sur un air de Charleston 1927

La petite marchante d’allumettes 1928
Última edición por PanchoVertigen el 13 Jun 2013 12:29, editado 2 veces en total.
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Re: Los tres Renoir ni en cines, ni en radio ni en TV

Mensaje por Lari » 31 May 2013 13:17

Dejo los enlaces a las fichas en Filmaffinity y en IMDb:

http://www.filmaffinity.com/es/film541153.html

http://www.imdb.com/title/tt2150332/?ref_=sr_1


Gracias Vértigo, personalmente estoy muy interesada :hi:

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Re: Los tres Renoir ni en cines, ni en radio ni en TV

Mensaje por gatatitania » 31 May 2013 16:15

Pues la buscaré por ahí, porque los tres personajes son fascinantes. A quien quiera profundizar un poquito más en la familia, le recomiendo el libro que escribió Jean Renoir sobre su padre Auguste, mitad biografía, mitad autobiografía y uno de los más hermosos y entrañables homenajes que un hijo pueda hacer a su padre.

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Re: Los tres Renoir ni en cines, ni en radio ni en TV

Mensaje por PanchoVertigen » 02 Jun 2013 10:54

CATHERINE, UNE VIE SANS JOIE (1924)
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Como podemos ver en la película RENOIR, (de la que por cierto me olvidé de decir que está basada en una narración de Jacques Renoir, biznieto del pintor, que usa información sacada de los archivos de la familia) es Dedée, quien convencerá a Jean Renoir para que se dedique al cine

Esa jovencita de 15 años, que se ofrece como modelo del pintor Pierre-Auguste Renoir se llama en realidad, Andrée Madeline Heuschling Hessling y adoptará el nombre artístico de Catherine Hessling.

El serio Jean Renoir viendo posar a Dedée se enamorara locamente de ella y decidirá convertirla en la protagonista de sus películas. Pero los Pigmaliones al estilo de Charles Foster Kane, puede hacer que todo sea posible, menos lo imposible. En el caso de su bella “Rosebud” Susan que cante y en el caso de Dedée Catherine que no dé el cante como actriz.
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Porque nadie que la rubia rojiza muchacha era bella, tenía un cuerpo seductor, una piel tan suave como para pasarse la eternidad acariciándola y unos ojos para perderse en el abismo de su cristalino. Pero de ahí a querer ser una Lilian Gish mediaba un trecho. Jean y Dedée se habían casado en 1920, justo un mes después de morir el padre y suegro pintor. Jean Renoir, siguió los consejos de ella y fue vendiendo cuadros del legado familiar para producir sus películas.

La primera de ellas se llamo CATHERINE, en honor al nombre artístico de la protagonista. Alguien- un falso amigo- le sugirió añadir al título el cursilísimo UNA VIDA SIN ALEGRÍA. Pero Jean acaba de cumplir 30 años y necesitaba alguien que le ayudara a dirigir el proyecto. Y éste no fue otro que el actor y poco experimentado director Albert Dieudonné (1889-1976), quien también intervenía como actor. No olvidemos que luego fue el Napoleón de Abel Gance.
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La codirección no era un hecho raro, ni entonces ni después, Fellini comenzó codirigiendo con Lattuada, Bardem con Berlanga, etc. Lo cierto es que, después del estreno, ambos se pelearon por la paternidad y yo apostaría que los méritos artísticos de la película, especialmente la increíble escena final del tranvía desbocado, es merito de un Jean Renoir, que también quiso aparecer en la película.
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Como en otras películas posteriores suyas, Renoir tiene especial interés en describir las relaciones entre amos y sirvientes, con una inclinación nunca disimulada por estos últimos. Dando un especial énfasis a la descripción de la hipocresía reinante en la clase social alta. Catherine es una chica trabajadora, que se verá continuamente humillada por su patrona. Todo dentro de la más pura ortodoxia melodramática, que se verá brillantemente interrumpida por esa secuencia del tranvía, que desciende sin freno montaña abajo, en uno de los mejores momentos de acción de toda la cinematografía de Renoir. Sin duda, la influencia de las largas sesiones de cine americano que se tenían en la casa del pintor, marcaron ese deseo de imitación e incluso superación en el realizador francés.
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Para algunos críticos es también muy destacable la secuencia onírica de la protagonista, que la verdad a mi me deja bastante frío. Debe ser que aún no ha comenzado el verano.

