Mensaje
por McTeague » 15 Jun 2015 20:53
¿Cuatro páginas hablando de De Mille y la palabra "camp" no ha aparecido ni una sola vez?
No soy experto DeMillófilo ni de lejos, pero Los 10 mandamientos (1956) me parece una de las películas más entretenidas del mundo, aparte de porque DeMille narra con un ritmo envidiable, por todo ese camp y ese kitsch, por los bailoteos pretendidamente primitivos de unos esclavos nubios rindiendo pleitesía al faraón, por la muerte de los primogénitos mostrada como una niebla verde digna de Mario Bava, por la solemnidad de los diálogos Charlton-Dios y su genial cara de iluminado, por lo chillón del technicolor, y, sobre todo, por el desmelene (melo)dramático de una Anne Baxter en estado de gracia (de gracia cómica) diciendo I WAS SPURNED LIKE A STRUMPET IN THE STREET (¿una de las mejores aliteraciones de la historia del arte?).
Y todo esto es compatible con admirar a DeMille más seriamente: creo que es un narrador excelente (sus películas y su montaje van al grano como en pocos casos) y que tiene un sentido del espectáculo envidiable. Es decir, si sus películas no fueran tan camp (¡las mujeres pescadas en redes, junto con perlas, en Cleopatra!), también me gustarían, porque son entretenidísimas, pero el camp les da un encanto extra.
Respecto de su ideología, yo soy bastante tolerante con la ideología ajena. No me refiero a que aspectos técnicos o artísticos puedan hacerme perdonar ideologías repulsivas, porque en pocas ocasiones me sucede eso, sino a que no me cuesta encontrar los elementos salvables de una ideología dudosa o, mejor dicho, si detecto una intención en general aceptable detrás de una ideología cuestionable, no me importa en exceso. Con ejemplos igual se entiende mejor: por mucho que "Las dos tormentas" deje transpirar un conservadurismo moral y/o social muy difícil de tragar hoy día, no deja de abogar por la tolerancia para con el supuesto "pecador", y, para los estándares de la emérica profunda de 1920, en la que la película se sitúa y a la que se dirige principalmente, es incluso feminista. Es decir, la ideología de Griffith no me gusta, pero el espíritu de esa película en concreto me parece humanista y apreciable. Por irme al otro extremo del espectro ideológico, las películas de Eisenstein son, efectivamente, propaganda de un régimen dictatorial deleznable, pero Potemkin no deja de ser, en esencia, un grito potentísimo y necesario contra la opresión del trabajador. La propaganda estalinista que permitió la exstencia de Potemkin me parece perdonable porque la película en concreto se articula, a pesar de todo, principalmente, como grito contra la opresión, y, como tal, me parece humanista y apreciable. Me gusta esta tolerancia que me ayuda a apreciar obras de muy distinto signo ideológico. Ojo, no quiere decir que acepte todo, hay obras que, ideológicamente, no hay por donde cogerlas, y las detesto. Pero entre los grandes artistas suele haber pocas de esas. Riefenstahl supongo que sigue siendo el caso más espinoso. A mí no me gusta El triunfo de la voluntad, pero en cambio me gusta mucho La luz azul (no he visto Olympia aún).