Al contrario.Juramentado escribió:Pero entonces, sólo decidirán en España los madrileños y barceloneses, y los de zonas más despobladas dará igual que voten o no. Digo yo.droid escribió:Si como ya se ha dicho por aquí, por ejemplo, a UPyD le costaba cada escaño 200.000 votos, y al PP o al PSOE 50.000, mucho me temo que será imposible modificar la constitución. Lo primero que habria que hacer es que cada voto tenga el mismo valor para cualquier partido.
El sistema electoral español, en concreto, el tipo de circunscripción electoral, que es provincial, al premiar al partido más votado por provincia, desechando a la vez todo aquel voto que no alcanzó para constituir escaño (el de cuartas, terceras…, a veces incluso segundas fuerzas) da como resultado una representación política que, aparte de no corresponderse de manera fidedigna con la voluntad popular en el conjunto del país (como veo que se ha explicado perfectamente en este hilo), precisamente contribuye a concentrar el voto en aquellas localidades menos pobladas (que generalmente votan PP o PSOE) y castiga a las mencionadas fuerzas minoritarias en las ciudades con mayor censo electoral (ciudades donde por lo general se concentra el voto progresista), de modo que el voto de un ciudadano de Ávila, por ejemplo, “vale más” que el de uno de Barcelona. Al aplicar criterios porcentuales para la suma o formación de escaños por provincia, llegan a perderse miles y hasta decenas de miles de votos (que no computan), los votos de esas fuerzas “minoritarias”, lo que se traduce en una mengua de decenas de escaños en la contabilización final (“a nivel nacional”). Es decir, todos los votos que no conformaron escaño se pierden, no se suman a sus similares en otras provincias, sencillamente se pierden. Como resultado, en el recuento final, la primera fuerza más votada en un mayor número de provincias obtiene una representación mucho mayor de la que le correspondería, obteniendo así mayores subvenciones (puesto que los partidos se financian legalmente por el número de escaños obtenidos), subvenciones que sirven para fortalecer el aparato propagandístico, la logística, etc., de la formación, en detrimento de aquellas fuerzas adversas debilitadas por la misma ley, que ven cómo obtienen, en cambio, un número de escaños menor al que les correspondería en caso de que cada hombre fuera igual a un voto, es decir, en caso de que las elecciones al ejecutivo se articularan mediante una única circunscripción nacional. No hay que confundir el número total de votantes de una ciudad u otra con la obtención de escaños, porque no tiene nada que ver. Insisto: en realidad sucede incluso al contrario, que se pierden decenas de miles de votos (los que no alcanzaron para formar escaño) en ciudades muy pobladas, mientras que en las localidades menos pobladas las mismas decenas de miles (o incluso menos) posibilitan obtener esos escaños, dado el modelo de repartición. Curiosa paradoja. Por eso UPyD necesitó 227.000 votos para obtener escaño e IU más de 150.000, mientras que al PP le bastó con 58.000 votos y al PSOE con poco más de 60.000. Y es fácil entender que este modelo, prolongado en el tiempo, mantenido durante ya casi cuatro décadas, impulsó a ciertas fuerzas, las hizo crecer, y fue debilitando a otras, incapaces de competir en financiación, en llegar al elector a través de los mecanismos de propaganda.
La ley electoral española es un fraude.
