Annie Oakley (George Stevens, 1935). Un western que no es un western, si no una biografía de la famosa tiradora enrolada en el mundo del espectáculo. Aburrida.
Mark of the Vampire (Tod Browning, 1935). Una de vampiros que no es de vampiros. Como la anterior, acaba por convertirse en especie de parodia desmitificadora del género. Indigna del genio tras la cámara.
Nezabyvayemoye (Yuliya Solntseva, 1967). Es curioso, había escenas que yo recordaba eran de "Chronicle of Flaming Years" y pertenecen a esta (y a la inversa), tal es el grado de interconexión (y ahora que he visto "Arco iris", también es fácil emparentar alguna con la de Donskoy). De todas formas, esta está más lograda y es más emocionante que aquella. Magnífica, y uno de los casos más flagrantes de injusticia/olvido de la historia del cine.
La bonne année (Claude Lelouch, 1973). Los títulos de crédito iniciales van sobre secuencias de su "Un hombre y una mujer", haciendo a uno temer lo peor: Afortunadamente se trata de la proyección de la célebre película en una cárcel... que los presos finalmente abuchean.

Aquí se trata de combinar el suspense de un robo con el de un romance, ambos bastante improbables. Para ser de Lelouch hasta se deja ver.
[Me permito un inciso para reproducir dos de mis críticas cinematográficas favoritas: Si a un cronista la estética de "Elvira Madigan" le recordaba a un anuncio de champú, a otro "Un hombre y una mujer" le parecía ideal para Cinzano.]
Hura gâru (Lee Sang-il, 2006). Inofensiva variante oriental y femenina de "Billy Elliot". Ambas fueron premiadas como mejor película por la academia japonesa... parace que les va el tema del baile, dejando a los mineros a su suerte.
L'équipage (Anatole Litvak, 1935). Sorpresa, sorpresa. Yo que siempre tuve atravesado a Litvak porque no me gustan sus películas más famosas, resulta que tiene algunas muy aprovechables. En concreto esta tiene unos valores de producción asombrosos, combinados con escenas intimistas (sobre todo la última) no menos admirables. El único pero: La falta de química entre un jovencísimo Aumont y la exquisita Annabella.
Chronik der Anna Magdalena Bach (Straub & Huillet, 1968). Quizá uno de los Straubs más accesibles y admirables, aunque no es mi tipo de peli (yo prefiero algo más tradicional, del estilo al "Friedemann Bach" de 1941). Salvando las distancias, vendría a ser el mismo enfoque de "Häxan", con
representaciones unidas por voz en off (en vez de intertítulos).
Yabu no naka no kuroneko (Kaneto Shindo, 1968). Una variante de "Onibaba" con fantasmas. Uno de los muchos títulos inmerecidamente popularizado por el sello Criterion.
Werewolf of London (Stuart Walker, 1935). Modesta introducción del hombre-lobo por parte de la Universal, a medio camino entre el Jekyll de Mamoulian y el posterior lanzamiento con Chaney Jr.
Laitakaupungin valot (Aki Kaurismäki, 2006). Pues eso, una luz en la oscuridad. Da gusto ver a un cineasta actual transmitir tanto con un breve plano silencioso... cuando la mayoría necesita planos interminaaaaables, movimientos de cámara complicadíiiiisimos y crípticos diálogos elevaaaados.
The Power (Byron Haskin, 1968). Creo que de chaval la hubiese disfrutado, ahora no. A los pocos minutos se hace previsible y monótona cuando pretende ser justo lo contrario. Buen reparto.
Jakob, der Lügner (Frank Beyer, 1975). La esperanza aplastada por la realidad. Honesta y gris.
La tierra prometida (Miguel Littin, 1973). Menos áspera que otras propuestas de Littin, aunque no por ello más elaborada en cuento a dramaturgia o desarrollo de personajes.
Lucky Luciano (Francesco Rosi, 1973). Rosi ya tenía experiencia en la reconstrucción histórica ("Salvatore Giuliano", "El caso Mattei") y el personaje ofrecía posibilidades de todo tipo (la mafia en Nueva York/Italia, años 30-40-50), pero el producto no funcionó.
Dozhivyom do ponedelnika (Stanislav Rostotsky, 1968). Película que supongo hará las delicias de los varios foreros pertenecientes al gremio de la enseñanza. Bien dirigida, aunque el guión no es particularmente interesante. Y muy gris, como casi todas las rusas.