Sorprende, pues, que en estas condiciones Ozu lograra una obra tan intensa, tanto desde el punto de vista argumental como formal.
El "estilo Ozu" aparece ya perfectamente definido en esta fecha tan temprana: están los típicos encuadres en contrapicado; los actores dirigiéndose de frente a la cámara; los planos "vacíos" que sirven de transición; la importancia de los objetos que conforman el decorado; etc.
Con respecto a esto último, son numerosos los planos en los que se encuadra en primer término algún objeto, mientras al fondo aparecen los personajes desenfocados.
La tremenda tragedia que se nos cuenta tiene una importancia relativa, parece querer decirnos Ozu. La vida sigue ajena a todo lo que sucede. Quedan los libros abandonados, la ropa que ya no se usará,... O esa perenne e impertérrita tetera (presente en otras películas del director), situada en mitad del apartamento y que, dependiendo de su colocación dentro del encuadre, une o separa a los dos hermanos, anticipando la desintegración familiar final.
Llama la atención el tratamiento del personaje de la hermana. Es una mujer fuerte, dispuesta a todo para que su hermano acabe sus estudios. No le importan las repercusiones que pueda acarrearle su doble vida (secretaria de día, prostituta de noche).
Puede parecer cruel el comentario que hace durante el velatorio ("Morir por algo así. ¡Maldito blandengue!" en esta traducción, aunque he visto alguna más suave), pero es representativo de su fortaleza y de la importancia relativa que da a sus acciones. Al parecer, en el guión original decía pertenecer al Partido Comunista, pero esto se cortó y ni siquiera sé si llegó a rodarse; tampoco creo que hubiera aportado mucho al personaje.
El hermano, por el contrario, se muestra como un ser débil, indigno tal vez del sacrificio de su hermana. Será incapaz de aceptar la realidad (o enfrentarse a ella) y, abrumado por el sentimiento de culpa (o por un trasnochado sentido del honor), optará por el suicidio.
Es significativo que este se entretenga con su novia en el cine (es decir, se evada de la realidad), mientras su hermana se prostituye.
Ozu incluye casi todo el episodio de Lubitsch y Laughton de "If I had a million" (1932). No se trata solo de uno de sus habituales homenajes. Aunque esa película es una comedia, también constituye, como esta, un reflejo de la crisis económica que por entonces asolaba el mundo, así como de sus consecuencias.
La película acaba con uno de los planos más sugerentes y misteriosos de la obra de Ozu: un travelling a lo largo de una acera vacía. La nada parece colocarse al mismo nivel que la tragedia narrada.
Hay que señalar también la gran labor en la dirección de actores (todos excelentes), cuyos gestos y miradas hacen innecesarios muchos rótulos.
En suma, me parece una película arriesgada para su tiempo (al menos, desde el punto de vista formal), en la que Ozu impuso ya el que sería su estilo definitivo.
Para no usar el manoseado término de "obra maestra", diré simplemente que me parece uno de los mejores mediometrajes de la Historia del Cine.
Muchas gracias, fifole, holleymartins y Eddie.