@PREACHER, como me queda poco saldo ni me fijé en lo de
Junoon.
Sí, quiero.

Cuando puedas mándamela al correo y me la bajan cuando me lo revisen.
Bueno, volviendo con Keller, a lo que iba. No estoy de acuerdo contigo cuando afirmas que no hay fuerzas del destino en el cine negro (comentario de las 14:08). Primero, que la participación del destino (según su concepto original, griego, trágico) no está reñida con la crítica al establishment. Sucede simplemente que los “dioses” (como personificación del azar, del caos que todo lo envuelve) se suman a la fiesta. Que todo es caos me parece evidente e innegable mientras no se demuestre científicamente lo contrario, a saber: que la existencia tiene un sentido determinado. Los creyentes se agarran a Dios, encuentran el sentido en esa causa primigenia que incomprensiblemente no habría sido efecto de una causa previa y de cuyo misterio respondería la fe, es decir, un sinsentido en términos lógicos. Pero lo cierto es que caótica ha sido incluso la evolución de las especies. Darwin no está superado por su teoría de la imposición de los “fuertes”, sino porque creer que los fuertes se imponen le daría ya un sentido a su teoría (como, aplicado a las sociedades humanas, llevaron al extremo algunas ideologías), cosa que ha desmentido la Ciencia. La Zoología viene demostrando que la evolución de las especies se debe única y exclusivamente al azar, es decir, al destino (en un sentido poético, no religioso o esotérico). En otras palabras, que no se imponen los fuertes. A veces sí lo hacen; a veces, en cambio, no. Se impone, pues, el azar, que en unas ocasiones hace que unas especies se sobrepongan mejor a las adversidades gracias a unas características idóneas para la supervivencia pero que en otras hace que precisamente las mejor dotadas se extingan. En contra de las tesis darwinistas, no son las mutaciones evolutivas las que condicionan la supervivencia, sino la supervivencia, resultado del azar, la que condiciona esos cambios evolutivos. Por ejemplo, y para verlo mejor, una serpiente no desarrolla el veneno en un momento dado “para” sobrevivir, sino que, por el hecho fortuito de haber desarrollado ese veneno, sobrevive. Y esto no es una opinión. Como digo, viene siendo demostrado por la Ciencia, tirando así por la borda las tesis de supremacía natural. Y bien, ¿acaso no es esto puro azar, “destino”?
Segundo, y al grano, realmente me sorprende que se pueda negar esa participación del destino, azar o caos que rige la sucesión de los hechos en el mundo físico (afectando a los personajes que en él se desenvuelven) ya en la propia trama argumental de muchas de estas películas (por cierto, casi palpable en el cine negro francés; a quien no la haya visto le recomiendo el paradigma del fatalismo:
Le monte-charge, 1962). Los personajes de ficción, como nosotros, los seres de carne y hueso (aunque en el fondo igualmente ilusorios) están sujetos a la serie de acontecimientos que, según su orden de sucesión (un orden arbitrario, caprichoso, resultado, precisamente, del azar), define sus “destinos”, es decir, que condiciona en gran medida lo que va a pasarles. Lo están al menos, y de una forma extrema, en muchas películas del cine negro o, en algún caso, fronterizo con el noir:
Detour,
Le monte-charge,
The Killing,
Thérèse Raquin, etc., etc. Como lo estamos, en mayor o menor medida, las personas “reales”. ¿Cómo se conocen dos personas que acaban teniendo descendencia? Generalmente por azar. Y de ahí salimos cada uno de nosotros, que no seríamos los mismos, es decir, que no existiríamos, si nuestras madres no se hubieran fijado en nuestros padres, y viceversa, sino en cualquier otro tipo o en cualquier otra mujer aquel día al doblar la esquina. ¿No es eso azar?
Ahora, que exista el azar (verdadero motor de todo lo que se mueve delante de nuestras narices) no implica que las condiciones socio-económicas, el ambiente, el contexto, no determinen igualmente el porvenir de las personas (o de los personajes de ficción). Sucede que yo no encuentro el materialismo histórico contradictorio con el hecho de asumir que del azar depende el curso de casi todo. Son fuerzas complementarias que pueden favorecernos o constituirse en elementos adversos simultáneamente. No lo encuentro contradictorio porque no soy un idealista (en un sentido filosófico, quiero decir). En el caso del cine negro estas fuerzas están presentes constantemente y se alternan para destruir o “absolver”, según el caso y la voluntad del autor, del “dios” de la ficción, a los personajes. Pero esta presencia del azar en el noir (ya he citado algunos títulos, pero podríamos seguir trayendo otros, a fin de cuentas son innumerables) no implica tampoco, a su vez, una finalidad moralista. Ni una finalidad moralista ni ningún tipo de conformismo, o no necesariamente. Podrá responder, en todo caso, a ese “nihilismo” que en realidad no es otra cosa que escepticismo respecto a los ideales (religiosos o incluso políticos) que han venido sirviendo de justificación moral y hasta vital para tantos millones de personas durante los últimos siglos. Un nihilismo que, repito, en el fondo es clásico, antiguo, griego o romano. O sea, pagano.
Sé que esto te parecerá fatalista. Pero ser un fatalista no implica someterse, ni conformarse, ni justificar, como uno de los resultados del caos circundante, un orden basado en mentiras. Y, para cerrar ya el tema por mi parte y no darte más la tabarra, me parece oportuno señalar que precisamente el cine negro (o cierto cine negro) demuestra cómo ese fatalismo no es incompatible con el espíritu crítico, la resistencia y hasta la rebeldía. Y es que los héroes del noir suelen ser estoicos descreídos que aun así acaban haciendo aquello que creen justo o que favorece a los más castigados por la sociedad y el azar, defendiendo a menudo las llamadas “causas perdidas”.