El comentario del blog es interesantísmo. Pero creo que, al final, cuando deja de hablar de la peli y analiza la situación político-social de Latinoamérica y la relaciona con la historia que cuenta, el autor desbarra un tantico.
Uno de los planteamientos más relevantes de Jericó es que nos hace reflexionar sobre la historia inicial de la conquista y de su irracional proceso. Se puede comenzar por distinguir lo que fue la colonización de Norteamérica y la conquista de Sudamérica. El oeste norteamericano fue, ciertamente, conquistado a través de la violencia; pero los primeros ingleses que poblaron el este, los llamados pilgrims (peregrinos), eran familias completas que se radicaron en lo que hoy es E.U.A. Venían, repito, los hombres con sus mujeres y sus hijos a poblar, a quedarse en los nuevos territorios. Su iglesia, la anglicana, predicaba más amor por el trabajo que la católica (algo que comenté en el artículo sobre Viridiana). Si bien también tuvieron guerra de independencia y una cruenta guerra civil luego, también es cierto que desde los prístinos orígenes se sentían parte de la nación, ya esta era su querencia. Desafortundamente la corona española, en pleno proceso de decadencia, decidió enviar a unos brutales advenedizos que acabaron con culturas como la azteca y la inca, entre otras. Cortés y Pizarro, los insignes exponentes del mayor genocidio que se ha perpetrado en Sudamérica, dejaron tras de si sangre y desolación.
Comparar la colonización hispánica con la anglosajona (en América, digo) es algo que, de puro manido, resulta cansino. Pero, en cualquier caso, defender la segunda contraponiéndola a la primera es no haberse enterado de nada (o estar muy desinformado por según qué cosas). Y, sobre todo, no conocer en absoluto el carácter de la colonización inglesa de la América del Norte (o de Australia, o de Nueva Zelanda) ni entender que, en los sitios en los que los descendientes de británicos no formaban la mayor parte de la población (casos de Jamaica, la India, Malasia, África, etc) la evolución político-social fue radicalmente diferente.
Por otro lado, los más de los castellanos emigrados a las Américas ya en el siglo XVI (incluídos la inmensa mayoría de los "conquistadores") no tenían en mente volver a Europa, sino quedarse en su nueva patria.
Colonizarla, en el sentido estricto de la palabra (para
bien y para
mal). Creo que el autor del comentario no conoce la historia de su propio país ni ha leído la del resto de Latinoamérica. En ese sentido, no estaría mal que hiciese algún esfuerzo por leerse la
Recordación Florida de Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán y, sobre todo, el estudio que de ella hizo el profesor guatemalteco Severo Martínez Peláez en la segunda mitad del siglo XX (y que es uno de los mejores análisis de la realidad colonial americana que se han hecho nunca. Tanto desde el punto de vista marxista como de cualquiera que se nos ocurra).
Pero ojo... Que los europeos recién llegados no tuviesen intención de volver a Europa sino de hacer de las Américas su nueva patria, no tiene ningún valor positivo
per se. Ni en el caso de los ibéricos ni en el de los británicos. Como queda claro en la mentada
Recordación Florida y en cualquier texto serio sobre el poblamiento anglosajón, francés, holandés e (incluso) sueco del norte del continente americano. Serio, digo.
La primera y principal diferencia entre los ibéricos (españoles y portugueses) y los anglosajones, básicamente, consistía en la voluntad de los primeros por integrar (de forma mayormente negativa y casi siempre basada en la supeditación política y cultural, es cierto) a los indios en la nueva sociedad que la colonización había creado; mientras que los europeos septentrionales, sencillamente, mantenían un aislamiento radical con respecto a los aborígenes. Para ellos los indios no existían. O, mejor dicho, eran un elemento de la naturaleza, parte del paisaje, que podía ser alterado y eliminado en cualquier momento. Cuando las circunstancias así lo aconsejaran. No eran seres humanos. Eran animales del bosque. Árboles, plantas, rocas. Cosas que estaban ahí y que podían ser removidas o eliminadas (exterminadas) en cuanto las necesidades de sus comunidades colonizadoras (étnicamente impermeables a la mezcla y al mestizaje) lo exigiesen o lo aconsejasen. Eso es algo que no ocurrió en la América Latina. Por muchas razones que no viene al caso enumerar (por ser muchísimas). Pero, sobre todo, porque la aportación poblacional europea en las colonias ibéricas fue, proporcionalmente, mucho menor que en las anglosajonas (lo que dio lugar al mestizaje genético; aunque el cultural fue el predominante). Y, sobre todo, porque a pesar de sus brutalidades y sus vesanias, los colonizadores españoles creían que los indios a los que se enfrentaban eran hombres racionales. Seres humanos.
La segunda diferencia fue que, en el caso de los europeos septentrionales, emigraron casi tantas mujeres como hombres y desde el primer momento. En el caso de los ibéricos, el 90% de los inmigrantes entre el siglo XVI y el XVIII (la época de la colonización) fueron hombres. Las mujeres fueron sólo el 10%. Eso no sólo explica el tan traído y llevado mestizaje genético (que fue relativamente escaso, desgraciadamente... Digan lo que digan los alucinados apologistas del Imperio), sino, sobre todo, la forma de ver a los indígenas por parte de los europeos. También para bien y para mal, que conste. Pero quizás más para lo primero que para lo segundo, ejem.
