
La sensualidad pervertida
Esta película se cierra resucitando a Baroja (tal vez a esa chica sin norte, de sonrisa alegre y triste mirada, se le abran finalmente los ojos después de que el enésimo desconocido con el que trata de intimar se refiere a lo triste que es esa novela, y, por extensión, su propia vida, la de ella), aunque aquí las circunstancias sociales perviertan a los protagonistas en un sentido inverso, si bien, ya sea por represión o su contrario, en ambos casos lo que se concluye es que España primero nos anula, después nos corrompe, y definitivamente nos destruye.
Lo que personalmente echo en falta en Sus años dorados, crónica del desencanto, panorámica de una juventud en paro y de una sociedad sin ilusiones (eterna canción, verdadero himno, marcha fúnebre nacional, en contraste con las cantinelas de su clase dirigente), es más garra, más poesía, y también un mayor protagonismo de lo explícito (que por mucho que las comparaciones sean odiosas es lo que caracteriza al cine italiano, su viveza, su fuerza). Siempre ese tono bajo, medio resignado, ese ritmo moroso, esas voces apáticas, como murmullos, esa falta de sangre…, de casi todo el cine español.
Aparte, cómo no, al menos a mí me sobra la ligereza con que se plantea la cuestión sexual (algo que es decisivo en esta historia, bastante desaprovechada, ya que teniendo en cuenta su principio y fin, así como las circunstancias de esa pareja que en realidad no lo es nunca, salvo en un momento degradante, había material para una gran crónica amorosa). ¿Con cuántos te has acostado?, le dice siempre él a ella en este tipo de películas, donde todos acaban enrollándose con todos. Sin duda el resultado (artificial, impostado) de muchas décadas de represión nacional-católica. El español como ese adolescente salido del seminario al que por fin no van a castigar por hablar de “eso”. Lo que sucede (en mi opinión, por supuesto), es que al banalizar el sexo te cargas la tensión en escena y con ello la propia tensión dramática. Si un beso, un desnudo, o un polvo no significan nada, mejor omítelos en pantalla. No ruedes con desgana.
Mención aparte la belleza de la actriz protagonista, seu negro olhar. Cómo me hubiera gustado poder haber hecho cine cuando aún era posible. Pero para filmar la rebeldía, cantos de esperanza, no la resignación y el pasotismo. En esa chica había una musa. Triste, con una mano invisible tendida esperando que alguien la arrastrase al baile de la vida.

