Gutiérrez Alea

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Principe di Salina
 
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Re: Gutiérrez Alea

Mensaje por Principe di Salina » 23 Jun 2016 21:07

Es curioso lo formalistas que sois algunos. A mí las películas me ganan más por los personajes. Por eso Memorias del subdesarrollo, que me parece una película estupenda, no me gusta.

Un cordial saludo

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Re: Gutiérrez Alea

Mensaje por PREACHER » 23 Jun 2016 21:43

Con literario quiero decir hay un lenguaje literario y un lenguaje cinematográfico, que tienen puntos en común pero son distintos. En una novela puedes meter 200 personajes, en una película, por larga que sea, no puedes meter 200 personajes*; por el contrario una escena descriptiva que ocupa un montón de páginas en una novela la puedes resolver con un breve plano en cine.

*Hombre, poder puedes, pero darles vida con un apenas un plano o una frase está al alcance de muy pocos cineastas. Cito a Miguel Marías: ¿A que el lector recuerda al barman de Pasión de los fuertes y lo que replica a Henry Fonda cuando el sheriff Wyatt Earp le pregunta si ha estado alguna vez enamorado? ;)

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Hessler
 
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Re: Gutiérrez Alea

Mensaje por Hessler » 23 Jun 2016 21:49

PREACHER escribió:Con literario quiero decir hay un lenguaje literario y un lenguaje cinematográfico, que tienen puntos en común pero son distintos. En una novela puedes meter 200 personajes, en una película, por larga que sea, no puedes meter 200 personajes*; por el contrario una escena descriptiva que ocupa un montón de páginas en una novela la puedes resolver con un breve plano en cine.
Pero hay novelas de pocos personajes, teatro de pocos personajes...

Le pondré dos ejemplos. El último libro de teatro que he leído yo (lo he releído) es "El tío Vania" de Antón Chéjov, un drama donde hay solo 8 personajes, y tres son secundarios. Y la última novela que he leído (la he releído, igualmente) es Las cuitas del joven Werther, del gran Goethe, donde hay una decena de personajes, contando los secundarios.

En mi opinión existe la tendencia a identificar la literatura con la novela-río.

Un saludo
Última edición por Hessler el 23 Jun 2016 21:58, editado 1 vez en total.

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Re: Gutiérrez Alea

Mensaje por Hessler » 23 Jun 2016 21:57

Y no olvidemos que en el género teatral no encontraremos las largas descripciones de la novela clásica. Ni en el cuento. Ni en algunos géneros novelísticos modernos.

Un saludo

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Re: Gutiérrez Alea

Mensaje por PREACHER » 23 Jun 2016 22:03

Por supuesto, no pretendo generalizar sino poner ejemplos.

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Re: Gutiérrez Alea

Mensaje por PREACHER » 23 Jun 2016 22:07

Hessler escribió:Y no olvidemos que en el género teatral no encontraremos las largas descripciones de la novela clásica. Ni en el cuento. Ni en algunos géneros novelísticos modernos.

Un saludo
Stagy (teatral) fue uno de los primeros adjetivos (despectivos) que me aprendí del inglés para participar en los foros de habla inglesa. No me tientes, no me tientes. :mrgreen:

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Re: Gutiérrez Alea

Mensaje por Antifa » 23 Jun 2016 22:22

PREACHER escribió:
Hessler escribió:Y no olvidemos que en el género teatral no encontraremos las largas descripciones de la novela clásica. Ni en el cuento. Ni en algunos géneros novelísticos modernos.

Un saludo
Stagy (teatral) fue uno de los primeros adjetivos (despectivos) que me aprendí del inglés para participar en los foros de habla inglesa. No me tientes, no me tientes. :mrgreen:
Pues entonces volvemos a lo mismo, PREACHER. A la confusión de lo teatral con lo artificioso, a la identificación del teatro con el estilo declamatorio del teatro cortesano de hace siglos. El teatro contemporáneo no tiene nada de artificioso. Chejov, Reinhardt, Piscator, Shaw, T. Williams, O'Neill, Valle, Buero... no tienen nada de artificiosos.
Son las leyes las que deben adaptarse a las personas y los pueblos, no las personas y los pueblos a las leyes.