¿Y Dedée, digo Catherine? Comme ci comme ça o sea ni fu ni fa. Pero seguiremos viendo sus siguientes películas. Aquí está el enlace de descarga del ilustre satantango
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Re: Los tres Renoir ni en cines, ni en radio ni en TV

Mensaje por Monsieur Lange » 02 Jun 2013 22:59

Imposible acudir al Bar Cenas STOP Última vez que acudí me sacaron por la ventana del sexto que da al patio STOP Agradecería, querido vertigen, privado con invitaciones a la peli con subtítulos STOP :hi:
"Esos chicos …/… hablando de los años veinte a veinticinco, revolviendo unos con otros como si todos fuesen unos .../… como si hubieran sido todos de la misma tertulia"
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Re: Los tres Renoir ni en cines, ni en radio ni en TV

Mensaje por PanchoVertigen » 05 Jun 2013 10:50

CATHERINE, UNE VIE SANS JOIE (1925)
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Voy a dejar que sea el propio Jean Renoir quien comente esta película, que le trajo muchos dolores de cabeza, por el rechazo del público y la incomprensión de la crítica. Los palos también se la llevo la sensual y carnosa modelo de su pintor padre, convertida ahora en esposa y protagonista de las películas, que por otra parte se seguían financiando con la venta de los cuadros heredados.
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“La Joven del agua” nació en 1924 de la extraña asociación entre Catherine Hessling y el bosque de Fontainebleau. Entonces, yo era propietario de una casa en Marlotte, en la ladera del boque. Catherine y yo descubrimos el encanto de este paisaje misterioso. Por eso, los árboles de Fontainebleau no constituyen un decorado, sino una turbadora realidad Sobre todo las hayas, con sus troncos erguidos, que se elevan por el bosque azulando la luz. Uno creería estar en el fondo del mar, en medio de mástiles de navíos que han naufragado.
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El argumento que escribimos Lestringuez y yo no tenía cualidades literarias; pretendía sólo resaltar las cualidades plásticas de Catherine Hessling. La magia del bosque de Fontainebleau nous ayudó. La intriga de la trama ocupaba sólo un segundo plano de nuestras preocupaciones. Era sólo un pretexto y sólo tenía un valor puramente visual.
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Con esta película de reducido presupuesto, no pretendía llamar la atención del mercado cinematográfico. La habría incluso dado gratis a los que quisieran proyectarla. La historia que contaba no podía molestar a nadie. Trataba sobre las desgracias de una joven huérfana, hija de un marinero, que huía de la inquina que le tenían los habitantes del pueblo y de la persecución de su infame tío, que quería violarla. Para huir de todos ellos se refugiaba en un bosque, donde tenía el sueño de una mujer, que cabalga sobre un caballo blanco. Pero, fuera por lo que fuera, LA JOVEN DEL AGUA fue rechazada unánimemente por todos los representantes de la profesión cinematográfica”. Jean Renoir. MI VIDA Y MIS PELÍCULAS
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Hoy en día la crítica actual, aprovechando que el directo ya está muerto, habla muy bien der esta segunda película de Renoir (primera dirigida sólo por él) como mejor que la anterior. A mí me parece un dramón, salvado por el valor de esas imágenes pictóricas de los bosques. En cuanto a Dedée, Catherine (aquí llamada Gudule, como la santa patrona de Bruselas), ni fu ni fa ni sol... El enlace de descarga de la peli aquí:
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Re: Los tres Renoir ni en cines, ni en radio ni en TV

