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Unas fotos en la ciudad de Sylvia (José Luis Guerín, 2007) DVDRip VO

Publicado: 27 Nov 2012 23:55
por OrsonHitchcock
Unas fotos en la ciudad de Sylvia (José Luis Guerín, 2007) DvdRip Muda
Imagen
Imdb
http://www.imdb.com/title/tt1146298/

Ficha técnica
66 mín., vídeo digital, B/N 4/3, Muda con intertítulos

Ficha artística
Guión y realización
José Luis Guerin
Montaje
Núria Esquerra

Sinopsis
El narrador nos cuenta su búsqueda de una mujer, Sylvia, a través de las calles de la ciudad en la que la conoció veinte años atrás.
Datos técnicos

Código: Seleccionar todo

Nombre completo                  : QFDLVDS (Guerin 2007)DvdRip CFC.avi
Formato                          : AVI
Formato/Info                     : Audio Video Interleave
Tamaño del archivo               : 290MB
Duración                         : 1h 6min.
Tasa de bits total               : 608Kbps
Aplicación de codifición         : DigiArty AV Encoder Core

Video
ID                               : 0
Formato                          : MPEG-4 Visual
Formato del perfil               : Simple@L1
Ajustes del formato, BVOP        : No
Ajustes del formato, Qpel        : No
Ajustes del formato, GMC         : No warppoints
Ajustes del formato, Matrix      : Default (H.263)
ID Códec                         : DX50
ID Códec/Pista                   : DivX 5
Duración                         : 1h 6min.
Tasa de bits                     : 603Kbps
Ancho                            : 720pixeles
Alto                             : 540pixeles
Relación de aspecto              : 4:3
Velocidad de cuadro              : 25,000fps
ColorSpace                       : YUV
ChromaSubsampling                : 4:2:0
BitDepth/String                  : 8bits
Tipo de exploración              : Progresivo
Bits/(Pixel*cuadro)              : 0.062
Tamaño de pista                  : 288MB (99%)
Librería de codificación         : DigiArty AV Encoder Core
Unas capturas
Imagen
Algo verdaderamente nuevo
A propósito de Unas fotos en la ciudad de Sylvia

por Miguel Marías

“Hay que volver a empezar de cero”.
(J.-L. Godard hacia 1966)