Por último, al mencionar que las Iglesias Protestantes
"predicaban más amor por el trabajo que la católica" como algo positivo y condicionante de la ventaja de la colonización anglosajona y europea septentrional frente a la ibérica, el autor del comentario olvida una cosa importantísima. Las Iglesias Protestantes ejercieron muchísima menos influencia en la protección de los indígenas que la Iglesia Católica. Dejando aparte las teorías que entonces dominaban la mayor parte del protestantismo que, por aquellos años, profesaban la mayoría de los colonos ingleses, escoceses y holandeses (
que no eran, ni de coña, las de la Iglesia Anglicana, por cierto. No tenían nada que ver) me gustaría recalcar que una de las más importantes era la de algo parecido a la predestinación (cosa que nunca aceptó la teoría católica.... Ni entonces, ni antes ni después). Y que esas Iglesias protestantes que tanta importancia daban a la superación personal y al trabajo, no consideraban, en absoluto, seres humanos a los indios. Ni pensaban en su salvación. Mientras que la Iglesia Católica llegó a enviar misioneros que aprendían las lenguas indígenas para predicar el evangelio entre los aborígenes. E incluso montó las reducciones del Paraguay y de la capitanía de la Nueva España (enfrentándose a las autoridades coloniales en su afán por mantener las culturas indias -cristianizadas, desde luego- en contra de la política de aculturación de los virreyes y capitales generales).
Pues eso.
Aquí fueron Fajardo y sus compinches; incluyendo a verdaderos carniceros como Aguirre o Boves. Infeliz iniciativa, pues podemos suponer que había mejores gentes en España que estos conquistadores sanguinarios y avaros. De hecho, vinieron algunos con ese talante, pero con poco peso específico frente a los violentos y dominantes militares.
Nombrar a Boves entre los colonizadores me parece una barbaridad. José Boves fue un asturiano que se estableció en la Capitanía General de Venezuela a finales del siglo XVIII y que dirigió a los llaneros contra los republicanos de Bolívar y Miranda hasta 1815 en defensa de la causa realista. Un tipo bastante bestial, es cierto. Pero no menos que Páez (que, de alguna manera, lo sucedió en el mando de los llaneros y que fue un paladín de los independentistas). Ambos son personajes intercambiables. El pelirrojo Boves y el mestizo Paéz fueron exactamente igual de brutales, salvajes y carismáticos. Y dirigieron prácticamente a las mismas fuerzas (los llaneros). Pero, claro, el primero fue un reaccionario realista y el segundo un patriota revolucionario... Ejem...
(...) Al principio, muerte, enfermedad, violación y robo eran su principal aporte.
Mientras que el pilgrim inglés echó raíces en un nuevo mundo, los corteses y pizarros solo querían saquear para disfrutar de sus riquezas en Europa. Este criterio marcó definitivamente la historia de Venezuela. Seguramente la de más de un país sudamericano.
No pocos de los españoles que vinieron después, señores de mayor alcurnia y sapiencia, algunos padres de los mantuanos (los civiles de mayor rango social, que idearon y llevaron adelante la Independencia),
también eran unos delincuentes. Y no pocos serían los mantuanos que aprendieron el «negocio» de sus padres. El asunto es que ese criterio: saqueo del país para luego disfrutar el botín en el exterior, sigue siendo el que predomina aún hoy, en la era del facebook[2]. Ya no los españoles, sino los mismos descendientes de los mantuanos y de todas las mezclas étnicas que ocurrieron durante los quinientos años de historia postcolombina. (...)
Jericó nos habla sobre la etapa primigenia de nuestra historia, la súbita conquista,
cuyo desarrollo fue muy violento. Invita, así, a reflexionar sobre nuestro pasado, donde hay claves para entender lo que vendría después, incluyendo el hoy, y —dependiendo de qué tan visionario o aventurero es uno— esbozar un posible mañana. Está muy bien realizada, técnica y artísticamente. Es una de las mejores películas venezolanas.
FUENTE:
http://sofiaenelcine.blogspot.com.es/20 ... -1991.html ¡¡¡OJO, el artículo completo contiene spoilers!!!
Me remito a lo dicho al principio. Pero me gustaría incidir en que, aunque ciertamente el origen de los problemas de algunos países latinoamericanos puedan radicar en sus "orígenes" coloniales (yo más bien diría "estamentales"... O quizás étnico-clasistas) no creo que ése sea el común denominador para todos ellos. Ni Argentina, ni Uruguay ni Cuba (países que recibieron una inmigración europea de aluvión durante la segunda mitad del XIX y las primeras décadas del XX) responden a esa casuística. Y, curiosamente, naciones como Venezuela o Colombia (que parecen ser las del comentarista) tampoco son ejemplos perfectos (antes lo serían otros, como Ecuador, Perú, Guatemala, Bolivia, Paraguay o el mismísimo México).
Dicho lo cual (y perdónenme voacés la disgresión... No lo he podido evitar... Y no ha sido por pulsión nacionalista española -cosa de la que carezco totalmente- sino por afición a la Historia como ciencia), la película es verdaderamente estimable. Al menos a mí me lo parece.
Mil gracias por la subida y, sobre todo, mil gracias a maese Droid por haber subido este comentario que me ha dado oportunidad de explayarme,

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Un abrazo a todos.