Yo la recomendé y lo seguiré haciendo porque me parece una buena película independientemente de su nacionalidad. Sus cualidades son mesurables: solidez narrativa, progresión dramática, valores de producción, con Alfredo Fraile en la fotografía, Enrique Alarcón en la dirección de arte y José Caballero en el vestuario... Todos estos apartados me parecen no sólo solventes, sino brillantes en la mayoría de las ocasiones.keoma escribió:A mí tanto las interpretaciones -teatrales y exageradas, sobre todo las de la pareja protagonista- como el costumbrismo de los secundarios y los ambientes no me gustaron absolutamente nada. No sé si por ser española tenemos que abrir la mano, porque aquí mismo habéis estado hablando de cine negro y muchas películas de la misma época de El clavo se mantienen frescas, no sé muy bien por qué tendríamos que ser más condescendientes con el cine español. Un cine muy avejentado -para mí- y demasiado exagerado y melodramático.
Que Rafael Durán es un galán de su tiempo y que su estilo de declamación puede parecer trasnochado, también. Para mí funciona mejor en comedias como las inmediatas Ella, él y sus millones, La vida en un hilo o El destino se disculpa. Ahí su estilo, un poco ampuloso, se ciñe mejor a las prestaciones que se le solicitan.
En cuanto al trabajo de los intérpretes que figuran en cometidos de reparto, a mí me parece soberbio. Es, seguro, más obra de Gil que de Marquina, porque también se da en el resto de su filmografía de estos años. Aparte de ofrecer un contrapunto cómico evidente a la trama principal, creo que la operación pasa una vez más en esos años por introducir el sainete en otros registros, esto es, en recurrir a una tradición cultural propia y utilizarla para insertar una veta de raíz netamente popular a la que la Administración no era muy propicia por considererla "cochambre republicana".
Gil había sido crítico cinematográfico preocupado durante aquel periodo y es muy sensible a este tipo de hibridaciones, que se pueden rastrear en los resabios de expresionismo chez Universal que introduce en una coemedia "inverosímil" -en sentido estrictamente jardielesco- como Eloísa está debajo de un almendro o en sus incursiones en el universo de Capra en la primera versión de El hombre que se quiso matar y Huella de luz. Lo que pasa es que lo hace desde un punto de vista que para mí -acaso por edad, raíces o formación- me resulta muy próximo.

