
MÉXICO: LA REVOLUCIÓN CONGELADA
Un profundo análisis de la realidad socio-política de México, dentro del contexto histórico de la Revolución Mexicana. Incluye material de archivo de los años 1910, entrevistas con campesinos, políticos, intelectuales, clase media, sindicalistas, etc. Escenas de la vida de una familia indígena en Chiapas, sus rituales religiosos, sus cultivos, juicios y escuelas bilingües.
Título original: México: La revolución congelada.
País: Argentina, Estados Unidos.
Dirección: Raymundo Gleyzer.
Guión: Raymundo Gleyzer.
Idioma: Español.
http://www.imdb.com/title/tt0128344/
http://www.filmaffinity.com/es/film419773.html
País: Argentina, Estados Unidos.
Dirección: Raymundo Gleyzer.
Guión: Raymundo Gleyzer.
Idioma: Español.
http://www.imdb.com/title/tt0128344/
http://www.filmaffinity.com/es/film419773.html
Fragmento del libro EL CINE QUEMA. Raymundo Gleyzer de Fernando Martín Peña y Carlos Vallina.
MÉXICO, LA REVOLUCIÓN CONGELADA (1970)
Raymundo Gleyzer: “Es un análisis histórico sociopolítico de la realidad mexicana. Comienza con imágenes de la campaña electoral de Luis Echeverría (candidato oficial del Partido Revolucionario Institucional, que ha ganado las elecciones el 5 de julio de 1970 y asumirá la presidencia el 1º de diciembre próximo). Intercalados con este evento de actualidad, mostramos diez minutos de la revolución Mexicana de 1910, con material original de archivo.
“Es la historia de una revolución sin ideología que muy a pesar de Pancho Villa y Emiliano Zapata fue traicionada rápidamente. También [tiene] reportajes sincrónicos a ex soldados de Zapata, campesinos, indígenas, obreros. Las filmaciones fueron realizadas en todo el país, especialmente en Yucatán, donde 500.000 mayas viven en la peor miseria. […] ¿Qué come el mexicano? ¿Dónde y cómo vive? ¿En qué piensa? ¿Cómo surge la burguesía mexicana que hoy detenta el poder? ¿Cuáles son sus bases de sustentación? La clase obrera maniatada, los sindicatos campesinos, la izquierda oportunista y la izquierda tradicional envueltas en conflictos internos. A esta situación, la respuesta del Pueblo, balbuceante, incoherente aún, expresada en las manifestaciones estudiantiles de 1968. El film termina con escenas de la masacre de la Plaza de Tlatelolco el 2 de octubre de 1968, donde fueron asesinadas 400 personas”.
Juana Sapire: De Estados Unidos nos fuimos a México y, como México es tan grande, empezamos a leer, para saber adónde ir. Y así surgió la idea de hacer México. Volvimos a Nueva York, propusimos la idea, Sam puso algo de dinero y Bill, que era el vicepresidente de una productora de publicidad (“Hacemos la mejor mierda del mundo”, decía), aportó los equipos para posproducir. Entonces volvimos a México y Raymundo dijo: “Lo voy a llamar al Negro Ríos”.
Humberto Ríos: Raymundo me llamó desde México, para decirme que me preparara para viajar allí y para que mi mujer, María Elena Vera, que es historiadora, fuera trabajando en una investigación sobre el país. Ella investigó todo, le mandamos el trabajo a Raymundo y después fuimos nosotros. No lo pensamos mucho ante la propuesta. Largamos todo, la casa, los perros… todo. Nos fuimos de cabeza para allá. Raymundo tomó contacto con una amiga nuestra que vivía allí, nosotros paramos en su casa y a través de ella se consiguió una pensión para él. El de esos años era un México transparente, no había smog, un cielo azul hermoso… una belleza de ciudad, era para enamorarse. Empezamos a juntar gente y Arturo Ripstein, que entonces estaba casado con una argentina, nos consiguió un productor que nos guiara por México y que se llamaba Paul Leduc.