Mensaje por PanchoVertigen » 09 Jun 2013 18:27

NANA (1926)
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Nana es una de las obras más representativas del escritor Émile Zola, autor francés del siglo XIX, padre y mayor exponente del movimiento naturalista. Esta novela pertenece a la serie Les Rougon-Macquart, conjunto que agrupa 20 obras de este autor, de las cuales las más destacadas son La Bestia Humana, Germinal y Nana, que fue publicada en 1880. Su título hace referencia al apelativo que se le da a la protagonista, Anne Copeau, descendiente de la línea familiar de los Macquart, perteneciente a la rama bastarda de la familia, quien se verá influenciada por las taras y defectos de la herencia genética. Y este personaje, pese a ser de ficción, tuvo su reflejo en la cultura francesa, en pinturas como esta famosísima Nana de Manet
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La novela de Zola, como muchas suyas, ha sido llevada al cine al menos una decena de veces. Esta versión de Renoir es la segunda y uno, al verla, se pregunta que pretendía el realizador con ella, además de dilapidar la fortuna pictórica que le había legado su padre. ¿Quería darle a Dedée una prueba de fuego o humillarla de una vez por todas? Porque ya desde los primeros fotogramas todo parece estar muy claro.
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“Una chica mona, sin voz ni talento, ídolo del Boulevard” ¿Se está refiriendo a Nana o a Catherine Hessling? Porque tengamos en cuenta que el intertítulo lo redacta el director cuando la película (que, por cierto tiene hasta un final alternativo) se ha acabado de rodars y Renoir era consciente de que la muchachita de piel tan dulce, en la que se reflejaba la luz, no irradia en la pantalla el mismo atractivo que en el lienzo de su padre.
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En fin que, siendo sincero y sólo expresando una opinión personal que puede estar equivocada, he de decir que la película desilusiona, especialmente si uno es buen lector de Zola y que condena al espectador a dos horas y media de tortura catherinesca. Pero, como confesaba Jean Renoir en 1949 al crítico André Bazin: “He cometido muchos errores en mi vida de realizador, pero no me arrepiento de ellos, y aún habré de cometer otros, porque siempre es necesario buscar, buscar… No quiero ser un pontífice de cierta época del cine, instalado en sus fórmulas”. Por eso, si nos olvidamos de la protagonista hay que reconocer que visualmente tiene momentos magníficos, como ese del can-can en el que el maestro anticipará una película suya, esta vez sí con una gran actriz, María Félix.
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Tampoco hay que olvidarse del exquisito cuidado que el hijo del pintor presta a los decorados y escenarios en todo momento y en los que cuenta con la ayuda de quien sería pocos años después un buen realizador del cine francés, Claude Autant-Lara. En esos bellos momentos- y acordándose de FRENCH CANCAN o THE RIVER y de la protagonista, uno no lamenta sino agradece que la película sea muda. Lo que lamenta es que sea en blanco y negro.
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No hace falta decir que la película arruinó a Jean Renoir, quien tuvo que deshacerse del patrimonio pictórico de su padre. Pero, eso no iba a detener a un hombre, que había sobrevivido a la Gran Guerra, perdiendo casi una pierna en el intento. Lo que cmenzó a verse comprometido fue su matrimonio, pero ésa es otra historia...y posterio. El ripeo de David Holm puede descargarse aquí:
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Re: Los tres Renoir ni en cines, ni en radio ni en TV