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Re: Gutiérrez Alea

Mensaje por PREACHER » 23 Jun 2016 22:45

Insisto en que estamos (estoy) hablando en términos generales. Ejemplos concretos los puedes encontrar de todo tipo y color, afortunadamente.

En mi opinión una película tendrá mayor posibilidad de éxito si el director es capaz de combinar adecuadamente* los elementos expresivos literarios, teatrales, pictóricos y demás, con los específicamente cinematográficos (movimientos de cámara, montaje visual y sonoro, etc.)

*Esto va a gusto de cada uno, claro. jejeje

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Re: Gutiérrez Alea

Mensaje por Hessler » 23 Jun 2016 22:56

PREACHER escribió:
Hessler escribió:Y no olvidemos que en el género teatral no encontraremos las largas descripciones de la novela clásica. Ni en el cuento. Ni en algunos géneros novelísticos modernos.

Un saludo
Stagy (teatral) fue uno de los primeros adjetivos (despectivos) que me aprendí del inglés para participar en los foros de habla inglesa. No me tientes, no me tientes. :mrgreen:
De habla inglesa pero estadounidenses. A esos muchachos les falta disciplina. :mrgreen:

Un saludo

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Re: Gutiérrez Alea

Mensaje por Super8 » 25 Jun 2016 23:23

Creo que no está de más recordar en este hilo proyectos que Gutiérrez Alea no consiguió llevar a puerto.
Tengo una lista de veinte proyectos, que abarcan desde la década del sesenta hasta hoy (julio de 1995). Entre los más antiguos están Inocencio Izquierdo y El alquimista , dos historias con dos denominadores comunes que no han dejado de darme vueltas a la cabeza. La primera tiene como punto de partida un argumento elaborado en colaboración con Guillermo Cabrera Infante a finales de los años cincuenta, después de que conociéramos en la entonces Isla de Pinos a un personaje llamado Eugenio, cuya locura se manifestaba en una necesidad compulsiva de hacer y arreglar cosas que sirvieran a la comunidad. Originalmente se titulaba Candido. La nueva idea consiste en ubicar a este personaje en un pequeño pueblo aislado por ríos y montañas en la época actual. Sería una especie de paradigma del trabajador voluntario que en un principio se gana la simpatía y la admiración de todos gracias a su limpieza de alma y a su generosidad. Siempre ha hecho las cosas solo, pero poco a poco, gracias al entusiasmo que despierta, va acometiendo obras de más envergadura, de manera que, sin proponérselo, llega un momento en que se ve impelido a buscar el apoyo de otros para llevarlas a cabo. Al principio, como instrumento de una coacción moral muy bien aplicada por algunos elementos oportunistas, se convierte en el eje de una movilización masiva para construir un camino que permita unir a su pueblo con la civilización. Pero no dura mucho el entusiasmo inicial. Vuelve a quedar solo y muere en un intento por llevar a cabo un trabajo superior a sus fuerzas. Los del pueblo, conmovidos, se movilizan nuevamente para levantarle una estatua en el punto donde había quedado la vía a medio construir. Allí puede vérsele señalando la continuación del camino. Pero todos regresan a sus casas. Nadie va a seguir su empresa… El título de Inocencio Izquierdo fue sugerido por Luis Agüero, con quién trabajé en la segunda etapa de adaptación del argumento.
La idea de El Alquimista nunca ha llegado a estar desarrollada en forma de argumento. Se trataría de un profesor de química de una escuela en el campo, un tipo brillante que causa envidia entre otros profesores, quienes le hacen la vida imposible hasta lograr su expulsión. Percibe intensamente toda la mezquindad que existe a su alrededor y cae en crisis consigo mismo: se da cuenta de que él también ha respondido a la situación egoístamente, mezquinamente, se da cuenta de que él también participa y es víctima de las circunstancias que afectan a los demás, a los envidiosos. Como no puede meterse en un convento para expiar sus pecados, para limpiarse el alma, concibe la idea de trabajar en una fórmula química que, acompañada de determinados ejercicios, ha de propiciar un cambio en el hombre en el sentido de perfeccionarlo. Parte de la sana teoría de que el hombre, en el proceso de evolución natural, no ha alcanzado todavía su pleno desarrollo como