
Directora: De Marina De Van
Guión: Marina De Van
Reparto: Marina De Van, Laurent Lucas, Léa Drucker
Fotografía : Pierre Barougier
Música : Esbjörn Svensson
93 min
http://www.imdb.com/title/tt0337961/




Primera película de Marina De Van, Dans ma peau es densa, amarga y sorprendente. Realizadora y guionista, De Van también encarna el personaje principal, que puede ser visto como una extensión más maduro que el que representa en Sitcom. Sophie, una joven discapacitada sado-masoquista en la película de su colega François Ozon, deja su silla de ruedas, pero no su neurosis. Más allá de este guiño especulativo Dans ma peau difiere mucho de Sitcom en su tratamiento. Lejos de la comedia ácida de Ozon, De Van firma un trastornado drama psicológico, heredero de Trouble every day de Claire Denis y de Safe de Todd Haynes.
Al amor devorador (en sentido estricto), expresado en la película de Denis, donde Béatrice Dalle, literalmente se come a sus amantes, le sucede un amor no correspondido. En efecto, Esther mantiene sus heridas para disfrutar de su propia carne. Su cuerpo se ha convertido en un objeto masturbatorio, excelente expresión del narcicismo amoroso de la heroína. Su pareja ha sido reducida a un simple objeto accesorio, a pesar de sus esfuerzos.
Esta auto-antropofagia es a la vez una expresión del malestar urbano, expresado por una bruma similar a la de la película de Todd Haynes, donde el personaje de Julianne Moore está infectado por una enfermedad sin saber nunca lo que es.Lo mismo puede decirse de Esther: su mal genera una culpabilidad por satisfacer ese deseo nuevo, que la convierte en una misteriosa marginada.
Films de culte

Para saber más sobre la peli y sobre la patología a la que se refiere:Esther (Marina de Van) acude a una casa donde se celebra una fiesta privada con compañeros del trabajo. Decide salir al patio a dar un pequeño paseo y, en la oscuridad, tropieza con algo que le causa una herida considerable en la pierna. Sin embargo, en principio no siente demasiado dolor y no cae en la cuenta de la herida hasta que descubre que está sangrando con abundancia, dejando un rastro tras de sí. Oculta el alcance de lo que le ha ocurrido y visita a un médico, que muestra su extrañeza ¿Está segura de que es su pierna al curarla, cuando Esther confiesa que no percibió la gravedad del accidente hasta pasado un tiempo. Pronto, veremos que la mujer siente una creciente obsesión por desprenderse de las vendas y automutilarse, llegando cada vez más lejos
Historia de una psicopatología extrema con ecos cronenbergianos y próxima al Polanski de Repulsión, sórdido descenso a los infiernos personales, crudísima radiografía de una fascinante y enfermiza adicción; In My Skin es una de las películas más perturbadoras, incómodas y arriesgadas que he visto en mucho, mucho tiempo. Cabe advertir, atención, que resulta una experiencia de alto voltaje no apta para todos los públicos y que reclama un buen sacrificio por parte del espectador para soportar el desafío y, a cambio, ser recompensado. No en vano, a los atrevidos os diré que el esfuerzo por superar las lógicas reticencias os compensará con creces, puesto que, desde mi punto de vista, en términos generales este retrato descarnado (nunca mejor dicho) de la fragilidad de la cordura es más que interesante.
No existen motivos absolutos que conduzcan al personaje a seguir un impulso tan irrefrenable y de tal naturaleza. La película no ofrece respuestas explícitas, sino sugeridas. Pero lo que sí parece claro es que esta exitosa mujer de negocios, quizá asfixiada por una vida insatisfactoria y deshumanizada (como comprobamos en sus difíciles relaciones personales y laborales), en el fondo sólo se tiene a sí misma y necesita una válvula de escape que la haga sentir viva y obtener placer. De repente, algo se rompe en su interior y tiende a explorar libremente su propio cuerpo, de manera que se inicia hurgando en el proceso de cicatrización de su herida para, a continuación, rebasar los límites y penetrar en el vedado terreno de la automutilación, el autocanibalismo y la inexorable autodestrucción.
De Van, que ejerce como directora, guionista y actriz principal, propone un trabajo transgresor, valiente y de dificilísima digestión. Y su mérito, a decir verdad, no es otro que afrontar la temática con naturalidad, credibilidad y poniendo toda la carne en el asador: lo que en otras manos podría haber derivado en una repugnante y descerebrada carnicería con tintes efectistas y artificiosos (o bien en una cobarde y mojigata plasmación), aquí se convierte en algo repulsivo, sí, pero absorbente y no exento, a su manera, de cierta belleza perversa en tanto en cuanto sirve para definir a esta mujer rota. A la realizadora francesa no le tiembla el pulso a la hora de sumergirse hasta el fondo, y lo cierto es que no da la impresión de que suceda sin justificación. Desde su convincente composición de la desequilibrada protagonista hasta el tono realista del acercamiento a la problemática, desde su rechazo a regodearse en lo escabroso de forma gratuita hasta la eficacia de una dirección que evita los subrayados, yo diría que Marina de Van sale como vencedora de esta historia de muy alto riesgo.
Tal vez más efectiva como terrorífica pérdida del control en virtud de los recónditos placeres que como metafórica disección de una mente enferma influida por un entorno hostil, In My Skin logra cotas de desasosiego a destacar: la escalofriante escena de autovampirización y el tremendo fragmento de la pantalla dividida, símbolo de la disociación mente-cuerpo del personaje y llevada a cabo con un uso angustioso del fuera de campo (imaginad, imaginad), suponen cimas del terror moderno. Lástima que uno no pueda profundizar más en el fuero interno de Esther y que el final de la cinta, muy abrupto, deje una sensación a coitus interruptus.
De ajustada duración y perfilada con una depuración narrativa que remite al Cronenberg más reciente, es una película de difícil visionado y cuyo impacto no se olvida fácilmente. Quedáis avisados.
Tomado de Videodrome
http://www.shaviro.com/Blog/?p=429
http://en.wikipedia.org/wiki/Self-harm
AUTOMUTILACIÓN
No tiene
sino un surco
en la espalda.
Un tajo.
Allí
donde dio cobijo a un sueño.
No tiene dolor
sino memoria
del espanto.
Un hueco
y el recuerdo de su mano
asistida de furias.
Dulce ChacónNo tiene
sino un surco
en la espalda.
Un tajo.
Allí
donde dio cobijo a un sueño.
No tiene dolor
sino memoria
del espanto.
Un hueco
y el recuerdo de su mano
asistida de furias.

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