Amantes (Vicente Aranda, 1991) BDRip 720p / 1080p VOSI

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yojimbo
 
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Re: Amantes (Vicente Aranda, 1991) BDRip 720p / 1080p VOSI

Mensaje por yojimbo » 09 Nov 2018 16:10

Muchas gracias, eulsus.

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santiagoo
 
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Re: Amantes (Vicente Aranda, 1991) BDRip 720p / 1080p VOSI

Mensaje por santiagoo » 21 Abr 2019 21:44

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Se lo llevan detenido
Esto iba a ser un capítulo de "La huella del crimen" que se convirtió en largometraje.

Basado en "el crimen de La canal", así describe el crimen real el productor de la peli Pedro Costa en 2004 en el periódico "El Mundo":
En 1948 Burgos tenía 30 conventos y dos cabarés. Sus calles estaban pobladas de hábitos y uniformes y en el paisaje urbano abundaban más las monjas, los curas, los frailes y los militares que los civiles. Pues en aquel Burgos arraigadamente franquista y rancio tuvo lugar un crimen que horrorizó a la ciudad: el crimen de La Canal.

La verdad es que el crimen se fraguó en Madrid y sus protagonistas nada tenían que ver con Burgos. Burgos tardaría aún unos años en tener su propio crimen pasional, que iba a tener lugar (¡cómo no!) en uno de los dos cabarés citados, el Candelas: un muchacho de buena familia burgalesa mataría por celos a la Bella Charito.

Pero el crimen de La Canal se originó en el madrileño barrio de Tetuán de las Victorias, en un cuartel de caballería en el que José García San Juan estaba destinado como ordenanza del comandante Alvaro González Fernández-Núñez. El soldado había nacido en Prádena (Segovia) y, como tantos otros por aquellos días, decidió quedarse a vivir en Madrid una vez concluido el largo servicio militar. Su intención era labrarse un porvenir, pero cometió un error y lo que se labró fue un sendero directo al patíbulo.

Tenía una novia formal, la cocinera del comandante del que él era asistente, pero se lio con una viuda que le alquiló una habitación cuando tuvo que abandonar el cuartel. La mujer se llamaba Francisca Sánchez Morales y casi le doblaba la edad pero, como señaló la sentencia que les condenó a ambos a muerte, «se sintieron atraídos desde los primeros momentos y dicha atracción se intensificó de tal forma que empezaron a hacer vida marital».

Francisca debía de ser un hacha en lo de hacer vida marital porque, como apuntan los diarios de la época, «José se convirtió en un juguete en manos de la pérfida viuda». Y era gran experta también en el timo «larguero o del cuento largo», que consiste en vender o traspasar una propiedad ajena sin el conocimiento de sus verdaderos propietarios.

José se sentía en la gloria con una novia formal y hacendosa para casarse y la viuda, que le proporcionaba una desenfrenada experiencia sexual. Se sentía en la gloria ... pero despertó en el infierno.

Francisca se moría de celos y de desazón al pensar que «la tonta de la cocinera» podía arrebatarle aquella bendición que el cielo había tenido a bien regalarle. Y cuando un día, ante el raudal de insultos y mofas que Francisca le dedicaba a «la fregona», al inocente de José se le ocurrió comentarle que Dominga no era tan tonta ni tan poca cosa como ella consideraba, pues tenía ahorradas unas 20.000 pesetas, a la viuda se le dispararon las antenas.

Se inventaron un bar en Aranda de Duero y José le mostró a Dominga un documento conforme al cual había entregado 5.000 pesetas como paga y señal del traspaso. Ahora tenían que viajar a Burgos a firmar los papeles definitivos ante un notario y después, antes de abrir el negocio, se casarían.

Cogieron el tren con todas sus pertenencias, incluido un cuadro de la Virgen del Perpetuo Socorro del que Dominga no quería separarse.Francisca, la viuda, les siguió de cerca, acechante. Llegaron a Burgos el sábado 15 de mayo de 1948 y José y Dominga se hospedaron en la Pensión Riojana, cenaron en Casa David y se acostaron.

