Toma Alistar escribió:Bunker escribió:Sí, claro que son excepciones. Sobre todo con esta vorágine de venta de paranoia vía vampirismo y zombismo. No deja de ser otro filón para el cine de propaganda.
Ya entiendo. Me expliqué mal. Al escribir “Y fuera de eso, nada.”, no quería decir que no haya películas distintas a las que más abundan, sino que en el caso de estas últimas, fuera de la pirotecnia, de las peleas, del estruendo…, no hay nada en ellas.
A qué te refieres con propaganda.
En el cine de zombies es fácil encontrar esos elementos que Jean-Michel Valantin apunta como característicos del "cine de seguridad nacional" (gringa, claro). Este tipo de cine es transgénero, ha abarcado desde el western a la comedia, pero donde se ha volcado más últimamente ha sido en el cine bélico/acción, ciencia ficción y superhéroes. La última de
Superman es un pasada, lo tiene todo: el mito de la Frontera, el de la Ciudad sobre la Colina y el Destino Manifiesto (los mitos fundacionales). En el cine de zombies es fácil ver que por lo general se repite estrategia (
Invasion of the Body Snatchers, etc.) y casos específicos donde van a buscar los mitos como puede ser
World War Z.
Con vampiros
mainstream estoy menos puesto pero un ejemplo claro de propaganda, diferente en este caso, sería la saga de
Twilight. El vampiro bueno es rubio, alto, aragonés y vive en un chalet de lujo y cristal. El vampiro malo es negro, mulato, chicano, lleva rastas y vive en el bosque (¿te suena?

). La chavalita con la lívido subida tiene que ser recatada porque ya sabemos que el amor puro no conoce anticonceptivos y si te embaraza un vampiro te expones a que tu prole te chupe hasta la última gota ya antes de nacer. Y como el calentón es mucho, y una cosa lleva a la otra, pues nada, embarazo. Pero claro, eso es sagrado y, aunque te chuten ajo en vena, no se aborta. Y todo este bonito discurso lo aderezamos con ultraviolencia gratuita (porque sexo no verás pero sangre a mares) y se lo servimos en pantalla grande a millones de chavales. Para formarles, como Dios manda.
Bien interesante el libro de Jean-Michel Valantin,
Hollywood, el Pentágono y Washington. Tres actores de una estrategia global.