No pretendo hacer un discurso (para eso ya tenemos a Felipe) y sí encomendarme a cualquier fuerza sobrenaural que se tercie para desearos que este 1921 tengo un poco de mejor cara. Nosotros seguimos al pie del cañón, "hasta que el cuerpo aguante", como suele decir fifole. Se nos ha unido de nuevo Lobo López. ¿La Santisima Trinidad? Si acaso me pido el lugar del Espíritu, la paloma, por si corren otra vez malos virus y así poder escapar a fuerza de alas.
Aquí estamos. Ahora una copa de cava (o dos o tres, que un día es un día), a ver (quien quiera) hasta dónde llega a audancia del no-vestido de la Obregón al dar las campanadas y mañana volvemos, como si nada hubiese pasado (y ha pasado mucho).
¡Un gran abrazo!