tal, pero que ha llegado a un punto de la historia en el que sería capaz de conducir el proceso y de acelerarlo convenientemente. Lo primero que hace es elaborar un modelo ideal. Ha leído todo cuanto ha podido sobre el hombre nuevo y extrae de sus lecturas una lista de cualidades y rasgos propios de ese proyecto: generosidad, valentía, audacia, pero también sensibilidad, capacidad de entrega, amabilidad (en el sentido literal: capacidad de amar…), etc. Para completar su diseño, se apoya también en la lectura de la vida de grandes hombres que han existido: libertadores, héroes, mártires, santos… Al cabo de numerosos experimentos con animales, ensaya con un hombre y tiene éxito: el hombre nuevo responde plenamente al diseño del profesor… pero no encaja en la realidad. Algunas de las virtudes que manifiesta en grado superlativo, como la sinceridad, lo hacen chocar con todos los engranajes. Su incapacidad para mentir o para tener una conducta hipócrita lo coloca en situaciones imposibles, lo convierte en causa de desastres, y así se ve rechazado y acosado por los demás. La soledad a la que le condenan provoca en él una profunda melancolía, hasta que decide no seguir viviendo en estas circunstancias que no alcanza a entender. Horrorizado, el profesor destruye la fórmula. Es el único que acompaña el entierro del hombre al cual había convertido en un compendio de virtudes. Despide el duelo ante unos sepultureros que no entienden nada cuando reconoce su fracaso, y les habla de que ese ser creado artificialmente, diseñado desde afuera, no podía sobrevivir a la realidad de este momento, ni de ningún momento, porque en esta realidad están las premisas del nuevo hombre: está el hombre de su época, el que va al paso con los años, el nuevo hombre de cada año, de cada momento de la historia.
Tengo ahí desde 1990 Homo sapiens , argumento de Eliseo Alberto: un hombre es exhibido en el zoológico de una gran ciudad, idealmente Nueva York, como último eslabón de la cadena de la evolución de las especies. A partir de los conflictos que acarrea tal situación se ponen de manifiesto rasgos extremos de la condición humana: agresividad, amor, egoísmo, hipocresía, generosidad… que estimulen una reflexión sobre el hombre en este momento de la historia. De Eliseo Alberto es también Otra tumba para Leroy. Un veterano de la guerra del Vietnam está lleno de tatuajes con nombres de personas que, según él, ha ido matando y, al final de la película, se descubrirá que el último nombre es el suyo. En los alrededores de cierta casa donde se celebra una fiesta rapta a una joven acompañada por dos muchachos, a quienes reta diciéndoles que para ser hombres es necesario matar y que, si quieren salvarla, deben eliminarlo a él antes de la mañana siguiente. Estos dos muchachos, hasta entonces las dos personas más inofensivas del mundo, sienten la obligación de rescatar a su amiga y comienzan a pertrecharse de armas y municiones dispuestos a cualquier cosa mientras, paralelamente, la joven cautiva descubre que su raptor no es más que un infeliz incapaz de matar que, abrumado por el trauma de haber sido el único superviviente de su grupo en la guerra, se siente culpable de la muerte de sus compañeros. Ella trata de salvarle la vida, pero no logra detener a los amigos que vienen en su búsqueda, cuya violencia es ya entonces virtualmente irrefrenable.
Hay otro que se derivaría de la propuesta que en 1993 hice a la John Simon Guggenheim Memorial Foundation. El argumento de aquella propuesta apareció mientras estuve en Nueva York en mayo y junio de 1992: la segunda parte de Memorias del subdesarrollo . Allí me encontré otra vez con Edmundo Desnoes, y hablamos de preparar otro proyecto cuyo protagonista tuviese rasgos en común con Sergio, el personaje principal de Memorias… . Al principio él y yo pensamos en un cubano que en 1971, luego de la frustrada zafra de los diez millones, emigra a los Estados Unidos de América con el mismo sentido crítico hacia las circunstancias, con el mismo desarraigo y ahora con más frustraciones acumuladas, y tampoco logra insertarse plenamente en aquel otro contexto. Sería una película del choque cultural. Aquí veo una película que debería nutrirse mucho del documental, mezclando la ficción y el testimonio, incluso en mayor medida que Memorias

