Mensaje
por pablito » 22 Abr 2022 00:51
Supongamos que yo, Pablo XX, perteneciera a dichas élites (es, obviamente, un supuesto para escenificar una hipótesis) y que tú, professor keller, fueras un político electo, a poder ser, progresista (pongo “progresista” porque los progresistas despiertan siempre más esperanzas). Y supongamos que te invitara a una de esas fiestas. En ella celebraríamos una orgía con prostitutas (la parafernalia de los simbolismos satánicos quedaría, pongamos también, como mera “coloratura”). Pero pongamos asimismo que fueses grabado en plena acción (sin saberlo, claro). Y que se te notificara luego. De ahí en adelante harías lo que te dijésemos (ponle políticas laborales, temas armamentísticos y lo que se te ocurra). Para evitar el escándalo y las repercusiones familiares que tan oneroso hecho te pudiera acarrear, votarías y harías votar a tus subordinados de partido como te recomendásemos. Bueno, sabemos que esto (comprar con sexo) se hace hasta para cerrar acuerdos comerciales en el ámbito de la mediana empresa. Recuerdo por ejemplo que era el cometido del hijo de un antiguo vecino mío (proporcionar “señoritas de compañía” para “acelerar firmas”). ¿Por qué no se iba a hacer en “las altas esferas”? Cierto que la teoría de ese amigo mío al que he aludido aquí varias veces va algo más allá, a que la mejor forma de controlar todos los resortes es que el mayor número posible de cargos políticos y personas influyentes hayan participado en un acto criminal colectivo (“sacrificio”: ¿orgía con menores desaparecidas que desaparecen definitivamente de esta vida?), el cual les obligue a seguir directrices “sine die”. Tesis que refuerza señalando que, aunque el número no sea muy alto, cuanto más piramidal es una organización o una sociedad misma, más fácil ha de ser manejarla… Naturalmente, son todo elucubraciones, no hay pruebas, únicamente piezas que encajan en un supuesto y echando manos de indicios y fenómenos colaterales, de nombres en listas que la prensa generalista se cuida bien de publicar a desapariciones masivas de personas, generalmente adolescentes, y pasando por oportunos suicidios en la cárcel de los “conseguidores”. Una pena que Kubrick no desarrollara más este punto, que en su película si bien se acaba comiendo la crisis de pareja inicial se queda en esbozo: “si supieras sus nombres no dormirías”.