(1886-1962)
Mihály Kertész, conocido artísticamente por el nombre de Michael Curtiz, fue un director de cine húngaro nacido en Budapest el 24 de diciembre de 1886. Comenzó ejerciendo de director y actor teatral en la Hungría del Emperador Francisco José I. Curtiz fue un pionero de la industria cinematográfica austro–húngara, estrenándose en la dirección en 1912. En esta etapa inicial pueden apreciarse influencias de los maestros escandinavos Stiller y Sjöström. Firmó más de cuarenta películas en su tierra natal (todas perdidas en la actualidad, salvo algunos fragmentos). Cabe destacar su posterior etapa vienesa, en la que llevó a cabo grandes producciones épicas, como Sodoma y Gomorra y La moderna Dalila, además de varias colaboraciones con el productor Alexander Korda. El éxito de La luna de Israel fue el desencadenante para que los hermanos Warner creyeran encontrar en Curtiz al hombre idóneo para plantar cara a De Mille y sus producciones con la Paramount. Tras su desembarco americano de 1926, pronto se le encargó la dirección de El arca de Noé, superproducción de la época. Durante los años treinta, el cineasta se convirtió en el buque insignia de la Warner. Surgió de este modo el estilo Curtiz, caracterizado por la meticulosidad en la dirección de actores y de los medios técnicos. En muchas ocasiones se decantó por los guiones de acción, aunque sus incursiones en otros géneros gozaron de calidad y éxito. Así lo atestigua su gran obra cumbre: Casablanca (1943) por la que obtuvo la preciada estatuilla al Mejor Director. Supo introducir de manera magistral el melodrama dentro de otros géneros: cine negro (Mildred Pierce, 1945) o biopic (El trompetista, 1950). Su carrera estuvo caracterizada por la enorme productividad, aunque sus mejores trabajos los llevó a cabo durante los años dorados del Sistema de Estudios, declinando en calidad durante la última década de su vida.
RAINER WERNER FASSBINDER










































































































