Entre todos los intentos de llevar la música popular al ámbito de la música ¿culta? ¿clásica? ¿seria? ¿de salón de conciertos? (nunca termino de saber cual es el término adecuado porque todos me parecen que establecen límites y jerarquías que no me convencen) uno de los que más ternura me despiertan es del Scott Joplin, autor de
Treemonisha, una insólita ópera-ragtime. Joplin quiso ser considerado como un músico culto, compositor de una música de raiz afroamericana que pudiera interpretarse en los grandes salones de concierto de todo el mundo y que trascendiera el ámbito de los tugurios y prostículos de los subrubios urbanos. No lo consiguió: no era fácil ser negro y vivir en el sur de Estados Unidos en los últimos años del siglo XIX y los primeros del XX. Compuso medio centenar de ragtimes, con gran éxito, y un ballet y varias óperas que cosecharon estruendosos fracasos. Precisamente el fracaso de su ópera-ragtime
Treemonisha le sumió en una depresión que arruinó los últimos días de su vida. Murió en 1917, de una demencia generada por la sifilis.
Joplin cayó prácticamente en el olvido cuando el ragtime dejó de estar de moda, y resucitó décadas después de su muerte cuando Marvin Hamlisch recuperó sus ragtimes para la banda sonora de la película El golpe. La película desató una fiebre sobre la obra de Joplin, gracias a la cual Treemonisha salió del olvido, más de sesenta años después de ser compuesta. Hoy es una de las óperas más representadas de Estados Unidos.
http://www.youtube.com/watch?v=ukgWU6JCZkg