iuliano escribió:
No será con mi voto (para que no haya malentendidos, yo tampoco trago a la marquesa). Pero no me parece que la izquierda reaccione igual cuando se rinde homenaje a gente de su cuerda, con sangre en las manos.
El problema es que la sangre de la izquierda está en franca desventaja

Por cada asesino histórico de la izquierda podríamos llenar un estadio de fútbol con asesinos históricos de derecha
Bromas aparte, me parece que no tiene sentido la confrontación. Personalmente soy contrario a utilizar nombres de personas, por más ilustres que puedan ser, para dar nombre a calles u otros espacios urbanos. Creo que es una suerte de canonización laica que no le hace bien a nadie, mucho menos a la memoria de esas personas. Por otro lado, son muy pocas las personalidades de cualquier área que cuentan con el consenso general de toda una población, y lo que se supone debe ser una celebración de la memoria de alguien, se convierte en un problema social, como ocurre ahora mismo con la plaza Thatcher. Creo que a las calles es mejor ponerle números, y a los espacios públicos, como plazas y demás, darles el nombre histórico del lugar si lo tuvieran ("Plaza de los molinos", o cosas por es estilo), o el nombre de animales o plantas naturales del lugar ("Plaza de los cerezos", etc.) Siempre hay alguna referencia a qué recurrir si uno tiene ganas de nombrar un lugar en lugar de convertirlo en bandera. En Buenos Aires, cada vez que se nombra algo da lugar a una batalla urbana. Si bien a veces es comprensible y hasta necesario dar una batalla simbólica, sobre todo en momentos de mucha crisis, en donde es importante sentar una posición, hacerlo todo el tiempo es un desgaste de energía que podría utilizarse con mucho más rédito en otro tipo de lucha política y social. Aunque a veces sea necesario hacerlo, es mucho más importante ponerse a trabajar en programas de alfabetización que ponerse a intervenir carteles públicos.
En cuanto a lo concreto de la plaza Thatcher, creo que no se debe pasar por alto algo llamado "contexto". Me imagino que si esto hubiera ocurrido cinco años atrás, la respuesta no hubiera tenido la misma magnitud. El problema es que en medio de la crisis económica que vive España, directamente asociada a modelos y programas de los que Thatcher es uno de sus mayores exponentes, ponerle su nombre a una plaza es casi como tocarle el culo a la gente.