Al finalizar la II Guerra Mundia, y durante unos pocos años, sugieron una serie de películas que mostraban (y criticaban) el germen fascista que anidaba en el seno de la sociedad estadounidense. Directores como Kazan, Dmytryk, Losey o Dassin (así como otros muchos intelectuales) veían con tristeza cómo aquellos valores contra los que había luchado (y dado su vida) una generación entera de jóvenes surgían de nuevo, sin que casi nadie pareciera darse cuenta de ello. Lo vemos en películas como "Encrucijada de odios", "La barrera invisible", las primeras de Losey o en esta que hoy nos ocupa.
Al recrudecerse la "Guerra fría" y con la llegada de la "Caza de Brujas", estos directores fueron perseguidos y acallados. Unos pactaron con el enemigo (Kazan); otros tuvieron que emigrar a Europa (Losey, Dassin) o simplemente se les apartó de la industria (Polonski). Es significativo que buena parte del equipo artístico y técnico de esta película (desde Hume Cronyn hasta el propio Dassin) tuviera problemas con el tristemente famoso Comité de Actividades Antiamericanas poco tiempo después. Muchos de los actores procedían del primer grupo teatral que desarrolló en EEUU las técnicas de Stanislavski y tenían ideas comunistas (Kazan, que también perteneció a dicho grupo, delató posteriormente a algunos de ellos).
Y es que "Fuerza bruta" no es solo una dura crítica del sistema penitenciario norteamericano (en el que la reinserción parece estar excluida de sus fines últimos), sino que es mucho más.
El personaje del capitán Munsey abusa de su poder y dirige la prisión con mano de hierro, no vacilando en usar métodos como la delación, la manipulación o el castigo físico. Se le muestra como un sádico y no es casual que oiga discos de Wagner (el músico favorito de Hitler). Es un retrato un tanto excesivo, pero eficaz para lo que se quiere denunciar y que la interpretación de Cronyn hace creíble.
Sin embargo, también se muestra la pasividad del alcaide, que cierra los ojos ante las atrocidades de su subordinado, y que podría representar la actitud de la sociedad norteamericana de la época.
Dassin, apoyado en un sólido guión de Richard Brooks, ofrece una película dura, llena a aristas y claroscuros, en la que las fronteras entre el bien y el mal se diluyen.
En su momento se criticó su violencia y aún hoy en día impresionan escenas como el ajusticiamiento del delator con los demás presos usando sus sopletes o el enfrentamiento final.
Al parecer, la película se inspiró en hechos reales. Concretamente, en la llamada "batalla de Alcatraz", un fallido intento de fuga que terminó en un baño de sangre en mayo de 1946.
La película debe también mucho a la personalidad de su productor Mark Hellinger, del cual ya hablamos aquí a propósito de "Forajidos". Él fue, por ejemplo, el responsable de que Burt Lancaster, que por entonces comenzaba su carrera, estuviera en ambas.
En suma, una excelente película que no creo que deje indiferente a nadie.
Muchas gracias de nuevo, Merxe, por tu impagable labor. Esto es difundir la cultura y no lo que hacen algunos ministerios.
Un cordial saludo.

Vivir no es sólo existir, / sino existir y crear, / saber gozar y sufrir / y no dormir sin soñar. / Descansar, es empezar a morir.