
El Prófugo (1931)


Directed by
Cecil B. DeMille
Writing credits
Edwin Milton Royle (play)
Lucien Hubbard (screenplay) and
Lenore J. Coffee (screenplay) (as Lenore Coffee)
Elsie Janis (dialogue)
Cast (in credits order) verified as complete
Warner Baxter ... James 'Jim' Wingate, aka Jim Carston
Lupe Velez ... Naturich
Eleanor Boardman ... Lady Diana Kerhill
Charles Bickford ... Cash Hawkins
Roland Young ... Sir John 'Johnny' Applegate
Paul Cavanagh ... Henry, Earl of Kerhill
Raymond Hatton ... Shorty
Julia Faye ... Mrs. Chichester Jones
DeWitt Jennings ... Sheriff Bud Hardy
J. Farrell MacDonald ... Big Bill (as J. Farrell McDonald)
Mitchell Lewis ... Tabywana
Dickie Moore ... Little Hal Carston
Produced by
Cecil B. DeMille .... producer (as Cecil B. De Mille)
Cinematography by
Harold Rosson
Art Direction by
Mitchell Leisen
Second Unit Director or Assistant Director
Earl Haley .... assistant director
Mitchell Leisen .... assistant director

Sinopsis (por Miguel Marías)

"A partir de 1940, DeMille consagra más tiempo
a preparar sus películas que a realizarlas"
Miguel Marías
Calificar a DeMille de pionero es quedarse corto, muy corto. DeMille es, junto a Griffith, el padre del cine americano. Si a Griffith le debemos el lenguaje visual, a DeMille le corresponde la invención de la narrativa. DeMille sempre dictó sus propias leyes, y una vez que aprendió de su maestro Griffith las nociones básicas del cine, emprendió en solitario una de las búsquedas más apasionantes de la historia del séptimo arte: la creación del primer estilo, es decir, del cine tal y como hoy lo conocemos. Una de sus primeras y más importantes contribuciones fue la invención de la elipsis, haciendo avanzar el argumento hasta límites que entonces parecían insospechados, o lo que es lo mismo, concediendo al espectador una capacidad de inteligencia que nunca antes se había planteado. Por eso, DeMille siempre gozó del favor de la audiencia. ¡Cómo no iba a hacerlo, si fue él quién inventó la complicidad con el espectador! En este The Squaw Man tenemos un buen ejemplo: cuando nos encontramos de repente con Jim casado con Naturich y padre de un mestizo, apenas un par de escenas en apariencia inocentes (los dos juguetes del niño: el tren de los blancos y el caballo de madera que le regala su madre) sirven a DeMille para explicarnos al detalle la nueva situación y el dilema moral en el que viven los personajes (la marginalidad de una raza diferente, la incomunicación de Naturich con su hijo, la incompatibilidad de la tradición con la sociedad moderna).

En 1914, mientras rodaba The Warrens of Virginia, DeMille experimentó con la luz gracias a unos focos prestados por la Opera Manson de Los Angeles, hasta conseguir una fotografía muy contrastada, llena de encuadres pictóricos. La llamó el método Rembrandt y le acompañó el resto de su filmografía, incluído aquí en The Squaw Man. Fijaos cómo DeMille suaviza los tonos en las primeras escenas en Inglaterra, cuando Jim y Diana se confiesan en el pozo de los deseos, distribuyendo una luz difusa por todo el escenario, creando así una atmósfera romántica. Más tarde, cuando la película se convierte en un western psicológico, DeMille va oscureciendo parte de las caras, de los objetos y de los espacios, añadiendo tensión y dramatismo al plano. En eso consistía el método Rembrandt. La primera fotografía de la historia del cine, fue de DeMille, y también el primer desarrollo de la profundidad de campo. Un cuarto de siglo antes de que Ciudadano Kane se llevará todos los méritos del invento, DeMille ya lo había experimentado en Juana de Arco (1916).

