Jo, ahora con carátulas y estrellitas. Yo sigo con el método tradicional, aunque no pueda competir.
Angel in Exile (Allan Dwan & Philip Ford, 1948). Un hombre y su socio utilizan una mina abandonada como tapadera para blanquear el oro de un robo. Una serie B de género impreciso (thriller que se torna drama en ambientación western) en que no todo combina adecuadamente, aunque es precisamente esta poco convencional mezcla lo que la distingue. De hecho las mejores secuencias son las de la sanación, cuando más recuerda a la sublime “Una balsa a la deriva”.
Warrior (Gavin O'Connor, 2011). Dos hermanos enfrentados desde hace años se apuntan a un torneo de artes marciales. La historia ya la hemos visto muchas veces, un luchador en horas bajas se lanza a preparar un último torneo/pelea. La novedad aquí es que hay dos líneas argumentales que siguen a dos personajes abocados a un enfrentamiento final, lo que le da mayor fuerza dramática.
Wu yan de shan qiu (Wang Toon, 1992). Dos campesinos buscan trabajo en las minas de oro dirigidas por el invasor japonés. El tercer episodio de la trilogía iniciada por “Strawman” ambientada en el Taiwán ocupado por los japoneses. De nuevo un contexto dramático visto con calidez y humor, con estimables resultados.
Les voleurs de la nuit (Samuel Fuller, 1984). Una joven pareja decide vengarse de los odiosos funcionarios de la oficina de empleo. Después de los problemas de sus últimas películas (“Uno Rojo: División de choche” y “Perro blanco”), Fuller acabó con sus huesos en Francia. La película presenta un batiburrillo de influencias que van desde la nouvelle vague hasta el poliziotteschi (música de Morricone) y produce cierta simpatía.
La noire de... (Ousmane Sembene, 1966). Una joven de color contratada como niñera en Dakar acaba como criada en Francia. El primer largometraje de Sembene, con diálogos y voz en off añadidos en la postproducción. De carácter claramente alegórico (colonialismo, racismo).
Historia de una noche (Luis Saslavsky, 1941)
Imburnal (Sherad Anthony Sanchez, 2008). Los jóvenes de una aldea pasan la mayor parte de su tiempo libre en los imbornals de pluviales. Tres horas y media sin trama, con largos planos a menudo estáticos, interminables silencios o conversaciones banales. Un Lav Diaz en pequeño. El que crea que el cine de Lisandro Alonso es lento, no conoce a estos filipinos. Cuidado con el fundido a negro de ¡¡10 minutos!! a mitad de película, es para comer el bocadillo y volver con energías renovadas.
The Door in the Floor (Tod Williams, 2004). Un matrimonio entra en crisis al no poder superar los traumas del pasado. Adaptación de una novela de John Irving, en que el protagonista es un joven aspirante a escritor contratado como ayudante por un disipado autor de éxito. Huelga decir que se trata de un drama emocional bastante literario (y eso que evita la voz en off, casi siempre obligada en este tipo de historias).
Tsuitô no zawameki (Yoshihiko Matsui, 1988). Sin comentarios (reconozco haber desconectado durante buena parte del interminable metraje). Había una historia de un tipo y una muñeca hinchable y la infidelidad de esta, pero nada que ver con Berlanga.
Night of the Big Heat (Terence Fisher, 1967). Los habitantes de una isla sufren una inexplicable ola de calor acompañada de extraños sucesos. Una modestísima serie B de ciencia-ficción rodada por Fisher fuera de la Hammer, que compite en encanto con la serie Quatermass de la mítica productora. Ni caso a las pésimas críticas.
Vesyolye rebyata (Grigori Aleksandrov, 1934). Un pastor es confundido con un músico de prestigio. Una payasada musical a la rusa. Considerada un clásico.
Cal (Pat O'Connor, 1984). Un joven católico norirlandés se enamora de una viuda a pesar de estar involucrado en el asesinato de su marido. Efectivo drama con trasfondo en el conflicto norirlandés, aunque con un claro enfoque británico. Recordada por la BSO de Mark Knopfler.
Gospodin oformitel (Oleg Teptsov, 1987). Un excéntrico artista cree reconocer a una antigua modelo e indaga sobre su identidad con resultados inesperados. Una buena historia, que pasa del drama al romance, después al misterio, la fantasía y, finalmente, el horror. Desgraciadamente concentra casi todos sus esfuerzos en el diseño de producción.
Il boia di Lilla (Vittorio Cottafavi, 1952). Una bella joven utiliza sus encantos para manipular a los hombres y convertirse en una rica dama. Sin los medios que la MGM podía ofrecer, Cottafavi realizó este spin-off de "Los tres mosqueteros" centrándose en el personaje de Milady de Winter, a base de elipisis y mucha imaginación.
El bosque del lobo (Pedro Olea, 1970). Un buhonero sufre ataques que le empujan al asesinato. El mito del hombre lobo en enfoque realista/naturalista, ambientado en los bosques de Galicia y con una gran creación de López Vázquez.