Re: La película que ví ayer (en casa)
Publicado: 05 Oct 2014 11:12
Hamoun (Dariush Mehrjui, 1990). Un intelectual entra en crisis cuando su mujer pide el divorcio. Algo así como una imitación de Woody Allen imitando a Fellini, pero en Irán. Considerada una obra maestra en su país, a mí no me pareció ni siquiera la mejor de su autor.
Shinkansen daibakuha (Jun'ya Satô, 1975). Un terrorista coloca una bomba en un tren bala que estallará si su velocidad baja de 80 km/h. Una película mediocre, cuyo argumento sin embargo fue rápidamente importado en Hollywood para sus películas catastrofistas (por entonces en boga) y, posteriormente, para variantes más afortunadas (“Speed”, “Imparable”).
Vec vidjeno (Goran Markovic, 1987). Una vampiresa utiliza para sus propósitos a un reprimido profesor de piano, despertando en este sus traumas infantiles. Un buen guión, que combina dos espacios temporales hábilmente interrelacionados, aunque la realización es a menudo enfática y efectista, típica de los países del este (esos angulares). Con todo, inesperadamente disfrutable.
La familia Vila (Ignacio F. Iquino, 1950). El cabeza de una familia ejemplar pierde su trabajo y la hija díscola se marcha de casa. Apología de la familia y la honradez, tan ingenua vista hoy (el contable de una empresa es despedido por no falsificar las cuentas
) que resulta inofensiva y simpática.
Paha maa (Aku Louhimies, 2005). Vidas cruzadas. Varias historias se entrecruzan de modo que las acciones de una afectan directamente a otra. Una propuesta temible (alienación en Helsinki, basada en Tolstoy, y con personajes a cual menos recomendable, alcohólicos, depresivos, antisociales), por fortuna bien rodada y bien engarzada.
Conte de printemps (Eric Rohmer, 1990). Una profesora de filosofía y una estudiante de música traban amistad en una fiesta. El primero y menos celebrado de los cuentos de las cuatro estaciones, quizá por su extrema ligereza... porque hablar hablan tanto como siempre.
Crashout (Lewis R. Foster, 1955). Seis fugados de la cárcel huyen juntos de la persecución policial. Un modesto noir, de buen reparto (Bendix, Kennedy, Talman, Evans) y fotografía del gran Russell Metty (con mayoría de escenas nocturnas y espacios cerrados). Previsible.
Rodrigo D: No futuro (Víctor Gaviria, 1990). Jóvenes pandilleros en Medellín. Visión realista y ruidosa del violento entorno social de los barrios marginales. Bastante incómoda de por sí, además está rodada en esa jerga ininteligible llamada parlache, por lo que tuve que verla en VOSI para enterarme de algo (igual que “La vendedora de rosas”). Frustrante.
The Stepford Wives (Bryan Forbes, 1975). Una familia se muda a un elitista barrio residencial donde todas las mujeres resultan ser extremadamente hacendosas. Ciencia-ficción bastante célebre en su día, con mensaje feminista y todo, luego prudentemente olvidada... Hasta que a alguien se le ocurrió hacer un remake humorístico.
Berlin - Ecke Schönhauser (Gerhard Klein, 1957). Un joven rebelde acaba metido en líos por las malas compañías. Un retrato nada amable de los jóvenes de posguerra en Berlín Este. Atípica para su tiempo y lugar, pero no especialmente destacada.
A Stolen Life (Curtis Bernhardt, 1946). Dos gemelas se enamoran del mismo hombre. Una de las mejores películas de su poco relevante director, con notables valores de producción, bonitos exteriores y Bette Davis encarnando un personaje más frágil de lo habitual (al menos uno de los dos que interpreta).
Sunday Too Far Away (Ken Hannam, 1975). Un grupo de esquiladores se reune para la temporada. Un clásico del cine australiano, con grupo de profesionales que afrontan trabajo y problemas con virilidad y humor. No es Howard Hawks, tampoco “Tres vidas errantes” de Zinnemann, esta es mucho más australiana. Y con el mejor epílogo escrito que uno recuerda.
Milou en mai (Louis Malle, 1990). Cuando la abuela muere, hijos y nietos se reúnen en la casa de campo para el funeral. Una de las aproximaciones más originales al mayo del 68 francés, aunque Malle no estaba dotado para la comedia (género en el que firmó varias de sus peores películas).
Come Fill the Cup (Gordon Douglas, 1951). Un periodista trata de recuperarse de su adicción al alcohol. Un guión poco convincente, que incluye una rocambolesca subtrama criminal para darle más gancho, bien rodado por Douglas y con buenas interpretaciones.
