La Mallorca mágica de CLOUD ATLAS
Publicado: 21 Ene 2013 16:04

El mes de Septiembre del 2011, 86 habitaciones fueron reservadas en el Hotel Formentor en plena temporada turística. El encargo procedía de los hermanos Andy y Lana Wachowski (MATRIX) e incluía al codirector Tom Tyker y a la pareja de actores formada por los Oscarizados Tom Hanks y Halle Berry. El rodaje mallorquín –tal como anunciaron a la prensa- sería en la Serra de Tramuntana, Formentor y Sóller principalmente.

Parecía una locura poder rodar una película de ficción en una isla que en esos momentos duplicaba y hasta triplicaba su población con turistas venidos de Europa y América. Pero los que pudieron contemplar parte del rodaje, quedaron sorprendidos un año después cuando se proyectó la première de la película en Palma. Película que desgraciadamente y por causas del maldito doblaje, no será estrenada en el resto de España hasta el 23 de Febrero, si Tejero y Bárcenas quieren. Eso sí, los rusos ya la tienen en Blu-Ray al alcance de todos los de la División Azul del Brazo tonto de la ley. Pero esa es otra historia…y prohibida.

Cuando aún no habían aparecido por mi querida isla los hermanos matrixeros, servidor ya había disfrutado leyendo una de las novelas más originales de lo que llevamos de siglo: CLOUD ATLAS, publicada por David Mitchell el año 2004. La novela, que en realidad debería haberse traducido como “El atlas de la nube” nos presenta una historia singular, tanto por lo que cuenta como por cómo lo cuenta. Mitchell traza una línea argumental llena de saltos- tanto en el tiempo como en el espacio, así como en el narrador y su forma de contar- que en ocasiones te hace preguntar como lector si va a ser posible que todo cuadre. Es difícil adivinar de qué modo el diario de un viajero americano por la Polinesia en el siglo XVIII tiene que ver con las cartas de un músico inglés de principios del siglo XX, o el relato futurista de una líder-clon del siglo XXI, entre otros fragmentos igual de dispares. Pero Mitchell lo consigue.

El relato se abre en 1850 con el regreso del notario estadounidense Adam Ewing desde las islas Chatham a su California natal. Durante el viaje, Ewing traba amistad con un médico, el doctor Goose, que comienza a tratarle de una extraña enfermedad causada por un parásito cerebra. Repentinamente, la acción se traslada a 1931 en Bélgica, donde Robert Frobisher, un compositor bisexual que ha sido desheredado, se introduce en el hogar de un artista enfermizo, su seductora esposa y su núbil hija. De ahí saltamos a la Costa Oeste en la década de los setenta, cuando Luisa Rey destapa una red de avaricia y crimen que pone en peligro su vida. Y, del mismo modo, con idéntica maestría, viajamos a la ignominiosa Inglaterra de nuestros días, a un inquietante superestado coreano del futuro, regido por un capitalismo desbocado.

Finalmente, nos trasladamos a Hawai, a una Edad de Hierro post-apocalíptica que corresponde a los últimos días de la historia. Pues bien esa Hawai en la versión cinematográfica no es otra que Mallorca: una Mallorca fascinante como nunca había aparecido en los 115 años de cinematografía. Much obliged, Lana & Andy.
