El largometraje cuenta la historia de algunos personajes que viven en la ficticia ciudad de Borgo, basada en la ciudad de Rímini, ciudad natal de Federico Fellini, durante el período de la Italia fascista en la década de 1930. Con la apariencia inicial de la típica película costumbrista italiana, no tarda en adquirir una dimensión de ironía, farsa y esperpento. El título del filme 'a m'arcòrd' quiere decir literalmente 'yo me acuerdo', 'me acuerdo de' o 'recuerdo' en el emiliano-romañolo, la lengua románica propia de Emilia-Romaña, la región italiana donde está situada Rímini.
Contaba Fellini que conoció a Rota de un modo mágico: "un día le vi en una parada de autobús, le pregunté a dónde iba y me respondió que esperaba un bus. Yo sabía que ese bus no circulaba por esa zona, e intenté explicárselo, pero él se empeñó que el autobús sí pasaba por allí: y he aquí que el famoso bus apareció y se detuvo tranquilamente en la parada". Este incidente absurdo, poético, indefinible, es característico del clima que Nino Rota engendraba a su alrededor y fue el inicio de un binomio que sería sólido y legendario: ambos se complementaron tan perfectamente que la muerte del compositor, en 1979, dejó completamente descolocado a Fellini y su cine quedó huérfano. El tema principal es un claro ejemplo del buen hacer del maestro milanés, pues en él se amalgaman un sinfín de sentimientos: la sencillez de los personajes; el ambiente pueblerino, con su cura, su loco, su ciego, la pandilla de traviesos mequetrefes, la mujer adorada por todos, etc; la nostalgia y el recuerdo por el pasado del director; la magia y la ilusión de las cosas sencillas, aquellas que sólo se tienen cuando eres un adolescente; la rebeldía a lo impuesto, a lo injusto o incluso a lo prohibido; el despertar sexual, la pasión y el enamoramiento desesperado; la imaginación y el surrealismo puramente italiano.