Que conste que no es chovinismo. Sucede que Galicia es un microclima, o un conjunto de microclimas provocados por el relieve.
Islas Cíes. Del municipio donde nací. ¿Acaso no parece el Adriático?
Más arriba “acababa el mundo”:
Finisterre (“finis terrae”), provincia de A Coruña.
El Bosque da Fervenza (Lugo), que anega periódicamente el Miño:
¿Cómo no va a alimentar la fantasía?
Las noches primaverales, pobladas de ruiseñores en las lindes del río, son mágicas.
La Sierra de San Mamede (Ourense):
En el punto más alto, a Fonte do Santo (1618 m), pernocté varias veces (hay o había un refugio).
Estos microclimas, sumados a la supervivencia del mundo rural (por más que esté en decadencia), hacen que pueda sentirse que se trata de un “mundo aparte”. En lo que se refiere al entorno, quiero decir. Un entorno que tiene ciertas reminiscencias legendarias.
A Pena de Rodas (Santiago de Gaioso, en Outeiro)
Dolmen de Axeitos (Oleiros)
Incluso en ciertos hábitos culturales encontramos esas reminiscencias de un mundo mágico.
A queimada galega
Y en cuanto a las playas, en general poco pobladas (salvo las de Vigo en agosto), se acercan bastante a la imagen de lo paradisíaco, eso sí, con el agua fría.
Espiñeirido
Aquí puede uno echar botellas al mar con cartas de amor para esa mujer que no existe. Y pensar que las leerá una nereida.