Para mayor claridad, permitan que les cuente tres historias que no tienen nada que ver entre sí.
Un día, en 1983, sonó mi teléfono. Un joven del que no había oído hablar, José Luis Guerin, que más adelante resultó que tenía 23 años y vivía en Barcelona, organizaba en Madrid un pase de su primera película y deseaba que yo la presentase. Le dije que antes hacía falta que la viera y que me gustase lo suficiente. Lo cual ocurrió unos días más tarde. Una vez hube aceptado presentar su película, le pregunté por qué había pensado en mí. Su respuesta fue que había leído y apreciado algunas de mis críticas, y una en particular, alrededor de nueve años atrás, sobre Lancelot du Lac de Bresson. Estaba doblemente intrigado, pues a muy poca gente le había gustado la película de Bresson – y él sólo tenía catorce años en esa época – y yo había adivinado algo de bressoniano en su película Los motivos de Berta. Así empezó una de nuestras largas conversaciones distendidas que siempre le hacían llegar tarde a las citas (todavía me siento culpable de que un día hiciera esperar a Marcel Hanoun). Ya era muy poco habitual para un hombre tan joven hablar de Flaherty, Griffith y Dovjenko como si fueran sus contemporáneos, al mismo nivel que Godard, Eustache o Garrel, ninguno de los cuales era muy conocido ni apreciado entre los cinéfilos o los cineastas españoles a principios de los ochenta. Guerin era sin duda alguna único. Y no sólo ha cumplido, sino regularmente sobrepasado, las promesas contenidas en su primer largometraje. Hizo en 1990 Innisfree, en Irlanda, alrededor de los recuerdos dejados en Cong, Mayo County, por el rodaje de la película de John Ford, The Quiet Man en 1952, película rodada en inglés y en gaélico; en 1996, rodó en Francia Tren de sombras (Le Spectre du Thuit), una fascinante búsqueda prácticamente sin diálogos, a partir de fragmentos de película procedentes de una película familiar (en realidad fabricada por el propio Guerin); en 2000, rodó en Barcelona, en su ciudad natal En construcción, un documental muy personal, premiada a menudo (especialmente por el Gran Premio Nacional de cine), lo que le convirtió en una personalidad relativamente reconocida. Parece ser que he sido el primero en visionar cada una de sus películas pero lo afirmo (aunque la gente se sorprende cuando ve vuestro nombre entre los agradecimientos de los títulos de crédito), no he hecho otra cosa que animarlo y apoyar su punto de vista frente a los productores y aquellos que querían acortar sus películas, lo que las habría empobrecido y alterado su ritmo perfecto. Desde entonces ha seguido dando conferencias y enseñando a los jóvenes a hacer películas no convencionales y siempre está ocupado trabajando sobre una nueva película.
En una cinematografía de tamaño mediano como en España, donde no es verdaderamente una industria sino más bien una mezcla de pequeñas empresas y de artesanado individual que no siempre se entienden entre sí, las únicas películas originales, ambiciosas e interesantes las hacen un número decreciente de directores independientes, suficientemente motivados para soportar largos periodos de paro, de frustración e incluso de pobreza. Todavía creen que el cine puede ser un arte e intentan lograrlo. Los jóvenes cineastas más prometedores han hecho de Víctor Erice, a su pesar, una “figura paterna” o un modelo y peligran de dirigir tan pocas películas como él. Hay malas y buenas temporadas en esta frágil industria nuestra, según el número de directores que consiguen hacer una película (incluso un cortometraje), pero en 2005, la producción ha sido muy floja, no obstante las opiniones oficiales complacientes de la mayoría de críticos y cineastas y a pesar del deprimente éxito en taquilla de algunas de las peores películas. Y por tanto, la “mejor película del año” no existe.
Sin embargo, existe en verdad esa “mejor película” de 2005, y yo la he visto once veces en tres versiones diferentes hasta ahora. Pero no tiene existencia oficial: el ministerio de cultura no ha oído hablar nunca de ella, no la ha examinado ni registrado, ni aparece tampoco en el catálogo de 2005 del cine español. Nunca se ha exhibido en público. Debido a mi insistencia, Guerin la ha proyectado en privado para algunos amigos y ha rechazado hasta ahora enseñársela a responsables de festivales. Todo esto bajo la discutible excusa de que no se trata verdaderamente de una película, sino de una especie de plan fotográfico destinado a un largometraje por hacer que según él tiene que ser rodado en 35mm (y no con una pequeña cámara de vídeo de baja definición y en parte con una cámara de fotos), en color (el “prototipo” es en blanco y negro pues Guerin la ha desaturado por completo), con diálogos, sonidos y música (en lugar de ser completamente silencioso, como creo que debería seguir siendo), sin intertítulos (mientras que se trata de una película para leer y es una experiencia esencial el ver aparecerlas palabras sobre la pantalla, como en algunas de las últimas películas de Godard) y con un movimiento normal (de hecho, casi se parece a La Jetée puesto que casi todas las imágenes son fijas y no hacen aparecer más que de vez en cuando ligeros movimientos, breves, efímeros, movimientos suspendidos, un poco como en ciertas películas de Godard a partir de Sauve qui peut (La vie).
