
Concierto macabro (1945) ----el título original es Hangover Square. El protagonista es un prometedor pianista que sufre problemas mentales (lapsos temporales en los que pierde la conciencia de lo que hace) y que, mientras duda de si no será autor de ciertos crímenes que tienen lugar en su barrio (nosotros ya sabemos que lo es, puesto que en la escena de apertura, rodada con eso que llaman cámara subjetiva, vemos cómo asesina a un prestamista) se debate entre la amistad sincera de la hija de su mentor y una buscavidas (Linda Darnell) típica del cine negro. Mención aparte el siempre efectivo George Sanders en el papel de psiquiatra de Scotland Yard.
La película es fronteriza con el melodrama pero estilísticamente es un noir (tiene una fotografía excelente donde se usan de forma casi expresionista los claroscuros) y ha hecho que me interese por su director, John Brahm, del que he visto otras cosas (que no me gustaron, como Semilla de odio o La Atlántida, o no digamos El milagro de Fátima) pero quien he visto que firmó otro prometedor noir dos años después: El doblón Brasher, que sí ha despertado mi interés.
Una suerte encontrarse todavía estas pepitas en el lecho del río, que si hablamos de cine americano está más que palpado a estas alturas de la vida.
Edito el mensaje para añadir extractos de una crítica de FilmAffinity en la que se ofrecen algunos datos curiosos:
Gilbert Barcelona (España)
Con cierto aire macabro
Lo mejor de esta película son dos escenas. La del principio y la del final, que están realmente conseguidas. Lo que hay por medio es pasable, y breve, lo cual es de agradecer. Pero el sugerente argumento queda desaprovechado. Eso sí, los puristas de la técnica disfrutarán con esas escenas inicial y final. Ya saben, aquello de adelantadas a su tiempo bla, bla, bla.
Pero el aire macabro que rodea esta película está en los interpretes.
Georges Sanders, según cuenta David Niven en sus entretenidísimas memorias, siempre decía que se suicidaría a los 65 años... y así lo hizo, en Castelldefels para más señas.
Linda Darnell murió en un incendio, y hay una macabra coincidencia en esta película.
Y el protagonista, Laird Cregar, era una emergente estrella de la Fox de 28 añitos, aunque aparenta muchos más, que pesaba más de 150 Kg. El tipo para hacer este papel, ya que estaba harto de no hacer de galán por su físico, no se le ocurrió otra idea de hacer una dieta brutal, y la palmó de un infarto antes del estreno.
En fin, de esas películas con aire maldito, un título en español sugerente, un par de virguerías, que encanta a los cinéfilos y esas cosas.






















