Fant (Tancred Ibsen, 1937). Una joven huye de casa y busca refugio en la barca de un gitano, quien, bajo una jovial apariencia, resulta ser un sinvergüenza. Un drama rodado enteramente en los fiordos y con no pocas escenas a bordo de barcas, lo que le da un aire fresco comparado a las producciones de estudio. Considerada un clásico del cine noruego y, ciertamente, muy estimable.
Caídos del cielo (Francisco J. Lombardi, 1990). Tres historias ligeramente interconectadas, dos previsibles y una tercera, más atractiva, sobre el romance entre un locutor de radio y una chica que esconde un terrible secreto. Buena dirección de Lombardi.
Tösen från Stormyrtorpet (Victor Sjöström, 1917). Una joven madre soltera rechazada por todos es acogida por una familia bien. Melodrama social-moral de los que hicieron de Sjöström uno de los grandes maestros de la historia del cine. Debería ser de visión obligada para los cineastas de ahora, quienes identifican la
narración dinámica con hacer dar vueltas a la cámara indiscriminadamente o diseñar complicadas coreografías dentro un mismo plano secuencia.
Iracema - Uma Transa Amazônica (Jorge Bodanzky & Orlando Senna, 1975). Una prostituta acompaña a un camionero que transporta madera de la Selva Amazónica. Drama de estilo semi-documental que refleja el (sub)desarrollo económico-social de Brasil en general y la Amazonia en particular.
Noruwei no mori (Tran Anh Hung, 2010). Un joven inicia una relación con la que fuera novia de su mejor amigo, quien se ha suicidado. Adaptación de la novela de Murakami a cargo del sobrevalorado vietnamita Tran Anh Hung. Se pasa de lirismo.
Shakha Proshakha (Satyajit Ray, 1990). Cuatro hermanos se reúnen cuando su padre enferma. Algo dilatada, estática y parlanchina, pero de temática tan en candelero que parece hecha para proyectarse aquí y ahora:
La honestidad es la mejor política.
Kid Galahad (Michael Curtiz, 1937). Un mánager de boxeo descubre a un joven con potencial de campeón. Mejor de lo que recordaba, tan dinámica como las mejores producciones Warner de la época y sin perder atención a los detalles y los personajes secundarios (esa madre).
Tsuchi (Tomu Uchida, 1939). Un hosco campesino no es capaz de sacar adelante a su familia debido a diversos infortunios. Un poderoso film de ambientación rural y vocación realista. Desgraciadamente buena parte de su impacto queda devaluado por una única copia superviviente pobre e incompleta (sin el principio ni el final).
The Sunshine Boys (Herbert Ross, 1975). A dos ancianos actores de vodevil les ofrecen un último número, aunque hace años que no se hablan. Dilatada e histriónica adaptación de una obra de Neil Simon que, por comparación, hace de "Ginger y Fred" una obra maestra.
La nana (Sebastián Silva, 2009). Una criada de carácter reservado intenta mantener su posición cuando la familia contrata a otra chica para ayudarla. Estudio de un personaje agrio y poco agraciado, rodado en poco tiempo y con bajo presupuesto aprovechando las ventajas del cine digital. A mí no me gusta nada la apariencia del digital, espero no tener que acostumbrarme.
Le père de mes enfants (Mia Hansen-Løve, 2009). La vida de un hiperactivo productor de cine y su familia cambia bruscamente por las deudas de su empresa. Aunque partida por la mitad, la película tiene un desarrollo tan implacable en la primera como en la segunda parte, y de gran verismo. Habrá que seguir a esta chica.
Class of 1999 (Mark L. Lester, 1990). En un instituto dominado por las bandas se introducen profesores-robot para controlar la violencia. Demencial secuela de la aceptable "Curso 1984", aquí con elementos tomados de "Almas de metal", "Terminator" y "Robocop". Horrible.
1860 (Alessandro Blasetti, 1934). Los sicilianos, acosados por los borbones, envían a un mensajero en busca de la ayuda de Garibaldi. Dejando a un lado la apropiación ideológica por el régimen fascista, una estimable dramatización histórica. La extraña fragmentación narrativa le da un cierto aire de modernidad.
Posse (Kirk Douglas, 1975). Un marshal pretende cazar a un famoso bandido para favorecer su carrera política. A Kirk Douglas debió gustarle el resultado de "El día de los tramposos" e intentó aquí, en su segunda realización, otro western subversivo. No hace falta decir que Mankiewicz era mucho Mankiewicz.