Dentro del ciclo sobre el Neorrelismo (que retomaré, os lo prometo

), tenía pensado incluir esta película como ejemplo de la influencia que tuvo en España. Para ilustrarla, había elegido
el siguiente artículo, titulado "Influencias del «neorrealismo» italiano en el cine social español de los cincuenta. «Surcos» (1951) como instrumento didáctico para el estudio del régimen franquista", de D. Rafael Fernández Sirvent, que podéis encontrar en
http://www.cervantesvirtual.com . Os dejo una parte de él, aunque os recomiendo su lectura completa:
5. La película en su contexto histórico: neorrealismo, autarquía y censura
Surcos está rodada íntegramente en la capital y nos narra el día a día de un barrio obrero madrileño (Lavapiés) de los años cincuenta. La película muestra, a pesar de los comentarios negativos que se hacen sobre la estética del nuevo realismo en dos de los diálogos de la película, ciertos signos de concomitancia con la corriente neorrealista impulsada por la escuela cinematográfica italiana tras finalizar la Segunda Guerra Mundial, a la vez que supone un viraje social en el cine español en detrimento del cine puramente comercial. En Surcos se pretende mostrar la vida cotidiana a través de las vivencias y pensamientos más profundos tanto de los cientos de personas humildes que componen un barrio obrero, como de los de las minorías corruptas que no dudan en aprovecharse de la vulnerabilidad de los primeros para enriquecerse. Para conseguir el máximo realismo, J. A. Nieves Conde prefirió trabajar con actores que no gozasen de fama popular en España, eligió barrios conocidos de Madrid para el rodaje y compró, incluso, la ropa usada a los espontáneos y curiosos viandantes que se aproximaban a la grabación de las escenas al aire libre para vestir a los actores.
El nacimiento de esta película debemos inscribirlo en el nunca fácil contexto que supone una postguerra. Finalizada la guerra civil española, el régimen dirigido por el general Franco adoptó una política económica autárquica, a través de la cual España debía ser capaz de autoabastecerse en todos los sectores de la economía sin necesidad de recurrir al mercado exterior. Esta política supuso un olvido importante de la modernización de la agricultura, ya que el principal esfuerzo inversor se canalizó hacia la industria. Dicha situación económica no mejorará hasta el año 1957, con el cambio cualitativo en el equipo ministerial que supuso la llegada de los tecnócratas del Opus Dei, y más claramente hasta 1959, fecha de promulgación del Plan de Estabilización.
José Antonio Nieves Conde, director y coguionista de Surcos, fue miembro de la Falange, llegando a ocupar el cargo de jefe provincial del partido en Segovia, pero no por ello, como demuestra fehacientemente en este film, comulga con la totalidad de la política desarrollada por el régimen franquista, al menos en lo concerniente a lo social. Un año antes de que se exhibiese Surcos en la gran pantalla ya se había ganado la confianza de un amplio sector de la sociedad tras el éxito obtenido en Balarrasa (1950), declarada de interés nacional (al igual que Surcos) y uno de los más claros ejemplos del cine político-religioso, moralizante y adoctrinador de la época. Sin embargo, Surcos marcó de forma negativa la trayectoria profesional del director (y de muchos otros) como consecuencia de la fuerte oposición de las autoridades civiles y religiosas, principalmente de la Iglesia católica que llegó a tacharla de inmoral y peligrosa. Resulta paradójico, sin embargo, que, tras ser sometida la película a la censura, fuese declarada de interés nacional (con cuya categoría obtenía una subvención que ascendía a la mitad de su coste) y exhibida en la gran pantalla con absoluta normalidad.
La censura más significativa se produjo sobre la última secuencia. Recordemos que la película finaliza con el entierro del hijo mayor, mientras que la secuencia original mostraba dos trenes que se cruzan, al igual que se cruzan las vivencias de sus pasajeros: una familia que regresa a su pueblo abatida tras conocer los entresijos de la realidad madrileña y otra familia que se dirige a la capital con la única esperanza de poder ganarse la vida honradamente. El momento más subversivo, a juicio de los censores, debió ser, probablemente, la escena en la que la hija (Antonia) se lanza del tren en marcha para quedarse en Madrid, decisión que denota que prefiere una mala vida (prostitución y algunos lujos) a vivir mal (hambre y humildad).
El porqué de la elección del título de esta película lo ha intentado explicar, entre otros, Zumalde Arregui:
«A través de una hendidura que surca los campos (la vía del tren) la familia arriba a la ciudad, un desgarro en una media de cristal echará al traste la ilusa felicidad de Tonia, los talones del cuerpo inerte de Pepe arrastrado por don Roque roturan en la tierra dos surcos paralelos que anuncian el acto que se materializará en breve (el lanzamiento del cuerpo a las vías del tren) y su inmediata consecuencia (el enterramiento del cadáver). La circularidad del film es recobrada merced a estas reminiscencias acreditadas por el motivo del surco, y queda definitivamente certificada en ese fundido encadenado que clausura el film en el que se anudan la imagen de una tumba abierta en el cementerio y el primer plano de un campo perfectamente roturado».
La calidad de este clásico del cine español se vio recompensada por una serie de premios (en cualquier caso menos de los que merecía): el Círculo de Escritores Cinematográficos consideró que Surcos era la mejor película del año (1951), por lo que premió a Félix Dafauce, a Marisa de Leza y a J. A. Nieves Conde, como mejor actor de reparto, mejor actriz de reparto y mejor director respectivamente. El Sindicato Nacional del Espectáculo no fue tan espléndido y Nieves Conde tuvo que conformarse con el tercer premio a la mejor película. En el año 1997 Surcos fue considerada, tras una votación en la que participaron 117 profesionales del mundo del cine, la mejor obra cinematográfica de ambientes madrileños.
E igual que Papitu, recomiendo a todo amante del cine que la vea. Efectivamente, está a la altura de los mejores clásicos italianos.
Un saludo.

"¿Existe algún crimen mayor que el de instruir de forma deliberada y errónea al público acerca de la ciencia, el de engañarlo deliberadamente, el de defraudarlo y el de alimentar y estimular su ignorancia?" (Isaac Asimov)