The Truce (Francesco Rosi, 1997). Un italiano liberado en Auschwitz trata de regresar a casa. Un tema muy interesante y poco tratado en el cine, aunque Rosi, en su última película, no encuentra el tono adecuado.
Shinkansen daibakuha (Jun'ya Satô, 1975). Un terrorista coloca una bomba en un tren bala que estallará si su velocidad baja de 80 km/h. Una película mediocre, cuyo argumento sin embargo fue rápidamente importado en Hollywood para sus películas catastrofistas (por entonces en boga) y, posteriormente, para variantes más afortunadas (“Speed”, “Imparable”).
Vec vidjeno (Goran Markovic, 1987). Una vampiresa utiliza para sus propósitos a un reprimido profesor de piano, despertando en este sus traumas infantiles. Un buen guión, que combina dos espacios temporales hábilmente interrelacionados, aunque la realización es a menudo enfática y efectista, típica de los países del este (esos angulares). Con todo, inesperadamente disfrutable.
La familia Vila (Ignacio F. Iquino, 1950). El cabeza de una familia ejemplar pierde su trabajo y la hija díscola se marcha de casa. Apología de la familia y la honradez, tan ingenua vista hoy (el contable de una empresa es despedido por no falsificar las cuentas
Paha maa (Aku Louhimies, 2005). Vidas cruzadas. Varias historias se entrecruzan de modo que las acciones de una afectan directamente a otra. Una propuesta temible (alienación en Helsinki, basada en Tolstoy, y con personajes a cual menos recomendable, alcohólicos, depresivos, antisociales), por fortuna bien rodada y bien engarzada.
Conte de printemps (Eric Rohmer, 1990). Una profesora de filosofía y una estudiante de música traban amistad en una fiesta. El primero y menos celebrado de los cuentos de las cuatro estaciones, quizá por su extrema ligereza... porque hablar hablan tanto como siempre.
Crashout (Lewis R. Foster, 1955). Seis fugados de la cárcel huyen juntos de la persecución policial. Un modesto noir, de buen reparto (Bendix, Kennedy, Talman, Evans) y fotografía del gran Russell Metty (con mayoría de escenas nocturnas y espacios cerrados). Previsible.
Rodrigo D: No futuro (Víctor Gaviria, 1990). Jóvenes pandilleros en Medellín. Visión realista y ruidosa del violento entorno social de los barrios marginales. Bastante incómoda de por sí, además está rodada en esa jerga ininteligible llamada parlache, por lo que tuve que verla en VOSI para enterarme de algo (igual que “La vendedora de rosas”). Frustrante.
The Stepford Wives (Bryan Forbes, 1975). Una familia se muda a un elitista barrio residencial donde todas las mujeres resultan ser extremadamente hacendosas. Ciencia-ficción bastante célebre en su día, con mensaje feminista y todo, luego prudentemente olvidada... Hasta que a alguien se le ocurrió hacer un remake humorístico.
Berlin - Ecke Schönhauser (Gerhard Klein, 1957). Un joven rebelde acaba metido en líos por las malas compañías. Un retrato nada amable de los jóvenes de posguerra en Berlín Este. Atípica para su tiempo y lugar, pero no especialmente destacada.
A Stolen Life (Curtis Bernhardt, 1946). Dos gemelas se enamoran del mismo hombre. Una de las mejores películas de su poco relevante director, con notables valores de producción, bonitos exteriores y Bette Davis encarnando un personaje más frágil de lo habitual (al menos uno de los dos que interpreta).
Sunday Too Far Away (Ken Hannam, 1975). Un grupo de esquiladores se reune para la temporada. Un clásico del cine australiano, con grupo de profesionales que afrontan trabajo y problemas con virilidad y humor. No es Howard Hawks, tampoco “Tres vidas errantes” de Zinnemann, esta es mucho más australiana. Y con el mejor epílogo escrito que uno recuerda.
Milou en mai (Louis Malle, 1990). Cuando la abuela muere, hijos y nietos se reúnen en la casa de campo para el funeral. Una de las aproximaciones más originales al mayo del 68 francés, aunque Malle no estaba dotado para la comedia (género en el que firmó varias de sus peores películas).
Come Fill the Cup (Gordon Douglas, 1951). Un periodista trata de recuperarse de su adicción al alcohol. Un guión poco convincente, que incluye una rocambolesca subtrama criminal para darle más gancho, bien rodado por Douglas y con buenas interpretaciones.
The Truce (Francesco Rosi, 1997). Un italiano liberado en Auschwitz trata de regresar a casa. Un tema muy interesante y poco tratado en el cine, aunque Rosi, en su última película, no encuentra el tono adecuado.