
Producciones Forrest Gump se complace en presentarles...
los subtítulos españoles para...
The Whole Town's Talking (1935)La Depresión a través de Abelardo y Eloísa
Abaelard und seine Schülerin Heloisa,
Edmund Blair Leighton (1882)
Pedro Abelardo fue uno de los grandes filósofos y teólogos del siglo XII, maestro de la lógica y la dialéctica. Nacido en una familia noble de la Bretaña francesa en 1079, renunció a todas sus posesiones en favor de su hermano menor para dedicarse al aprendizaje y posterior enseñanza de la filosofía. Además de ser un gran poeta lírico y compositor, Abelardo fue un pionero de la literatura, siendo su autobiografía Historia de mis calamidades (1135) uno de los primeros ejemplos documentados de confesión amorosa. Porque más que por sus logros profesionales, Abelardo siempre será recordado por su historia de amor prohíbido con Eloísa.
En 1118, Eloísa estaba bajo la tutela de su tío Fulberto, canónigo de la Catedral de París, quien conocedor de las inmensas posibilidades intelectuales de su sobrina, consiguió para ella el mejor maestro posible: Pedro Abelardo. Ambos se enamoran y mantienen su relación sentimental en secreto, pero el escándalo explota cuando Eloísa se queda embarazada. Abelardo rapta a Eloísa y la lleva a la casa de su hermana en Bretaña, donde nace su hijo Astrolabio. Fulberto, furioso, exige que contraigan matrimonio y Abelardo acepta a cambio de mantenerlo en secreto, ya que el filósofo creía que podía perjudicarle profesionalmente.

Abelardo y Eloísa son sorprendidos por Fulberto.
Les Amours d'Héloïse et d'Abeilard,
Jean Vignaud (1819).
Contrariamente a lo que se supone debía pensar una mujer de su época, Eloísa se opone al casamiento por dos motivos: no quiere perjudicar la carrera filosófica de su amado, destinado a ser una de las grandes mentes de su tiempo, y piensa que su matrimonio no va a solucionar nada, porque no aplacará la sed de venganza de su tío Fulberto (el tiempo le dará la razón). A pesar de la premonición de Eloísa, "Una sola cosa resta, para que el dolor que siga a nuestra ruina sea mayor que el amor que la precedió”, ambos se casan en secreto y viven en París oculta y separadamente.
Sin embargo, al no conocerse su matrimonio, el romance entre Abelardo y Eloísa seguía en boca de todos, por lo que Fulberto, al ver que el honor de su familia continuaba en entredicho, decidió divulgar la noticía de la boda. Esto molestó mucho a Abelardo y llevó a Eloísa a la Abadía de Argenteuil, haciendo parecer que había tomado los hábitos. Fulberto creía que Abelardo quería dejar a su sobrina en el convento y desatenderse de ella, ási que se vengó de él ordenando a sus criados que lo castraran, tal y como lo cuenta el mismo Abelardo: “Me castigaron con cruelísima y vergonzosísima venganza que recibió el mundo con estupor, amputándome aquellas partes de mi cuerpo con las que yo había cometido lo que ellos lloraban.” Abelardo, humillado y avergonzado, se hizo monje en Saint Denis y Eloísa monja en Argenteuil. Jamás volvieron a estar juntos, aunque siguieron alimentando su historia amorosa a través de torrenciales cartas de amor. Ahora, sus restos descansan juntos en París.

No es coincidencia que las mascotas del personaje que interpreta Edward G. Robinson se llamen Abelardo y Eloísa. Abelardo, un clérigo (como Jones) inspirado por la imprudente Eloísa (parecida a la señorita Clark), fue condenado en los concilios de Soissons y Sens por hereje y obligado a quemar su obra. Fue censurado por oponerse a la noción (personificada en el sumiso Jones) de que la libertad es una aceptación incondicional del plan de Dios. Pensaba que cada persona era única, que las apariencias podían engañar. Defendió que debemos utilizar el intelecto con libertad para discernir la auténtica naturaleza de las cosas. Ésos son los temas de Ford.
Para Ford, la Depresión fue una violenta represión de la personalidad y de la libertad. The Whole Town's Talking se rebela contra las tiranías universales que enmascaran la realidad: la política, el periodismo, la policía, el sistema penitenciario, la justicia. No sólo es una sátira del cine negro, es también una sátira de la misma Depresión, que refleja la inevitable deriva de la mentalidad americana hacia el lado oscuro de la vida y del arte.
"Estaba bien. No fui a verla."John Ford sobre
The Whole Town's TalkingOs dejo los subtítulos españoles para el magnífico SATRip VO de AliceFrye. Este trabajo ha sido posible gracias a nuestro querido compañero Forrest Gump, que me pasó su VOSE y puso en marcha el proyecto. Junto con el doblaje sincronizado por theycame nos queda un dual bastante majo.
Os recomiendo ver esta película en VOSE para apreciar los cambios de registro que hace Edward G. Robinson en su voz (si ya es espectacular ver como suena diferente en cada película, imaginaosla en este doble papel): tímida, servicial, amable en su personaje de Jones y arrogante, fría y sarcástica en su interpretación de Mannion. Así mismo, imprescindible escuchar la singular y característica voz nasal de Jean Arthur que tanto le ayudó en su paso del cine mudo al sonoro.
Subtítulos españolesOpenSubtitlesTitles
The Whole Town's Talking (John Ford, 1935) Spanish.rar [28.7 Kb]