Éste es un proyecto que he venido transformando: ahora las acciones ocurrirían en Cuba, no en los Estados Unidos, con un emigrante que regresa a La Habana por varios días, y no es un hombre, sino una mujer. Aunque todavía está en la fase argumental, se ha enriquecido por muchos años de acumular ideas al respecto. La sugerencia de que fuera una mujer la hizo Mirta Ibarra, y me parece muy efectiva. Esa mujer viaja a La Habana en busca del que había sido su grupo de amigas más cercanas en la escuela, y lo que encuentra son mujeres maduras que han perdido las ilusiones de la juventud.
El guión de Für Elise lo hicimos Eliseo Alberto, Gabriel García Márquez y yo, basado en un argumento original de García Márquez escrito expresamente para el cine. Es una fábula sobre el poder y sobre el comportamiento absurdo y caprichoso del hombre cuando ocupa posiciones de preeminencia. La historia tiene lugar en Colombia, a principios de este siglo. Es una especie de odisea tropical de cierto batallón que transporta un objeto misterioso en una caja blindada, desde el puerto hasta la capital, atravesando ríos, montañas, pantanos y selvas, y enfrentando el acoso implacable de los rebeldes liberales. El objeto transportado resulta ser un piano de cola que don Bernardo Holguin, influyente y poderoso hombre de negocios, traficante de armas y amigo personal del presidente, quiere regalar a su hija Elisa en su décimo cumpleaños. El piano llega a tiempo para que la niña toque 'Für Elise' en un gran salón lleno de ilustres invitados, mientras afuera del palacio la ciudad ha sido casi arrasada por los enfrentamientos militares que se han desatado en forma creciente, a causa de la determinación de los liberales de no dejar llegar a su destino el mítico objeto.
La ficción te permite ahondar más en la realidad desde un punto de vista analítico, En ella se utilizan ciertos aspectos de la realidad con el propósito de mostrarla en torso más generales, pues opera con abstracciones que nos invitan a sacar conclusiones más abarcadoras, para luego volver a la realidad enriquecidos por una experiencia emotiva. A propósito de este proceso estoy escribiendo unas cuantas reflexiones que he llamado ‘El hilo de Ariadna’, basadas en la leyenda de Teseo, de la mitología griega. Existen numerosas y diversas interpretaciones de este mito, pero hay una que me gusta especialmente. Como se sabe, Teseo debe llegar al centro del laberinto para enfrentarse al Minotauro, un monstruo que devora hombres. No es difícil llegar allí, pero sí lo es salir. En el mejor de los casos uno llega al centro del laberinto y mata al monstruo; en otras palabras: entra a una abstracción y tiene un momento de revelación, siente la capacidad de conquistar o de entender algo, pero no puede volver a la realidad. Eso suele ocurrir. No obstante, Teseo consigue salir, porque Ariadna le había dado un hilo que le guiaría de regreso. He aquí otro sublime aspecto del mito: Ariadna le dio el hilo porque lo amaba. Es el amor lo que le permite la vuelta a la realidad luego de haber vencido al Minotauro, luego de haber conjurado por sí mismo las mayores fuerzas del mal. Para mí, pues, éste es el mito de la posibilidad de crecer, de desarrollarse, de comprender mejor el mundo. Creo que el arte también puede cumplir esta función. Uno se mueve entre la ficción y la realidad mientras contempla una película, pero al final siempre hay que volver a la vida cotidiana. Algunas películas obstaculizan este regreso porque muestran una imagen de la vida quizás muy hermosa, pero desvinculada de la realidad; inspiran un nivel de abstracción en el que uno llega a extraviarse.

Si sabemos que una película es como un sueño –un sueño colectivo, en este caso-, y que puede llevar al espectador a un estado de ilusión, debemos también darle un hilo que le traiga de vuelta a la realidad, para ponerlo en condiciones de aprovechar esa experiencia en su propia vida. Todos necesitamos soñar, pero vivimos en la realidad. Y esto se vincula con lo que antes decíamos, porque mezclar o integrar documental y ficción permite contribuir al mantenimiento de esa relación. Es el hilo de Ariadna.
Textos de Tomás Gutiérrez Alea tomados de Tomás Gutiérrez Alea / José Antonio Évora. - Cátedra (Signo e Imagen), 1996.

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