Quizás lo que convierta a DeMille en el pionero por excelencia del cine americano, por encima incluso de sus revoluciones técnicas y artísticas, es su falta de adhesión al género. Salvo DeMille, ninguno de los grandes directores de la época pudo despegarse de la especialización de Hollywood, siempre sujetos a un género, personalizándolo, transformándolo y ensanchando furtivamente los márgenes del mismo. DeMille, en cambio, convertido en el productor de sus propias películas, jamás estuvo sujeto a ningún género (curioso, cuando hoy se le encasilla en el género bíblico-histórico). Por eso, The Squaw Man puede que sea su película más emblématica en este sentido: una película que mezcla la comedia elegante y romántica de Lubitsch con el melodrama, y que de repente se convierte en un western psicológico y con tintes noir. The Squaw Man es una amalgama de sensaciones, y pasando de un género a otro sin ruptura aparente, DeMille desmonta cualquier convención establecida que hubiera en aquella época, empezando por pasar olímpicamente del happy end y regalándonos uno de los finales más desoladores de la historia del cine (como luego haría en The Plainsman), en el que absolutamente todos los personajes quedan marcados por la fatalidad para el resto de sus vidas. Por supuesto, los críticos de DeMille alegarán que los personajes se mueven por motivaciones anticuadas, relacionadas con la ideología reaccionaria de DeMille, que resultan ridículas hoy en día, pero cualquier cinéfilo avezado se dará cuenta de que eso queda en pura anécdota, y lo verdaderamente importante en esta película es la inventiva de DeMille para la construcción de escenas, que hace que cada parte de la película (perteneciente a géneros diferentes) funcione como una viñeta independiente, llena de magia y vida propias.

"Los héroes de las novelas y películas del Oeste
han desaparecido de las praderas para no volver jamás"
The Plainsman es una película clave en la carrera de DeMille. A partir de esta película, su estilo cambia, y los personajes se convierten en auténticos mitos, héroes alejados de los límites de la realidad. Hasta The Plainsman, y The Squaw Man es una buena muestra de ello, los personajes de DeMille se cortan por el mismo patrón: personas realistas que son víctimas de sus sentimientos y que se mueven erráticamente por convicciones morales muy relacionadas con la ideología de DeMille. Los hombres, en particular, son incapaces de tomar decisiones y cada vez que se enfrentan a su destino, están condenados al fracaso. La mujer, como motor del mundo, siempre es mucho más activa y responsable que el hombre, y aunque fracasen igualmente, al menos tienen el consuelo de haber sido conscientes de sus propios actos. En The Squaw Man tenemos un buen ejemplo de ello. Diana es la que decide primero el destino de Jim, y más tarde, Naturich es el único personaje de toda la película que sigue sus propios instintos y no se mueve por conductas morales anquilosadas, como el resto de la sociedad. Es curioso que DeMille, considerado un hombre de ideología reaccionaria y legendaria misoginia, conceda a Lupe Vélez uno de los mejores personajes de su carrera cinematográfica, con una despedida memorable en un final hermosamente trágico.
CAPTURAS




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My rip from a dvd-r recorded off TCM by Jazz Hunter. Occasional watermark.
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Por mi parte, después de tantos proyectos en común, de tantas ilusiones compartidas, sólo puedo decir una cosa: James Mason y Graveland son los mejores compañeros de viaje que uno podría tener. Así que, simplemente... ¡muchas gracias por estar siempre ahí!
El estudio, como ya es habitual, es cortesía de nuestro querido James Mason, que ha vuelto a poner su enorme biblioteca personal al servicio de todos. Pues eso, muchas gracias a James, y también a Miguel Marías, por ser tan valiente como para escribir una antología de semejante calibre en una época en la que estaba de moda despreciar a DeMille. Un estudio que abrió la senda del reconocimiento para DeMille en este país, y que, pese a estar incompleto por la imposibilidad en aquellos tiempos de acceder a la mayoría de la obra de DeMille, sigue tan vigente hoy en día como en aquel lejano 1976.
Os lo subimos en formato PDF, ideal para grabarlo en el DVD de la peli, y también en imagen JPG las dos páginas del estudio dedicadas a The Squaw Man, para que podáis leerlas cómodamente mientras navegáis por el foro. ¡No os lo perdáis, os aseguro que merece mucho la pena!

The.Squaw.Man.1931.Cecil.B.DeMille-KG.avi [1.30 Gb] 















