Ahora estoy con este, y es que últimamente solo leo cosas espesas
Nunca os encontraréis con otro caso en el que un hombre blanco, después de una prolongada inmersión en el gueto, haya llegado a convencerse de que se ha convertido, real y físicamente, en un negro.
Mezzrow, tras largos años en y por debajo de Harlem, llegó verdaderamente a pensar que se le había abultado el contorno de los labios, que el pelo se le había erizado y endurecido y que su piel se había oscurecido. Tal y como él lo veía, no se trataba de un caso de transculturización. Sentía que, tanto por fuera como por dentro, se había despojado hasta del último vestigio que e pudiera quedar de sus orígenes en los suburbios judíos de Chicago. Se había reducido a pulpa para volver a constituir un material humano crudo, luego había depositado aquella gelatina innominada en el molde de la raza negra para, acto seguido, presionar, y emerger justo como todo lo contrario a su herencia original: un negro en estado puro.
La primera vez que fui a buscarle a un club de jazz de Greenwich Village en algún momento de 1942, no sabía nada de su mitología personal. Pensaba que se trataba simplemente de un extraño músico de jazz que podía constituir un buen material para redactar un artículo interesante para alguna revista. Después de algunas noches en su compañía en sus dominios de Harlem, me di cuenta de que haría falta un libro entero para hacer plena justicia al mito de su reencarnación. El libro es éste.

Publicada por primera vez en 1946, esta autobiografía fue una emocionada llamada, dirigida a los jóvenes blancos alienados, para que se atrevieran a explorar el mundo de la cultura afroamericana y el jazz. Su padrino espiritual fue Mezzrow, músico, contrabandista y traficante de la mejor marihuana de Harlem.
Su historia, escrita junto a Bernard Wolfe en el argot, libre y fluido, de los hipsters que poblaban lo que Jack Kerouac bautizó como “La Gran Acera Negro-Americana del Mundo”, nos habla de un chico blanco que se enamoró de la cultura negra y aprendió a tocar el clarinete en los reformatorios, prostíbulos y garitos de su juventud. Atraído por la revelación del blues, siguió el rastro de la música por las calles de Chicago, Nueva Orleans y Nueva York hasta alcanzar el auténtico corazón del alma norteamericana.
Mezzrow fue quizá mejor traficante de marihuana que músico de jazz, pero comprendió tanto la música como la raza que la engendró. [...] Mezz tradujo su experiencia para jóvenes de los cuarenta y los cincuenta como Kerouac, Allen Ginsberg, Neal Cassady y John Clellon Holmes, e inspiró no sólo sus vidas sino también sus obras; un legado de un valor incalculable.
Del prólogo de BARRY GIFFORD
Really the Blues es la esencia escatológica de Nueva Orleans. Mezz Mezzrow fue quien me descubrió Storyville. TOM WAITS
Para mí fue la primera señal en la cultura blanca del underground negro y la cultura hip. ALLEN GINSBERG
Este libro tan perfectamente maravilloso, tan absolutamente soberbio, expresa un mensaje vigoroso y vital de alegría sin adulterar. HENRY MILLER