Mensaje por PanchoVertigen » 13 Jun 2013 13:00

SUR UN AIR DE CHARLESTON (1927)
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En el año 2028, un misterioso explorador africano aterriza con su aeronave en "Terra Incognita". Allí conocerá a una encantadora joven nativa que va siempre acompañada de un chimpancé, la cual le introducirá en los entresijos del baile de la selva: el charlestón.
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Ésta es la extraña historia del filme, una perfecta excusa para mostrar a esa nativa bailarina afrancesada (Dedée, Mme. Renoir o si prefieren Catherine Hessling) bailando el charlestón alocadamente, hacia delante, hacia atrás, a cámara rápida y cámara lenta, mientras el sorprendido explorador africano (Johnny Huggings), un actor de color caracterizado de negro, con la cara pintada y con guantes, aprende rápidamente eso extraños movimientos de baile "occidentales".
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Obviamente el mediometraje es un inofensivo y encantador divertimento privado, hecho con el único propósito de mostrar los talentos danzantes de Dedée, quien desde luego parece estar más dotada para la comedia que para el drama. El bueno de François Truffaut definió esta película como "una orgía de piernas y entrepiernas de una bailarina en slip y con corsé entreabierto". No le falta razón.
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De todos modos, no conviene olvidar que como podemos ver en la película autobiográfica citada al comienzo del hilo, Jean Renoir compraba los rollos de película a granel. Por eso, con el material sobrante de "Nana", quiso hacer este homenaje a Georges Meliès y, a la vez, a los locos años veinte americanos del charlestón y del jazz. Estados Unidos le atraía y allí no sólo filmaría algunas grandes películas suyas, sino que incluso pasaría los últimos años de su vida. Y quiso aparecer aquí, junto a su equipo técnico, como los ángeles.
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Nando 2 nos facilitó aquí, hace años, el siguiente enlace de descarga:
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Re: Los tres Renoir ni en cines, ni en radio ni en TV

Mensaje por PanchoVertigen » 16 Jun 2013 11:13

LA PETITE MARCHANDE D'ALLUMETTES (1928)
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Una pequeña, desamparada e insignificante jovencita vende cerillas en medio del frío y la nieve invernales. Su única vía de escape y felicidad posibles serán las que le ofrezca un sueño en puertas de la muerte. Adaptación de un conocido cuento de Hans Christian Andersen en pocos minutos de duración repletos de poesía visual.
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Se suele considerar a La Cerillerita como un filme féerico y se le sitúa dentro del vanguardismo francés. Si esta opinión es cierta históricamente, no lo es desde un punto de vista estético. Mas exactamente, La Cerillerita es una incursión del realismo de Renoir en los temas y las técnicas de la vanguardia. El encanto siempre radiante de esta pequeña obra se percibe claramente hoy día: se debe al realismo de su fantasía. La ingenua curiosidad de Renoir por los trucajes, el placer casi sensual que le proporciona la originalidad de esas imágenes mágicas son la causa de la verdadera poesía de la película en mucha mayor medida que el cuento de Andersen
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Aun cuando procuraba de ordinario camuflar el trucaje, disimular por el flou fotográfico la imperfeción de las maquetas o de los maquillajes, Renoir no dudaba, por el contrario, en mostrar un primer plano y con la nitidez de la imagen al figurante bajo la máscara de cartón del soldado de madera o a la actriz que representaba a las muñecas de porcelana. No existían, por tanto, diferencias en la escala de los objetos, en las ilusiones de la perspectiva que Renoir no consideraba como un componente de la imagen, como una cualidad tangible del espacio..
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Ésta es la última aparición de Catherine Hessling en el cine de Jean Renoir. Ella continuaría su carrera, ya a comienzos del cine sonoro, llegando a trabajar con directores como Pabst y actores como Jean Gabin, para abandonar definitivamente el cine en 1935, interpretando un papel secundario en el CRIMEN Y CASTIGO de Pierre Chenal. Su matrimonio con Jean Renoir, que le había dado un hijo, acabó legalmente en 1943, pero desde 1930 vivieron separados.

