El tema de los pioneros y padres del cine, es siempre peliagudo. Welles declaró, por ejemplo en varias ocasiones que muchas veces se le atribuían inventos en el cine que él nunca había dicho que fueran invenciones suyas. Del mismo modo, Griffith no inventó tampoco muchos de los recursos que se le atribuyen, aunque sí fue tal vez el primero en utilizar muchos recursos de un modo narrativo coherente y emocional.
En el caso de todo lo que comentas de De Mille, sin duda es importante, no sólo porque esta etapa del director (para muchos la más importante) es escandalosamente desconocida, si no por la importancia en si de lo que comentas. Se ha aplaudido hasta la saciedad la "modernidad" de Preston Sturges para equilibrar la tragedia y la comedia en "Los viajes de Sullivan" (1942), y otro tanto se ha dicho por ejemplo de "El apartamento" (1960), de Billy Wilder, películas supuestamente precursoras de la ruptura espectacular de géneros y tonos narrativos.
Y aquí nos presentáis una película del año 31, y nada menos que del director de "Los 10 mandamientos", que resulta que no sólo combina intimismo con nervio narrativo, sino que va de la comedia al western, pasando por el melodrama, todo ello finamente combinado y estructurado. Creo que es tan escandaloso que hayamos pasado por alto el cine del primer de Mille, como si desconocieramos el de Chaplin o el de Stroheim.
Por mi parte, creo que lo más distintivo de este inefable director es su continua oscilación del tono emocional entre el pecado y la virtud. Me atrevería a decir que éste es el tono esencial de De Mille, y lo que hace tan inimitables sus propuestas, lo que da vida a sus temas y frases (algunas de ellas verdaderamente notables por su fuerza e ingenuidad (la ingenuidad es esa cualidad perseguida por todos los genios)).
Este director se siente obligado a practicar el "bien", pero se siente terriblemente fascinado por el "mal", o mejor dicho, por lo pecaminoso. No olvidemos que De Mille es en todo un hombre del siglo XlX.
En todo caso, felicidades a los tres por sacar a la palestra la resplandeciente primera etapa de uno de los narradores esenciales de la Historia del Cine.
