Semana Cine de Barrio sin el más mínimo rebozo...
Epítome de la comedia desarrollista, Las chicas de la Cruz Roja muestra en flamante Eastmancolor la convivencia pacífica de los barrios populares y el hipódromo de la Zarzuela, del parque del Retiro con el Edificio España y el cruce de la calle Alcalá con la Gran Vía como crisol de madrileñismo. La solidaridad fenenina interclasista vencerá todos los obstáculos hasta el amor... previo paso por los Jerónimos.
Panorama sombrío el que pintan Escrivá y Coello en Vente a Alemania, Pepe, aunque filtrado por el personal histrionismo de Alfredo Landa, quien, con esta cinta y con la inmediatamente anterior No desearás al vecino del quinto, da pie a la aparición del fenómeno cinematográfico que tomará su nombre: el “landismo”. Su frenética actividad en este año –nueve películas estrenadas- habla bien a las claras de su popularidad. En esta ocasión, su extrema pilosidad de “homo hispanicus” le vale un contrato para trabajar como anuncio de un producto de depilación en un escaparate y allí lo descubrirá su novia del pueblo, en una escena análoga a la de otra película ideológicamente antípoda: la producción anarquista Aurora de esperanza.
Hablábamos hace unos días de Summers... Adiós, cigüeña, adiós es su primer gran pelotazo como director. La estrategia de confrontación con la censura, la paradoja de que los adolescentes que protagonizaban la película no pudieran entrar en el cine a verla, la demanda de que se proyectara en los colegios bajo supervisión religiosa... provocó un revuelo que convirtió a la película en un fenómeno sociológico y en un auténtico taquillazo. La idea de partida era de Tono, el veterano humorista, que se sintió relegado en los títulos de crédito y en el reparto de beneficios. A consecuencia de estas quejas, Summers decidió prescindir de su nombre en la secuela, El niño es nuestro.