Pero no es del todo cierto, como pretende el autor, que se trate de un batiburrillo o de una acumulación de notas tomadas al azar para preparar una película, o incluso de un esbozo preliminar para una película venidera – que sería en mi opinión redundante, ya que Guerin ya la ha hecho y con éxito, de una manera innovadora y más económica. Lejos de ser una pre-producción a escala pequeña, se trata de una mezcla minuciosamente montada, estructurada y ritmada de relato y reflexión, de recuerdos y especulaciones, llena de misterio, con un agudo sentido de la observación, ininterrumpida, tal vez sin fin, que recuerda primero a Vértigo de Hitchcock, y un poco después a Reminiscences of a Journey to Lithuania de Jonas Mekas, donde sugiere un desarrollo de Photos de Alix de Eustache más largo y más complejo. Arrojo todas esas referencias no para “inflar” la película, sino para ayudar al lector a captar la peculiar naturaleza; una película que no puede ver y a la que tal vez nunca tendrá la ocasión de echar un ojo. Y se trata de una cosa única que me parece muy difícil de describir.
De hecho, se titula Unas fotos… en la ciudad de Sylvia y otras ciudades. Lo que podría traducirse por Quelques photos… dans la ville de Sylvia et d’autres villes. De todas maneras, el título es lo que menos me gusta. Devalúa la película (aunque limitada, como todo en este mundo, está lejos de ser “unas fotos”) e induce completamente al error. No sugiere para nada el dinamismo del relato que hace avanzar la película (en todos los sentidos del término) aunque las imágenes suelan ser fijas y su animación de hecho deliberada. Para permanecer lo más cerca posible del título actual, la película debería llamarse, por ejemplo: A la recherche de Sylvia à travers sa ville et d’autres cités. Aunque Guerin desee ocultar hasta qué punto se trata de una película personal y subjetiva (me pregunto cómo, e incluso por qué – es tímido sin duda, pero…) y prefiera pretender que Unas fotos… no tiene nada que ver con un diario íntimo.
Sea como sea, lo que es realmente significativo es el punto de partida de aquello que ha devenido finalmente una especie de ficción especulativa muy particular, que me hace pensar en una versión luminosa de Nadja de André Breton que el director curiosamente no ha leído. Guerin o el narrador invisible que se dirige a nosotros en silencio, por breves frases escritas, conoció en Estrasburgo en 1980 a una chica llamada Sylvia, que hablaba un poco español porque había hecho estudios de enfermería en Salamanca. Nunca lo supo u olvidó su apellido. Los únicos recuerdos de su encuentro eran una caja de cerillas del café “Les Aviateurs”, donde se habían conocido y habían charlado, y un posavasos en el que estaba apuntada la dirección de un librero que, veinte años después, cuando Guerin intentó encontrarlo, ya no existía.
Sabiendo su profesión, Guerin toma un plano de la ciudad y señala todos los lugares en que podría estar: hospitales, clínicas, facultad de medicina… Se mueve alrededor de esos lugares, observando con anhelo. Mirando a todas las chicas que se cruzan con él a pie o en bicicleta, esperando para un encuentro o para cruzar la calle, sentadas en un café o en un restaurante. Al principio, parece no darse cuenta, puesto que han pasado veinte años, que toda chica que se parezca a Sylvia sería más bien su propia hija. Finalmente, observando a mujeres de todas las edades sin encontrar a Sylvia, empieza a interesarse, a sentirse intrigado o atraído por muchas otras completamente diferentes de Sylvia, e incluso a seguir a algunas por las calles de la ciudad. Acordándose del amor de Goethe por Charlotte (o Lotte) que también era de Estrasburgo, sueña con placer en el momento en que aparece que el personaje de Werther que tanto se le parecía, tenía unos ojos de otro color que la suya.
No diré nada más sobre Unas fotos…, porque parte de la exaltación que produce la película proviene de los vínculos y asociaciones que imagina Guerin. Perdería su suspense casi hitchcockiano, su “drôle de chemin” bressoniano donde “el viento sopla donde quiere”, el sentido de la promenade – lo que en francés llamarían “flâneries” – a través de distintas ciudades de Europa y que cuenta en buena parte como su encanto particular. Basta con sugerir que se trata de una película verdaderamente europea en su espíritu y referencias culturales, Petrarca y Laura, Dante y Beatriz cruzan sus caminos en el pasado de ciudades revisitadas mientras el narrador se pregunta dónde exactamente y desde qué punto de vista los poetas se fijaron por primera vez en las mujeres de las que se volvieron obsesionados, lo cual es de hecho una preocupación de cineasta.
No comprendo la reticencia de Guerin por enseñar la película más que en un punto: se trata probablemente de un nuevo tipo de cine, probablemente demasiado alejado de lo ordinario y la época no se presta a tales experiencias. Y es cierto que se me hace difícil imaginar un tiempo en que una película como Unas fotos… sea proyectada normalmente en su sala de cine, sea cual sea el lugar en el que vivan (incluso en París). Tal vez sea una experiencia demasiado íntima para tener a su alrededor a gente que no conocen. Y el silencio absoluto que me parece tan necesario para verla correctamente, sin ningún ritmo de música interfiriendo con los de la película, sin sonido ni diálogo, ni música anunciando, subrayando, acentuando o “poetizando” ciertas partes, sería posiblemente tan peligroso en una sala vacía como en una sala llena de gente. La mayoría de la gente reacciona muy agresivamente a un silencio prolongado; creerían que el sonido no funciona bien y empezarían a gritar y soltar risotadas, antes de hacerse cargo contrariados y furiosos de que la película es en verdad totalmente silenciosa. Lo que provocaría una reacción defensiva contra una película que exige tanta atención y concentración en sus imágenes y que no deja reposar, ninguna tregua, ningún indicio, ninguna esperanza de distracción de la pantalla. Una nueva forma de cine pide tal vez una nueva forma de comunicación con el público, que no sería una multitud sino individuos, pequeños grupos de amigos alrededor de una pantalla de televisión, en la intimidad de sus casas. Tal vez debería ser distribuido en DVD o difundido en línea.
