Mensaje
por gudari » 23 Mar 2016 18:09
Pues primero, el vino. Muy bueno. Me gustó. Muy ligero y aromático. Además es seco, ideal para maridar con pescado. Efectivamente, no me arrepentí. Repetiré.
Y ahora, la anécdota. La comida resultó un fiasco, como era de esperar estando metido de por medio mi cuñado, que se empeñó en cocinar y para demostrar que los de Bilbao tienen más aguante que los guipuzcoanos, se pasó tres pueblos con el pimentón. Para empezar, que yo sepa, a la caldeirada se le echa pimentón dulce, pero él le echó el picante, y le habrá echado medio bote el tío. Éramos cinco personas a la mesa y empezamos a echar humo por la nariz y las orejas. Mi cuñado, como buen bilbaíno, no da el brazo a torcer, y siguió comiendo como si nada, retándome a ver si es que los de Guipúzcoa nos achantamos enseguida. Pero como le ardía la boca y no está acostumbrado a beber, se le fue la mano con el vino (no el Albariño, otra y media, que yo le calcule, de un Verdejo) y se entrompó. Y como no sabe estarse callado cuando bebe de más, empezó a hablar de política, en su habitual tono exaltado, pero sin control. Y como el otro matrimonio al que invité es una pareja en las antípodas de mi cuñado, total, que la liamos. Así que entre el pimentón picante y el lenguaraz de mi cuñado, se me atragantó la caldeirada.