Re: La película que ví ayer (en casa)
Publicado: 20 Abr 2016 19:55
No sé nada de esa tal Síntesis, soy como el cubano del puro.
En todo caso, ahí va otro hueso, que dejaron a medio roer Loperena y Super8:
“Sodoma me ha parecido siempre una fantasía sexual del viejo Pasolini.”
En cambio yo he visto siempre en la primera parte de esta inconclusa Trilogía de la Muerte, como si se proyectaran parcialmente ya en ella las otras dos no rodadas, una especie de parábola, una asociación entre el consumismo de la sociedad que llamamos “capitalista” (todo esto a ojos de Pasolini y al margen de valoraciones personales) y la anulación del individuo en los totalitarismos (empezando por el fascismo). Algo así como un tratado inacabado sobre la relación entre la perversión y el poder, que, teniendo en cuenta las ideas de su director, habría acabado abarcando (abarcaría ya, de hecho) los vínculos entre la perversión y el mercado. Si en la Trilogía de la Vida la pulsión de vivir se imponía finalmente a las crueldades humanas y a las cadenas sociales, parece que aquí Pasolini cambiaría radicalmente su discurso señalando cómo los mecanismos del poder, una vez perfeccionados, garantizarían la destrucción de esa pulsión, el triunfo del reino de la muerte en la era de las ideologías, siendo la última ésa hoy imperante y que sin embargo pasa desapercibida, y que algunos ingenuos llaman “libre mercado”.
La película es muy dura, moralmente repulsiva. Una experiencia desagradable, sin duda. Y no apta para todos los públicos. Yo la vi por primera vez en Cinematk, cuando estaba Esteve Riambau, y por segunda y última vez cuando se la puse a uno que se las daba de duro y decía que ninguna película le haría nunca bajar la vista de la pantalla. Pero la bajó cuando el juez viola a uno de los adolescentes. Y la bajó de nuevo cuando el degenerado que se relame ante el dolor ajeno (literalmente) está viendo con unos prismáticos cómo le arrancan la lengua al que había sido su esclavo sexual.
Pero lo dicho. Siempre la interpreté como que Pasolini, a disgusto con la sociedad en que vivía, pretendió que su película fuese un espejo donde el público se viese reflejado, asociando la alienación fascista con la “cosificación” en el capitalismo ya triunfante. En cualquier caso no es una película intelectual (quiero decir, simbólica, fragmentaria, de ritmo moroso…), sino visceral y directa.
A mí me revolvió las tripas.
En todo caso, ahí va otro hueso, que dejaron a medio roer Loperena y Super8:
“Sodoma me ha parecido siempre una fantasía sexual del viejo Pasolini.”
En cambio yo he visto siempre en la primera parte de esta inconclusa Trilogía de la Muerte, como si se proyectaran parcialmente ya en ella las otras dos no rodadas, una especie de parábola, una asociación entre el consumismo de la sociedad que llamamos “capitalista” (todo esto a ojos de Pasolini y al margen de valoraciones personales) y la anulación del individuo en los totalitarismos (empezando por el fascismo). Algo así como un tratado inacabado sobre la relación entre la perversión y el poder, que, teniendo en cuenta las ideas de su director, habría acabado abarcando (abarcaría ya, de hecho) los vínculos entre la perversión y el mercado. Si en la Trilogía de la Vida la pulsión de vivir se imponía finalmente a las crueldades humanas y a las cadenas sociales, parece que aquí Pasolini cambiaría radicalmente su discurso señalando cómo los mecanismos del poder, una vez perfeccionados, garantizarían la destrucción de esa pulsión, el triunfo del reino de la muerte en la era de las ideologías, siendo la última ésa hoy imperante y que sin embargo pasa desapercibida, y que algunos ingenuos llaman “libre mercado”.
La película es muy dura, moralmente repulsiva. Una experiencia desagradable, sin duda. Y no apta para todos los públicos. Yo la vi por primera vez en Cinematk, cuando estaba Esteve Riambau, y por segunda y última vez cuando se la puse a uno que se las daba de duro y decía que ninguna película le haría nunca bajar la vista de la pantalla. Pero la bajó cuando el juez viola a uno de los adolescentes. Y la bajó de nuevo cuando el degenerado que se relame ante el dolor ajeno (literalmente) está viendo con unos prismáticos cómo le arrancan la lengua al que había sido su esclavo sexual.
Pero lo dicho. Siempre la interpreté como que Pasolini, a disgusto con la sociedad en que vivía, pretendió que su película fuese un espejo donde el público se viese reflejado, asociando la alienación fascista con la “cosificación” en el capitalismo ya triunfante. En cualquier caso no es una película intelectual (quiero decir, simbólica, fragmentaria, de ritmo moroso…), sino visceral y directa.
A mí me revolvió las tripas.





