D.E.P.
Además de destacar su excelente labor de historiador (sin rehuir el análisis y la opinión aunque subordinándolo a la labor de documentación) del cine, del cómic, de la novela negra, del jazz (estupendas sus colaboraciones en la enciclopedia Maestros del Jazz y del Blues que coordinó el gran Carlos Sampayo) y en los últimos años de las relaciones entre la novela estadounidense de la primera mitad de siglo XX y sus adaptaciones al cine, quisiera comentar otra de sus facetas (menos recordadas) como fue su coordinación de dos colecciones de novela negra: una en castellano concretamente la colección Black de Plaza Janes; y la otra en catalán, La Cua de Palla.
En ambas Coma se dedicó a hacer dos cosas tan admirables como poco habituales en la mayor parte de las editoriales del género. La primera de ellas a editar novelas que nunca habían aparecido en castellano (o en ninguna lengua estatal), en este caso hay que destacar que aparecieron obras claves de la novela negra como
La mujer del pelirrojo de B. Ballinger,
La viña de Salomón de J. Latimer,
Alta Sierra de W. R. Burnett,
Son ladrones como nosotros de E. Anderson,
La noche a través del espejo de F. Brown,
Fuego en la carne de Goodis, la mayor parte de las novelas de la primera etapa de D. E. Westlake, etc. La segunda fue editarlas con enorme rigor, con prólogos sustanciosos y unos anexos finales estupendos y llenos de valiosa información que ayudaban a conocer mejor la obra y al escritor.
Puede parecer una tarea menor pero cuando algunas editoriales actuales (RBA por ejemplo) se dedican a sacar la mismas novelas de siempre (de Hammett, Chandler, MacDonald, Cain, Thompson...) -y cuya condición de clásicos y excelencia no les discuto- en las misma traducciones que se hicieron en los años 70 y principios de los 80 (en Bruguera, Alianza, Alfa, Martínez Roca,etc., probablemente sin pagar a sus traductores) a precios de lujo (de 17 a 21 euros al principio aunque ahora están a precios más rezonables), con encuadernaciones pegadas (casi tan mal como las viejas de Bruguera), sin prólogos ni nada, repito que, cuando esto es lo normal en el mercado patrio, hay que reconocer el rigor de Coma que no sólo se reducía a la teoría sino que cuando pudo (o lo dejaron) lo demostró con hechos.
También me viene a la cabeza (con dolor) en este momento (como frecuentador del mundo cómic durante muchos años) lo mal que lo ha tratado en la últimos 25 años
mi generación (con honrosas excepciones), pero bueno basta con echar un vistazo a sus libros sobre el cómic (cualquiera de los que escribió en solitario o la Historia del Cómic que coordinó para Toutain) para comprobar la enorme diferencia que hay entre unos libros (aún vigentes) y la mayoría de los que se publican en la actualidad.