Juana Sapire: Paul Leduc era nuestro hombre en México. Nos reuníamos y, a partir de lo que él proponía, nos planteábamos el trabajo. Decidimos empezar en Chiapas, nos pareció lo más interesante. Dormíamos de lo más barato, a veces parábamos en hoteles alojamiento y Paul se tenía que pedir una pieza para él solo.
Humberto Ríos: Día por día nos sentábamos todos, con mi mujer, con Juanita, y discutíamos lo que íbamos a hacer. A veces se nos unía Paul, cuando estaba de buen humor, porque de ordinario tiene un carácter bastante podrido. Él jugaba de local y era el que tiraba los puñales; nosotros teníamos que recoger sus desafíos. No quiso figurar ni aparecer porque eran tiempos tremendos, los mexicanos no podían hablar de esa realidad. Osvaldo López, un muchacho que había hecho un documental sobre la matanza de Tlatelolco, murió misteriosamente… Así que les venía bien que estos locos extranjeros hiciéramos ese trabajo.
En esa época el procedimiento regular para filmar en México era así: ibas a la Secretaría de la Gobernación a pedir permiso para filmar y ahí te preguntaban: “¿Qué va a filmar?”. “Un documental turístico”. “Perfecto, le mandamos a alguien para que los acompañe, usted se hace cargo de sus gastos y de su sueldo”. “Ah, bueno. Gracias”. Así que para evitar eso, fuimos de turistas y filmamos en secreto.
Trabajábamos todo el día, era muy agotador. Filmábamos con una Beaulieu, que es una cámara totalmente desequilibrada, había que estar todo el tiempo compensando con la muñeca. Hubo testimonios que no pudimos meter porque me temblaba la mano, estaba cansadísimo. Mientras hacíamos las tomas del henequén, yo caí al suelo desmayado con cámara y todo. Paul tuvo que ir a buscar un bloque de hielo para refrescarme porque me quedé ahí, frito.
Juana Sapire: Al caerse la cámara se abolló el lente, entraba luz y no se podía cerrar. El Negro se sentía terriblemente mal. Decía: “Me voy, me voy”, y Raymundo le respondía: “Ah, ¿encima te vas a ir?”. Raymundo se quedó en el patio, se puso en una mesa, desarmó la Beaulieu, hizo un dibujo, para no perder nada. Entonces agarró un martillo y empezó a enderezar las piezas abolladas a martillazos. Ahí nos fuimos todos corriendo, no podíamos ver eso. Y la arregló, la arregló aunque no lo supimos hasta que vimos el material después en Nueva York, porque en México no podíamos revelar nada.
Raymundo hizo un poco de cámara, entonces, porque al principio el Negro estaba petrificado.
Humberto Ríos: Después me animé a seguir y el temblor de mi mano quedó incorporado al film, hasta el punto que después prescindimos del trípode, porque el trípode me daba una imagen casi… hospitalaria. Preferí el temblor, el preciso temblor de quien está comunicándose con la cámara y tratando de capturar aspectos de la realidad que vibran.
Sé que estas palabras pueden sonar a guitarra, pero para mí son una verdad muy profunda. Si uno ve ¡Que viva México! de Eisenstein, se tiene la sensación de que el tiempo le permitió mirar, pensar, excavar, colocar una visión particular desde cualquier ángulo de cámara. Tuvo el tiempo necesario. Cada toma de Eisenstein está pensada. Las nuestras no fueron nunca pensadas. Hay un ojo, una mirada, anterior a la cámara. Yo tenía en mente el axioma de Glauber [Rocha]: “Una idea en la cabeza y una cámara en la mano”. Siempre estábamos mirando con la cámara lista. Íbamos por la ruta, pasábamos al lado de un cementerio y Raymundo decía: “Pará”. Y hacíamos tomas, ahí de inmediato. No había tiempo de pensar una cosmovisión: esta tenía que armarse todos los días. Había que estar ligando los elementos de la realidad con el eje central de la película, que era la necesaria de capturar México y su realidad profunda. Es una mirada que no tiene que ver realmente con la estética, sino con la ética.
