por Euforion » Mié Mar 21, 2007 9:29 pm
Estupendo!!! Podremos ver y entender este film
No se si es pasarme, pro ahí va un interesante artículo sobre esta peli aparecido en "Miradas de cine" en julio de 2005
El homicida que llevamos dentro
Si hay una obsesión languiana por excelencia en su obra es el surgimiento y posesión de personalidades de apariencia inofensiva por la ira. Por lo general estas metamorfo-sis se dan en caracteres íntegros, benévolos y de ancha complexión, y tal vez con esto Lang haya querido decir que "la violencia puede surgir en los lugares menos espera-dos", o bien que "el ser racional no está libre de los arrebatos de furia", o para arries-gar un poco más, que "todos llevamos monstruos dentro". Las causas de la transfor-mación de un ser humano condescendiente o de intachable rectitud en una mole se-dienta de sangre pueden ser el dolor, el desamparo, o, como se ve en este film, senci-llamente el sadismo.
Tres años antes del estreno de House by the River, Lang escribía: «Poco a poco me he convencido de que cada cerebro fabrica en su intimidad una inclinación al asesina-to. Sí, cada uno de ustedes es un asesino en potencia que sólo necesitaría un primer empujoncito mental para acabar delante de un jurado. A veces eso me tortura, pero a veces también me divierte pensar que soy un asesino en potencia.» (1) Ahora bien, ¿no se advierte un tonito un tanto perverso en esta sentencia, más aún si se tiene en cuenta que su autor fue interrogado en su juventud por el presunto asesinato de su esposa? No se trata de conjeturar aquí sobre la culpabilidad de Lang, pero llega a lla-mar demasiado la atención que el director luego haya renegado tanto de este film, aduciendo palabras más, palabras menos, que lo hizo porque "de algo hay que co-mer", cuando en realidad se pueden ver en él varias de las principales inquietudes languianas una tras otra, como en manual explicativo. Ok, hay que conceder que la película fue un encargo, y que fue guionizada en base a una novela por otra persona, pero, ¡cuánta energía derrochada en opacar una película tan interesante y personal!
La historia viene así. Stephen (brillante Louis Hayward), un novelista ocioso y falto de inspiración entra en calor por ver a una sirvienta desfilar suelta de prendas por su ca-sa, intenta seducirla, y al ser rechazado forcejea con ella hasta estrangularla. Para deshacerse de tan bonito cadáver implora por ayuda a su hermano lisiado, John (Lee Bowman), y ambos lo arrojarán al río. Pero el río es traicionero, y su corriente termina por devolver el cuerpo a su lugar de origen. Conforme la película avanza, Stephen se va convirtiendo en un ser perverso y despreciable, le va tomando el gusto al asesinato y de allí se nutre de inspiración para escribir sus obras. Cuando la policía al fin da con el escritor, éste echará la culpa a su hermano, pero su mujer Marjorie (Jane Wyatt), no mastica vidrio, y se da cuenta de quién es el verdadero autor del crimen. Ella y John intentarán detener a esta bestia humana en la que se ha convertido Stephen.
He aquí uno de los cromos más difíciles de conseguir de la filmografía de Lang, pero lograr dar con él ofrece sin dudas su rédito. Se trata de una de las más lúgubres y en-fermizas obras del director. Su oscuridad casi permanente, donde se recortan fuentes aisladas de luz y figuras difusas, y el uso de sombras y de claroscuros de tipo expre-sionista generan una atmósfera opresiva insustituible. Tal vez también tenga sus baja-das de ritmo, alguna actuación más bien pobre y un final demasiado forzado al happy ending, pero a nivel general el relato mantiene el interés con buenas dosis de suspen-so y se trata de una película consecuentemente grata. También representa un dichoso reencuentro de Lang con elementos sobrenaturales, y esto, como se sabe, es digno de verse.
Pese a que grandes directores del momento debieron recurrir muchas veces a estu-dios pequeños para poder filmar sus clases B con una libertad que no se conseguía con las grandes compañías, Lang no tuvo suerte con Republic, que había sido refugio de Welles para poder filmar su Macbeth (ídem, 1947), y más adelante para John Ford y El hombre tranquilo (The Quiet Man, 1952). Muchos dolores de cabeza le deben haber causado los ejecutivos del estudio a Lang y viceversa; el director pretendía que la sirvienta asesinada fuese negra, en un tiempo en que cualquier indicio de amorío o relación interracial en el cine era considerado tabú absoluto. Por otra parte para el desenlace filmó un clímax de extrema violencia en el que Stephen arremetía una y otra vez contra su hermano a cadenazos. Las tijeras del estudio eliminarían la escena.
Estos dos problemas de censura hablan mucho del espíritu transgresor de Lang. Si la sirvienta negra hubiese sido aceptada, la película se prestaría para alguna otra lectura; se podría ver algo así como una crítica al racismo en la sociedad aristocrática, y pro-bablemente el director se habría visto acusado absurdamente de "misoginia racista". La escena de los cadenazos hubiese sido sin duda una de las escenas más explícita-mente violentas de su momento. No debe olvidarse que una película como Los sobor-nados (The Big Heat, 1953), fue insoportable para grandes franjas de público por su violencia desmedida, quizá sólo equiparable hoy en día con las puntas más sórdidas de un Haneke, un Aronofsky o un Gaspar Noé.
"Es la gente quien debería ser culpada por la mugre, no el río" comenta Stephen al comienzo de la película al ver carroña de res flotando y siendo arrimada a la orilla por la corriente. Esta cita, en apariencia superficial, permite entrever un dejo idiosincrático de Lang. El hombre es individualmente responsable de su accionar, aunque culpe a su entorno. Y por más que quiera ocultar sus actos más terribles, ellos tarde o temprano terminarán emergiendo, para mortificarlo y torturarlo.
Recomendable para estudiosos de Lang o amantes del film noir en general, House by the River desprende ese sabor agradable que dan ciertas obras escondidas, que espe-ran pacientes la llegada del cinéfilo curioso para ser desenterradas, al menos por un rato, del olvido.