La sensibilidad social de un poeta campesinoCarlos F. Heredero[...] Será en 1931 cuando su creciente dominio del nuevo lenguaje y la apertura de una diferenciada etapa industrial en su carrera (Ford filma su primera película fuera de la Fox, El Doctor Arrowsmith), le permitan inaugurar una nueva y provechosa fase de su trayectoria. Comienza así un período de su obra que corre en paralelo con los tiempos más duros de la Depresión y en cuyo transcurso (1931-1935) el cineasta rueda un total de nueve filmes. Aunque muy diferentes en temas y estilos, las imágenes de esta etapa se centran mayoritariamente en la América contemporánea, de la que se traza (a lo largo de ocho títulos) un retrato crítico y problemático. El cine de Ford dibuja con ellos la radiografía de un país en el que los valores culturales ya no son suficientes para garantizar la seguridad, donde el sentido del deber aparece lleno de contradicciones y donde los héroes se desvelan tan introspectivos como contradictorios.
Ted Gallagher ha creído ver en aquellas películas (hablando esencialmente de Flesh, Pilgrimage, Doctor Bull y The Whole Town's Talking) "un comentario sobre la catástrofe social de los años de la Depresión", un fresco social en el que pueden encontrarse invectivas contra el gobierno y contra los hombres de negocios, pero donde Ford se muestra menos preocupado por el 33 % de paro (12 millones de desempleados) que por el "sinsentido moral que corrompe los vínculos sociales a todos los niveles, incluyendo, especialmente, al hombre común". El cine de Ford propone durante aquellos años un acercamiento doloroso, algo misántropo, iconoclasta y rebelde hacia el paisaje social de un país en crisis frente al que un cineasta hijo de emigrantes irlandeses se siente incómodo y sobre el que emprende algunas reflexiones que habrán de constituirse, con el paso del tiempo, en ejes fundamentales y vigas maestras de su discurso personal.
Ford empieza a comprender entonces la rémora vital y hasta la opresiva coacción que pueden llegar a suponer los ideales y las tradiciones cuando unos y otras se convierten en ataduras que impiden comprender la realidad compleja del presente, nervio central que sostiene la reflexión inherente a muchas de sus obras maestras de madurez. Y de aquellas fechas proviene, también, el desencuentro esencial, de fondo, entre el héroe fordiano paradigmático y la comunidad de la que se aleja, que lo expulsa o a la que rechaza, al mismo tiempo que aquél nunca deja de alimentar el sueño de su integración en ella. [...]

La película parece hecha a la medida de Frank Capra (comedia, Columbia, guión de Robert Riskin, Jean Arthur) y muchos la tachan de impersonal, pero a mí me parece bastante fordiana, al menos más que su primer éxito hecha el mismo año, El Delator (aunque esta última es un germen evidente de su obra maestra Centauros del Desierto). El modelo narrativo y el sentido del humor de Pasaporte a la Fama son puro Ford y formarán parte de su estilo maduro. Las escenas con muchos extras están bien resueltas y Ford sale victorioso de la mezcla de géneros. La película es muy muda en su puesta en escena (la importancia de los objetos es manifiesta: periódicos, espejos, la máquina de escribir...) y en la utilización del claroscuro expresionista. Los secundarios, como en todo el cine de Ford, están impecables y los actores protagonistas no pueden salir mejor parados: Jean Arthur, en su retorno al cine desde los escenarios de teatro, se convierte en una estrella, y Edward G. Robinson sienta las bases para sus próximos personajes de hombre víctima y atrapado. Sin esta película no existirían Scarlet Street o The Woman in the Window.
BIBLIOGRAFÍA
Nosferatu Nº 40, El Joven Ford