El enlace de descarga de satantango, contiene una amplia y valiosa documentación sobre Renoir publicada por el genial bluegardenia en DivxClásico y de la que he utilizado algunos textos:
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Re: Los tres Renoir y sus cinco películas

Mensaje por PanchoVertigen » 16 Jun 2013 11:50

DE DEDÉE A CATHERINE O DE LA TELA DEL PINTOR A LA PELÍCULA DEL REALIZADOR
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1910
"Dichoso aquel que lo ignora todo sobre cine y se contenta con admirar las películas de los otros. Resulta relajante si no ha probado la fruta prohibida. El cine me ha proporcionado muchas decepciones, muchos sinsabores, pero las alegrías que le debo sobrepasan ampliamente las miserias. Si tuviese que empezar de nuevo, haría cine. Conocí a la futura Catherine Hessling durante un permiso que pasé en las Collettes, la casa de mis padres, cercana a Niza. Por entonces se llamaba Dédée. Era el último regalo que mi madre antes de morir le hizo a mi padre. Soñaba con una modelo rubia para sus grandes bañistas, y mi madre la buscó en la Academia de Pintura de Niza. Allí descubrió a Dédée. Poco después murió de diabetes, según los médicos. Yo sabía que había muerto de la impresión que le produjo un viaje al frente, donde fui herido gravemente y me trasladaron a un hospital muy próximo a las líneas de batalla.

Dédée venía en tranvía desde Niza todas las mañanas, salvo los domingos. Su aparición era como un toque de varita mágica. La muerte de mi madre había sumido la casa y sus habitantes en una atmósfera siniestra. Mi madre, a pesar de su corpulencia, era la vivacidad en persona. En torno a ella todo se iluminaba. Mientras vivía, las Collettes podían ser consideradas un símbolo de apacible felicidad. Con ella se fue la alegría. La llegada de Dédée a casa la devolvió. Dédée adoraba a mi padre y él sabía agradecérselo. Por la mañana llenaba de alegría el taller donde Renoir la esperaba. Mientras se preparaba para posar, cantaba a pleno pulmón alguna tonadilla de la calle. Aquello fascinaba a Renoir, para quien una casa sin cantos era una tumba. Después de la muerte de mi padre, me casé con Dédée. La pasión común que teníamos por el cine tuvo una gran importancia en la decisión de unir nuestras dos existencias. Cuando tomó la resolución de dedicarse al cine, pensamos que debía adoptar un seudónimo. Elegimos Catherine Hessling, ya no recuerdo por qué razón.

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1911


Mi padre soñaba con verme dedicado a la cerámica. Había mandado instalar para mi hermano pequeño Claude, el «Coco» de los cuadros, y para mí, un taller y un horno, en una vieja casa cercana a la nuestra. Dédée, por supuesto, pertenecía al grupo. Ella le parecía a Renoir muy capaz, y deseaba vemos trabajar juntos modelando y decorando objetos útiles. No creía en los oficios en los que la «mano» no tiene ninguna función. Desconfiaba de los intelectuales: «Envenenan el mundo. N o saben ver ni escuchar, ni tocar.» En aquel empeño, a Dédée y a mí se nos unió el pintor Albert André y su mujer, Maleck. Albert André había sido como un hijo más para mi padre. De acuerdo con el deseo de Renoir, lo hacíamos todo con nuestras manos. Íbamos a buscar la arcilla a los campos en los que la tierra nos parecía especialmente grasa. Mezclábamos esta tierra con la arena que traíamos de la orilla de un arroyo. Luego venía el torneado. Nuestro torno era el modelo antiguo, accionado a pie. La cocción se realizaba en. un horno de leña. Cada cocción requería unas diez horas. Por la noche, mientras vigilábamos la temperatura del interior del horno por un agujerito que habíamos hecho en la puerta, escuchábamos discos y comíamos «pissalat». Ese plato tradicional de Provenza se hace a base de anchoas machacadas en aceite de oliva. Lo esencial de aquellas comidas era el pan, un buen pan de campo, de centeno, y el vino, hecho con uva de nuestra propia viña.

