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por carnicerito » 06 Dic 2019 09:03
Más allá de su obra experimental o como cortometrajista, hay un puñado de películas en su filmografía que destacan por una u otra cosa...
España insólita (1965) es algo menos insólita de lo que su título proclama y empalidece al lado de Lejos de los árboles (Jacinto Esteva, 1970), pero tiene sus momentos -la boda en la maragatería, la Pasión de Bercianos de Aliste- y resulta encomiable en un panorama tan escaso de exponentes como es el del documental español anterior a 1975.
Los oficios de Cándido (1965) es un intento un poco mortecino de hacer una comedia al servicio de un cómico como Manolo Codeso. Es una película episódica, pero que explora algunos resortes de la comedia poco usuales y los hibrida con un costumbrismo cuyo mejor exponente, así, en el recuerdo, era una escena en la que Cándido requebraba a una chica mientras transportaba un armario a la espalda.
El mimetismo lesteriano de Los chicos con las chicas (1967) se queda una vez más un poco corto, pero entiendo que Aguirre llegó hasta donde pudo a la hora de hacer este largo video-clip promocional del Black Is Black y la interveción de Tip resulta francamente memorable.
Del tríptico para Dibildos conformado por Los que tocan el piano (1968), Una vez al año ser hippy no hace daño (1969), Pierna creciente, falda menguante (1970) -que perfectamente hubiera podido realizar Lazaga-, me gustaría resaltar esta última, ambientada en su primer parte en el San Sebastian de la belle epoque y con un guión del dibujante Antonio Mingote muy atento al detalle y que se permite ciertas dosis de amargura e, incluso, de lirismo.
El astronauta (1970) es una producción de Pedro Masó y se nota porque no es otra cosa que la puesta al día de Atraco a las tres (José María Forqué, 1962) en el momento en que los estadounidenses han llegado a la luna y desde España se vive el éxito de la misión como propio debido al papel fundamental que ha jugado la estación espacial de Robledo de Chavela.
Durante la primera hora de El gran amor del conde Drácula (1973) Aguirre se muestra conocedor del vademecum del terror contemporáneo, de la Hammer Films al gótico italiano, aunque el andamio se viene un poco abajo por la inadecuación del físico del halterófilo Naschy al papel de vampiro.
Carne apaleada (1978) es una película sólo posible durante la Transición. Dura como ella sola. Colada de matute en cines de sesión continua gracias a la escena de amor lésbico entre Bárbara Rey y Esperanza Roy, que esta defiende con la misma entereza a contrapelo de su imagen de mujer estupenda en la que la pareja reincidirá en Vida/Perra (1982). Ésta, considerada como obra auónoma, me merece todos los respetos. Sin embargo, mi devoción por la novela de Ángel Vázquez -La vida perra de Juanita Narboni- y el cambio de localización, de Tánger a una ciudad cantábrica nunca me han permitido apreciarla del todo. Hay otra versión de la directora marroquí Farida Benlyazid, que peca en cambio de un exceso de "superficialidad".
A remolque de la Ley Miró y de la consolidación de un cine propio en el País Vasco, Aguirre facturó el díptico La monja alférez (1987) y El polizón del Ulises (1987), orquestadas ambas en función de sus protagonistas femeninas.
Por último, me gustaría resaltar la extrema psicotronía de La diputada (1988), un paso más allá en la imposible carrera cinematográfica de Victoria Vera que deriva de la intriga política -spoiler: ella pasa de hotelera de éxito a vicepresidenta del gobierno- al melodrama más delirante.
El astronauta (1970)
1969
1968