Raymundo Gleyzer: “Fuimos, por ejemplo, a Yucatán, y allí seleccionamos a Antonio López, […] el cortador de henequén negro, el personaje de ese capítulo. En general, yo me dirijo al sujeto y lo invito a colaborar con la filmación. Por supuesto, por esa colaboración se le ofrece una remuneración que me parece que es el modo más correcto de proceder. Hay que pagarles el salario que se les hace perder; si pierden contigo determinado tiempo, hay que pagárselo. Así, además, la gente trabaja con mejor predisposición. A partir de entonces, grabamos muchas entrevistas con López, al cabo de las cuales nos pareció que era un tipo que veía con suma claridad su condición de explotado y era capaz de expresarla con gran transparencia. En adelante, todavía, López pasa a ser de entrevistado a personaje, digo personaje porque, en la medida que nos refiere su vida y sus conflictos, se hace intérprete, representante, de toda una situación general. Y además, empieza a tomar la iniciativa de la película, porque él va determinando su desarrollo. Como te decía: no hay nada a priori, todo se va transformando sobre la marcha, lo que creíamos sobre la realidad o sobre la película se rectifica o se confirma. Esa permeabilidad creo que es el mejor principio para estos casos”.
Humberto Ríos: Para salir de México, como teníamos sesenta kilos de material, incurrimos en corrupción: le pagamos a un vista de aduana para que mirara para otro lado. En Nueva York Raymundo se quedó tres meses armando la película con Steve, un sobrino de Susman que manejaba la moviola. Yo me fui antes, cuando todavía no estaba terminada. Después de todo ese tiempo de convivencia cotidiana entre México y Estados Unidos, con Raymundo terminamos de conocernos. Yo estaba en una organización y le dije: “Mirá, cunado volvamos quisiera presentarte a una gente para ver si te interesa integrarte a un grupo de trabajo”. Me respondió: “Yo también pensaba presentarte a unos amigos”. Así que cuando llegamos no nos presentamos a nadie, porque ya estábamos los dos trabajando, aunque cada uno para organizaciones distintas. Pero no hubo ruptura.
Se puede pensar en Raymundo como uno de los primeros en tratar de abarcar América latina, en descubrir que en todos los países sucede lo mismo. La situación argentina no era exclusiva, ni la de Brasil, ni la de Bolivia. Eran todos escenarios de la misma cuestión. Latinoamérica herida. Meterse en Brasil, en Malvinas, en las comunidades indígenas, en México, era meterse ahí donde duele.



Mi DVDRip para Patio de Butacas
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Nombre completo: México, la revolución congelada (Raymundo Gleyzer, 1973) DVDRip [PgM].avi
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Tamaño del archivo: 969MB
Duración: 1h 3min.
Tasa de bits total: 2 129Kbps
Video
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Ajustes del formato, BVOP: 2
Ajustes del formato, Qpel: No
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Ajustes del formato, Matrix: Default (MPEG)
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ID Códec/Pista: XviD
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Formato de la versión: Version 1
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ID Códec/Pista: MP3
Duración: 1h 3min.
Tipo de tasa de bits: Constante
Tasa de bits: 128Kbps
Canal(es): 2canales
Velocidad de muestreo: 48,0KHz
Tamaño de pista: 58,3MB (6%)
Alineación: Alineación entrelazado
Entrelazado, duración: 160 ms (4,00fotogramas de video)
Entrelazado, duración de precarga: 216 ms
Idioma: Español
México, la revolución congelada (Raymundo Gleyzer, 1973) DVDRip [PgM].avi [968.99 Mb] 
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