Por otra parte, creo que la nueva película de Guerin debería verse en todas partes, porque procura un exultante sentimiento de libertad. Demuestra que, gracias a los nuevos instrumentos tan económicos, uno puede hacer por su cuenta una gran película, audaz, personal, sin dinero, con tan sólo (por supuesto) mucho talento, esfuerzo y tiempo, y creo que es tremendamente alentador para los jóvenes que aspiran a ser cineastas y que desesperan incluso de poder debutar, convencer a productores e incluso – una vez hecha la película – de conseguir un lanzamiento apropiado en los cines. Desde el momento en que la película existe, debería ser vista. A fin de cuentas, ¿para que se hacen las películas cuyo único propósito no es el ganar dinero? Para ver y ayudar a los otros a ver.
Guerin ha juntado imágenes para ese proyecto durante casi cuatro años, lo ha elaborado, modelado y afinado sin cesar. Para ello, no necesitaba dinero, ni financiación, ni productor. Su principal inversión es su propio tiempo. Tiempo para viajar y caminar, para leer y reflexionar; para escoger ángulos de filmación y encuadres, para mirar a su alrededor y dar forma a sus recuerdos, las marcas de su búsqueda. Los nuevos instrumentos técnicos permiten eso casi sin dinero. Pero el DV puede ser utilizado – y a menudo es el caso – de manera muy irreflexiva, es demasiado fácil. Y a un verdadero cineasta, eso le hace plantearse algunas preguntas. Con el vídeo digital, se puede filmar tanto como se quiera y hacer largos planos ininterrumpidos, en vez de escoger cuidadosamente las tomas; las cámaras son tan pequeñas que uno puede convertirse en Peeping Tom, o en voyeur; son tan ligeras que se pueden llevar en una mano, olvidar el trípode y desplazarse continuamente, sin preocuparse de los raccords o incluso de los encuadres o la composición. A decir verdad, en la tecnología digital, no existen ni los fotogramas, ni los cuadros, las 24 imágenes por segundo, la cruz de malta, la persistencia de la visión, la proyección, casi no hay planos que cortar y pegar; es decir, casi nada de lo que ha definido al cine desde hace alrededor de un siglo. Incluso el montaje es un problema diferente, el digital alienta una nueva concepción, casi pasiva, del montaje. Estoy seguro de que Guerin ha leído al menos algunas de las obras turbadoras de Serge Daney sobre la imagen congelada, planos fijos, y la naturaleza cambiante de las imágenes. Entiendo que ha reflexionado profundamente sobre esas cuestiones, y creo que, tal vez inconscientemente, ha encontrado una manera de evitar las tentaciones y las facilidades de la filmación en vídeo digital. Su instinto le ha hecho empezar por el principio. Con ese nuevo equipo económico, casi sin gastos, no tomando como modelo a D.W. Griffith o Louis Feuillade, ni siquiera a Louis Lumière, sino más bien a los antecesores Etienne Marey y Edward Muybridge, ha redescubierto la verdadera esencia del cine, su secreto olvidado, invisible, considerado como obvio: que no se trata en realidad de imágenes en movimiento, sino sólo de planos fijos, de una sucesión de fotografías cuyo desfile crea una ilusión de movimiento. Entre cada imagen, hay al menos una minúscula elipsis, casi imperceptible, un vacío negro entre cada cuadro. Godard hacía alusión a ese problema, creo, cuando empezó a usar el vídeo y se puso a detener el movimiento de las imágenes, o a ralentizarlas; después a acelerarlas, de modo que se hace visible la separación inicial y el vínculo premeditado, deliberado entre los cuadros que permite el paso de un fotograma a otro; lo que explica también la insistencia de Bresson en utilizar el término cinematógrafo en lugar de cine: después de todo, el escribía con el movimiento articulado de imágenes fijas. Es por lo que considero una especie de “justicia poética” el hecho de que Guerin, reinventando el cine con los medios del digital, haya vuelto a su origen, sin sonidos de ninguna clase, sin ni siquiera música o ruidos, sin color, y que haya usado solamente los elementos desnudos, mínimos, los que estaban disponibles cuando el cine no era todavía una diversión, tampoco un espectáculo, sino casi un instrumento científico para enseñar lo que no se puede ver a simple vista, para registrarlo y guardar una traza, para tomar notas, para hacer comentarios. Pero Unas fotos… no es simplemente un remake de los primeros pasos del cine antes de Lumière: no recuerdo una sola película muda que utilice los intertítulos como una especie de monólogo interior, una especie de equivalente silencioso, escrito, del comentario en voz en off, como lo hace Guerin. Como el poema de W.B. Yeats citado al comienzo de Innisfree anunciaba: “I will rise now, and go…”

