Hey Babu Riba (título para USA) /
Bailando en el agua, de Jovan Acin, 1985 (Yugoslavia)
Una película a la que me acerqué por su argumento: cuatro viejos amigos, yugoslavos emigrados, se reencuentran en Belgrado muchos años después al asistir al funeral de la chica de la que estaban enamorados.
Bien, me gustó. Y me gusta su concepción dramática, situar a los personajes en el curso de la Historia, partícipes (más bien víctimas, como lo somos todos) de los acontecimientos que se suceden. Ya no se trata de ser juguetes del destino, como se proponía antaño. En el mundo moderno, más que nunca, somos títeres de los cambios socio-políticos, atrapados en la noria del "progreso". ¿Quién no habla de progreso? Fascistas, nazis, comunistas, liberales...
Sin embargo, hay algunos aspectos de
Hey Babu Riba que hicieron que, poco a poco, empezara a sentirme defraudado. Uno tiene una importancia relativa: la iniciación sexual de los amigos, la picaresca con que se describe... creo que le resta fuerza a ese conflicto (que los cuatros estén enamorados de la misma chica, siempre esquiva si se le declaran), por otra parte no lo suficientemente aprovechado o explotado. El otro ya me parece más grave: la sátira política, con carantoñas incluidas a los Estados Unidos. Primero, y esto es algo habitual en cierto cine yugoslavo, resulta cuanto menos incongruente la denuncia sistemática de la represión de los elementos estalinistas en Yugoslavia. El imperialismo ruso fue, es, un hecho, ya fuera con los zares, Stalin, el post-estalinismo, el putinismo... Yugoslavia, reivindicándose como actor independiente en la escenificación de la guerra fría, se defendió de esa agresión, indisimulada, de los rusos. En
Hey Babu Riba, tenemos a un ex-estalinista caricaturizado, que pasa de tatuarse al dictador georgiano en las muñecas a convertirse en agente político de Tito. En lo que se refiere a la coherencia de la historia que se me está contando, aprecio otra incongruencia: un ex-estalinista no tenía demasiadas opciones de abrirse paso como titista. Es decir, que Acin intenta machacar a los comunistas como sea, y para ello esboza un retrato caricaturesco, el del repelente personaje que persigue a la chica, a Marijana. La idea, que conste, es buena: mostrar cómo en Yugoslavia, como en España, como en Estados Unidos, como en todas partes, supongo, el "enchufado", el arribista, el trepa, se sale, en cierto modo, con la suya. Tenemos entonces a unos chavales que ven cómo ese impostor asedia a la chica por la que todos ellos están colados, lo que constituye la prueba más amarga de su paso a la madurez. Hasta ahí, tudo bem. Mi crítica se centra en el trazo grueso de esos perfiles, trazo que obedece a una intencionalidad política demasiado obvia (otro ejemplo sería la "inquilina" en casa de uno de los protagonistas, una tipa que presume de tirarse a un cargo del partido y, a sabiendas de que hay gente tras la puerta, jadea como una loca).
Hey Babu Riba guarda cierta relación (salvando distancias) con grandes películas como
C'eravamo tanto amati. Lo que cambia es la óptica política. Frente a la elegía por los sueños perdidos, una oda algo ingenua al "mundo libre". Que hagan ahora una encuesta en Belgrado...