Ya de casados, Dédée y yo vivimos algunos años en las Collettes. Allí nació nuestro hijo Alain. Allí conocí a Pierre Champagne. Allí también conocí al escritor Basset, que por entonces vivía en Niza y que me hizo descubrir a Dostoievski. Con aquel afable genio penetraba en un nuevo dominio. Veía príncipes Muichkine en cada esquina de la calle. La vida de Basset estaba marcada con citas de Raskolnikoff. Se había puesto el sobrenombre de Dimitri, en honor del protagonista de «Los hermanos Karamazov». Bautizó con el nombre de Grouchenka a su perrita, una fox-terrier muy buena, perfecta expresión de la paz burguesa, y absolutamente inconsciente de lo que podía evocar el nombre con que su amo la había gratificado. Basset influyó enormemente en mí. Él me introdujo en la grandeza de Dostoievski. Nuestro amor por el cine había de llevamos fatalmente, tanto a Dédée como a mí, a introducimos en la profesión. Dédée era muy guapa, de una belleza insólita. Se lo decían por todas partes y le resultaba dificil ignorado. Íbamos casi todos los días al cine, y habíamos acabado por vivir en ese mundo irreal de las películas americanas. Añadamos que Dédée pertenecía a la misma categoría femenina que las stars, cuyas apariciones en la pantalla íbamos a ver regularmente. Dédée copiaba sus gestos y se vestía como ellas. En la calle la gente la paraba para preguntade si la habían visto en talo cual película, evidentemente americana. Para nosotros, el cine francés no contaba. De ahí a creer que a Dédée le bastaría dejarse ver en la pantalla para ser aceptada como una Gloria Swanson, una Mae Murray, o una Mary Pickford, no había más que un paso. Le pedí a mi amigo Pierre Lestringuez, que era escritor, y tenía contactos en el cine, que ayudara a mi mujer a franquear aquel mundo. Yo estaba muy decidido a ocuparme de la empresa únicamente en el aspecto financiero. Aquello estaba destinado a la catástrofe.

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1915


Insisto en el hecho de que sólo puse los pies en el cine con la esperanza de hacer de mi mujer una vedette. Una vez conseguido el objetivo, tenía la intención de volver a mi taller de cerámica. Ni siquiera sospechaba que, envuelto en el engranaje, me sería imposible salir de él. Si me hubieran dicho entonces que dedicaría mi dinero y toda mi energía a hacer películas, me habrían dado un buen susto. Como las historias presentadas por Lestringuez no eran del agrado de Catherine, creé yo mismo un breve guión en el que se reflejaba toda mi admiración por las películas americanas. Catherine interpretaba el papel de la joven inocente perseguida por un malvado. Espero que no quede rastro alguno de aquella pequeña obra maestra de la banalidad. Albert Dieudonné, el Napoleón de Abel Gance, aceptó dirigida. Fue un fracaso completo. Aquella película, orgullosamente titulada Catherine, nunca fue proyectada en el cine. No tenía ninguna pretensión de tipo artístico, pero, a pesar de todo, me sentí decepcionado. Debo reconocer que Dieudonné había hecho todo lo posible por mantenerme en los límites de lo razonable. No hay peor sordo que el que no quiere oír.