Miguel Marías.
Artículo publicado en el nº 1 (2006) en la revista Undercurrent de la Fipresci.
Artículo de Miguel Marías en pdf
eD2K link Algo%20verdaderamente%20nuevo.pdf
Dejo aquí tres ripeos de la película, cada uno con intertítulos en castellano, francés e inglés respectivamente.

Enlace ed2k intertítulos en castellano:
eD2K link UFELCDS%20(Guerin%202007)DvdRip%20CFC.avi
Enlace ed2k intertítulos en francés:
eD2K link QFDLVDS%20(Guerin%202007)DvdRip%20CFC.avi
Enlace ed2k intertítulos en inglés:
eD2K link SPITCOS%20(Guerin%202007)DvdRip%20CFC.avi

Re: Unas fotos en la ciudad de Sylvia (José Luis Guerín, 2007) DVDRip VO

Publicado: 11 Nov 2013 21:08
por Armando Andrade
Hola, sabes si existe otro enlace para poder descargarlo? Saludos!

Re: Unas fotos en la ciudad de Sylvia (José Luis Guerín, 2007) DVDRip VO

Publicado: 13 Abr 2018 21:26
por irazar
Yo tengo copia de buena calidad -pero con los títulos de crédito cortados- del pase que hizo La2 de la película en su día.
Si interesa...