El domingo José madrugó para reunirse con Francisca en un bar de la calle de la Merced. Estaba eufórico porque ya había conseguido el dinero pero Francisca le hizo ver que Dominga les denunciaría y acabarían en la cárcel. Sólo había una solución y la viuda la expuso con crudeza: «La sacas al campo, la cortas el pescuezo y ya está».

Y así lo hizo, llevando consigo una botella de medio litro de Anís del Mono para que le infundiera valor. Ya habían dado las seis cuando llegaron a La Canal y se sentaron en el suelo, junto a la parte trasera de un cuartel de artillería que José había visitado con su comandante. Como llovía intermitentemente se cubrieron con la gabardina de él y así oyeron el toque de oración del cuartel vecino. Ya oscurecía cuando José, que tenía a Dominga medio abrazada, sacó la navaja barbera y le hizo un tajo en la garganta.

A continuación huyó llevándose su gabardina y la botella de anís.Se encontró con Francisca en la estación y viajaron a Valladolid.Cuando a la mañana siguiente fue descubierto el cuerpo de la cocinera, la Policía lo expuso públicamente dando lugar a macabras confusiones, pero finalmente fue reconocido por la camarera de Casa David y el encargado de la Pensión Riojana. El miércoles de aquella semana los crueles amantes fueron detenidos.

Centenares de personas se aglomeraron a las puertas de la Audiencia para increpar e insultar a los detenidos, especialmente a Francisca, quien, según el Diario de Burgos, «correspondía a los denuestos del público con sarcásticas sonrisas». Y el sábado 22 de mayo se llevó a cabo la reconstrucción de los hechos.

Por aquella época la Policía carecía de casi todo, incluso de equipos fotográficos, y fueron reclamados los servicios de un fotógrafo-reportero que trabajaba desde el final de la guerra en el Diario de Burgos y que tenía un estudio, Fotos Fede, que todavía existe en la actualidad.

Federico Vélez, ese legendario fotógrafo que retrató toda la historia de Burgos desde los años 20 a los 70, en que falleció, se presentó en La Canal con una Voigtlander de fuelle que disparaba placas de 6x9, que habían dejado los alemanes cuando la guerra, que alguna cosa buena al menos tenían que dejar.

A Francisca le tocó interpretar el papel de la difunta Dominga, la víctima. José estaba muy nervioso y se mostraba atemorizado.La actitud de la viuda, en cambio, era de tal descaro que en un momento en el que el muchacho dudó al contestar a una pregunta del juez, ella le increpó diciéndole: «No seas julai. Vamos, lo hemos hecho y tenemos que pagarlo. Di todo lo que hay...».

Luego vendría la condena a muerte para ambos y el recurso ante el Tribunal Supremo, al que su defensor de oficio (¡Qué tiempos aquellos!) no se presentó alegando anginas. Las dos penas de muerte fueron confirmadas y los amantes se beneficiarían de un indulto particular y la conmutación por 30 años.

Nunca más volvieron a verse. Francisca falleció al poco de abandonar la cárcel y José salió en libertad a mitad de la década de los 60, cerca de cumplir los 40. Según informadores de su Prádena natal, logró rehacer su vida y se convirtió en un próspero empresario de la construcción afincado en Zaragoza.

Las fotos de Federico Vélez durmieron todos estos años en su laboratorio. El crimen tan sólo tuvo una repercusión local porque en la España de aquellos días no se permitía hablar de crímenes ni de casi nada. Yo descubrí la historia en los archivos de la Sala Segunda del Tribunal Supremo buscando argumentos para la serie de TVE La huella del crimen, pero jamás pensé que este material pudiera existir.

Ha sido preparando la edición en DVD de La huella del crimen cuando decidí investigar qué material podía existir en Burgos sobre el crimen, y fue la periodista Maite Pisonero la que dio con el hijo de Federico Vélez, fotógrafo también, que puso a su disposición las placas 6x9 que su padre disparó aquel mes de mayo de 1948.

Estas fotografías son descarnado testimonio de un crimen pero los contrastados blancos y negros ligeramente desenfocados nos hablan también de un tiempo y de un país...


Pedro Costa es productor de cine.
Si repartimos al menos lo que pesa un archivo antes de quitarlo del incoming, nunca habría problemas de fuentes, habría relevos naturales. Las líneas son asimétricas, pero nuestra rutina de subida-bajada no tiene por qué serlo. .

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