Ya sabes cómo pienso. Que la fortuna crítica de una película no decida su buena acogida o su olvido. He llegado a leer a algún crítico famoso recomendando no ver alguna que otra película (alguna que otra película excelente, por cierto). Lo digo porque Sara (1993), por ejemplo, es una buena película.PREACHER escribió:Por entonces Mehrjui ya era el más reverenciado cineasta de su país: Gaav (1969), Hamoun (1990) y, un poco por debajo, Ejareh-Nesheenha (1986) aparecen de forma recurrente en las listas de mejores películas. Desde entonces sólo Leila (1997) y esta que nos ocupa han tenido cierta fortuna crítica. La que a mí más gusta, Dayereh mina (1977), parece no haberse recuperado de la controversia generada y es más apreciada en Occidente (Francia).Toma Alistar escribió:Alberto Elena publicó su libro sobre cines marginales cinco años antes de que Mehrjui rodara esta preciosa película, de la que yo tuve noticia anteayer gracias a lo pesado que es PREACHER con las listas.
De Mehrjui había visto las más reputadas, incluida Dayereh mina, que no me gustó, aunque también es muy buena. Pero el caso es que me había quedado sólo con La vaca (Gaav) y Leila. Y debido a lo sádico que eres con tus proposiciones, habiendo empezado a echarle un vistazo a esa lista kilométrica que me pasaste, quiso el destino que me parase en El peral. Busqué unas imágenes y enseguida me interesé. Me puse a verla y fue a partir del minuto 20, aproximadamente, cuando salí de dudas. La media hora que va entre ese minuto y el 50 es antológica. Aunque todavía después vuelven los fogonazos de poesía. La película entera la recorre el espectro de la poesía. De principio a fin. Sus monólogos son pura poesía. Pero una cosa es la poesía del extravío, que articula la segunda parte de la película, y que aquí casi acaba desembocando en el sufismo, y otra la inspirada por ella, que siempre es más dulce y a la vez más amarga, más luminosa y también más oscura, en fin, más intensa. Aunque tal vez sean lo mismo cuando se trata de un amor perdido.