El demonio de la dirección estaba en mí y debía manifestarse sin que pudiese ofrecer resistencia. Tenía necesidad de expresarme a través de mis propios productos, ya fuesen jarrones de loza o películas. Catherine y yo decidimos lanzamos a una nueva aventura: LA FILLE DE L'EAU. Más tarde, recordaría muchas veces con nostalgia la calma de la vida en las Collettes, bajo los grandes olivos, y el buen aroma del fuego de leña que acompañaba nuestros trabajos. Dédée, abrazada a mí, miraba las estrellas. Juntos nos dejábamos llevar por la embriaguez de la contemplación de cielos inmaculados. En París, pocas veces se miran las estrellas. El cine, para Catherine y para mí, era un medio de expresión que merecía tener vida propia. La función de difusor de obras literarias o teatrales que la mayoria de espectadores le atribuían era indigna, según pensábamos por entonces. En las películas de los primeros tiempos del cine francés, la interpretación de los actores era, en mi opinión, exagerada, gesticulante, fingida. Naturalmente había excepciones: las de Abel Gance, de Louis Delluc, del admirable Max Linder; estaban también las producciones Feuillade; en definitiva, había obras maestras. Pero el cine corriente, pan cotidiano de las muchedumbres, no era más que una vulgarización del teatro de bulevar o del teatro dramático tipo puerta Saint-Martin. Catherine y yo soñábamos con implantar en Francia un cine liberado de todo vínculo teatral o literario. Esperábamos al mismo tiempo hacer triunfar una interpretación de tipo americano, más inspirada en la observación de la naturaleza que en la manera de interpretar en Francia.

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1917


En el transcurso de mi carrera, descubriría que la mala interpretación de los actores es universal, y que cuando tienen talento, éste se sitúa también en un plano universal. A través de mis experiencias como director debía igualmente descubrir que no hay actuaciones exageradas: la interpretación de un actor puede ser «falsa» o «auténtica». Si es auténtica puede permitirse todas las exageraciones. Con frecuencia, admirado por la interpretación de un actor, le he aconsejado entregarse a fondo, sin tenerle miedo al escollo de la farsa. Mis tentativas apuntaban sobre todo hacia la parte plástica. Con Catherine Hessling estaba bien servido. Su éxito hubiese sido asombroso de no haber venido envuelto en un nuevo cine. El público le tiene pánico a la novedad. Hay que presentársela con precaución, disimularla bajo la máscara de la banalidad. La interpretació de Catherine era una especie de pantomima. Había asistido a muchas clases de baile, y su cuerpo poseía soltura profesional. Ella y yo habíamos imaginado una forma de interpretar los sentimientos mucho más cercana al baile que al cine. Me había metido en la cabeza, y le había metido en la cabeza a ella, que, como el cine dependía de las bruscas sacudidas de la Cruz de Malta, era preciso interpretar bruscamente.

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1925


Pensaba también que la fotografia de las películas francesas era demasiado suave. Soñaba con un cine basado fotográficamente en contrastes violentos. Había llegado al extremo de limitar el maquillaje de Catherine a un fondo de color sumamente espeso y blanco, y a traducir en negro los demás colores, incluso los rosas y rojos. Su boca y sus ojos resultaban así de un negro absoluto. Teníamos ante nosotros una especie de muñeco, un muñeco con talento debo decir, enteramente blanco y negro. Me decía a mí mismo: «Ya que el cine es blanco y negro, ¿por qué fotografiar otros colores?»
Durante la película Catherine, de la que no fui director sino productor, no podía evitar intervenir constantemente en la dirección. Dieudonné necesitaba una paciencia de ángel para no mandamos a paseo a Catherine y a mí. Hice algunas pruebas con nuestro segundo operador, Bachelet. Tenía la idea de que la ampliación monstruosa de detalles naturales podía ayudar al espectador a penetrar en un mundo de ensueño.
Mi mayor éxito en aquel género fue la realización de mi sueño de infancia, el primer plano de un lagarto ocupando toda la pantalla, y convirtiéndose así en un impresionante cocodrilo. Como ustedes ya saben, siempre sentí cierta debilidad por los cocodrilos. Y la siento todavía. Mi hijo ha heredado esa pasión, cuyo origen se remonta sin duda alguna a Gabrielle. Aquel descubrimiento debía llevarme a la que hoy sigue siendo mi ambición profunda: la búsqueda de elementos mágicos en el medio más insignificante de la cotidianidad".


JEAN RENOIR. MI VIDA Y EL CINE
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