iuliano escribió:hay una
ENORME diferencia entre el crítico (historiador de cine muchas veces)
que ama el cine con pasión cinéfila
y el crítico que absuelve o condena, califica, etc.
no sé cuál es el perfil del estudiante de las escuelas de cine
yo al menos veo bastante cine clásico
(aunque les lance dardos y flechas a los cowboys del foro

)
mi ironía está bien clara
tanto como el perfil de "crítico" al que me refiero
yo acabo de meterme con Tarr en este hilo
pero seguro que a Tarr le importa un pimiento
como a Oliver Stone que desde un digital o periódico impreso
alguien diga qué obras suyas son buenas o malas
o si todas ellas no valen nada
sobre todo si ese "alguien" no es "nadie"

Fíjate que yo al que más detesto (es un decir tampoco es que sea una cosa para detestar a nadie) es precisamente al historiador, o al menos a cierto tipo de historiador (que podrían representar Mitry o Sadoul, por lo demás unos señores muy respetables y que tienen unos libros _sobre todo Mitry_ interesantes) porque es el que de verdad aspira a imponer un Canon o una
verdad absoluta, para imponer una especie de cine de museo (y que conste que yo disfruto en muchos museos) y que podría estar representado por la famosa lista de Exposición de Bruselas contra la que reaccionaron los críticos de Cahiers en los 50. Es un tipo de historiador al que le encantan los movimientos cinematográficos (Neorrealismo, Expresionismo…), que ignora completamente a gente como Zampa o Castellani (ya no digamos Soldati) porque el cine neorrealista es Rossellini, Visconti o De Sica. Y lo demás son excentricidades o frivolidades, la letra pequeña que no merece ser atendida. Y que conste que sé que todos no son así, que hay gente como Luciano Berriatúa que lleva años reconstruyendo la obra de Murnau para que se pueda ver en la mejores condiciones posibles. Pero si ha habido uno señores con aspiraciones de
sumos pontífices han sido precisamente ciertos historiadores, aficionados a mirarse al espejo de la madrastra de Blancanieves y preguntarse qui´n es el que tiene la última palabra de lo que debe de ser una obra maestra.
En cuanto a los críticos de periódicos muchos de ellos son conscientes que sus reseñas tienen fecha de caducidad y que (como la mayoría de los mortales) tienen que comer, incluso esto afecta a las supuestas revistas especializadas ya que, a veces, los críticos están condicionados por ciertos intereses comerciales que los
atan (en algunas revistas como
Dirigido algunos críticos han reconocido que se les encargaban ciertas reseñas y luego no eran publicadas porque la crítica era negativa, siendo sustituidas esas críticas por otras más elogiosas, y todo ello porque la película en cuestión se anunciaba
publicitariamente en otra página de la revista.
Luego hay críticos como Carlos Boyero con los que es tan fácil meterse (casi tanto como con cierto entrenador portugués de fútbol) que sinceramente a mí no me motiva lo más mínimo hacerlo, son
personajes, a la manera de ciertos malos escritores (o incluso alguno bueno) tipo Francisco Umbral, Antonio Gala (el bueno podría ser Valle Inclán) y hasta creo que muchas de las chorradas que escribe, en ocasiones, no se las cree ni él mismo. ¿Tienen poder real? No lo sé pero si alguien es capaz de dejar de ver una película (que a priori le pueda interesar) porque Boyero ha escrito contra ella, no sé quién tiene un problema mayor si Boyero o el que hace caso (a estas alturas) a Boyero. No voy a negar que en EEUU ha habido una tradición de críticos poderosos (tipo Pauline Kael, Roger Ebert o Leonard Maltin) pero a la hora de la verdad el poder de esos críticos se ha sobredimensionado por parte de los que le dedicamos mucho a pensar sobre el cine porque el espectador medio de ese país si quiere ver una chorrada de Ron Howard o de James Cameron le da igual lo que escriban (o escribían porque han fallecido todos), y quiero creer que al seguidor de Jim Jarmusch o Robert Kramer tampoco le influyen especialmente lo que escriban, qué sé yo, Jonathan Rosenbaum o David Bordwell es su (magnífica) página web.
Luego está el hecho de que si me pongo a ver lo que votan normalmente como lo mejor del año los profesionales del cine, en circos como los Oscars, Goyas, Cesares y demás hierbajos por el estilo, y lo que votan, como lo mejor del año, la (mal) llamada crítica seria en el número de enero o febrero de sus revistas, la verdad es casi me quedo con los críticos, por mucho que las votaciones de éstos no me terminen de satisfacer.