El documental
Emilio : el eco de otros pasos (Enric Miró, 2012)
Es la historia de los últimos días de un exiliado anarquista español en Francia. Su invalidez lo ha confinado en su pequeño apartamento. Allí la existencia de Emilio discurre entre la lucha con la cotidianidad y su deseo de mantener la memoria de su pasado revolucionario. El teléfono será la última arma que Emilio empuñará para sobrevivir.
En tanto testimonio este documental que tiene el indudable mérito de poner en pantalla sin complejos la historia de unas personas que tomaron las armas en contra del fascismo y que, por lo tanto, tuvieron que matar gente. No es poco en un país en que el cine de "memoria histórica" parece destinado a los mitines electorales, antepone el victimismo a la verdad y hace parecer que la guerra civil no fue más que una sucesión de fusilamientos fascistas en que los fusilados se dedicaban a hacer poses fotogénicas para que las generaciones futuras echasen lágrimas de cocodrilo.
Pues sí, es un documental, pero no un documental propagandístico ni tampoco uno de esos documentales televisivos llenos de efectos musicales y manipulaciones de la imagen a fin de que el personal no se duerma en el sillón delante de la pantalla. Más bien es uno de esos documentales basado en la confianza entre el equipo que lo realiza y la persona de la que trata, y que busca encontrar el sentido de la vida cotidiana de la persona filmada observándola a la vez que el espectador. Los documentales de este tipo buscan hacer poesía desde la pantalla a base de la consonancia y la disonancia entre el personaje y los objetos del entorno;
Emilio es uno de los que he visto que más lo consigue.
El estilo de
Emilio es tan interesante como su tema. Hay que avisar que quien quiera verla ha de estar en condiciones de dedicar noventa minutos de su vida a mirar con atención una película que dedica buena parte de su metraje a planos generales de calles vacías, llanuras y a un señor que no puede subir las escaleras sin mucha ayuda. Como otros documentales de intención artística, la pantalla ofrece en
Emilio escenas de la vida de un personaje e imágenes de los objetos que le rodean -no sólo en su casa, sino en su ambiente social- e invita al espectador a que una esas piezas buscando un sentido bajo lo cotidiano. Pero si casi todos los documentales de esa intención suelen quedar un tanto inertes más allá de su tesis, en
Emilio se consiguen efectos emocionales de una gran fuerza.
Mientras se oye cómo el bueno de Emilio se esfuerza contra sus limitaciones físicas, da sus interesantes testimonios y busca animar a sus compañeros y descendientes, vemos planos no sólo de sus prótesis, sino de las prótesis que nos hacen vivir cómodos en la sociedad de bienestar; algo que nos ayuda a pensar en personas como Emilio en algo más que como un derrotado por la edad - si quizás está más vivo que muchos de los que aceptamos el chantaje del bienestar. Otro factor de reflexión nada desdeñable, dentro de éste, es el de el papel de la compañera de Emilio dentro de ese conjunto de prótesis - recordando que la vida de un revolucionario tiene muchos ingredientes que la exaltación épica suele olvidar. Y hablando de exaltación épica, quizás los mejores y más creativos usos del lenguaje cinematográfico en la película están ligados al tratamiento de las escuetas pero potentes declaraciones de Emilio sobre lo que la guerra significó para él; unos momentos sobre los que no vale la pena extenderse aquí, en parte para no desvelarlos y en parte porque el montaje vale más en este caso, por una vez, que mil palabras vanas.
La película se puede ver en abierto dentro de la plataforma para cine denso plat.tv - está hablada en català y en francés, pero si se pulsa el botón cc de la parte baja de la pantalla aparecen unos subtítulos castellanos.