por Haller » Mié Abr 27, 2011 12:12 am

Estrenada en 1949, LOS JUSTOS desarrolla dramáticamente, en el ámbito histórico de la Rusia zarista, algunos de los temas que obsesionaron a Albert Camus (1913-1960) a lo largo de su vida y que atraviesan como hilo conductor toda su obra. La contraposición entre el idealista Ivan Kaliayev y el implacable Stepan Fedorov arroja luz sobre el dilema moral implícito en todo terrorismo y permite al autor, a través de unos diálogos de gran belleza literaria y densidad ideológica, desplegar la compleja dialéctica del fin y los medios, así como mostrar la opresión y el despotismo implicados objetivamente en la utilización de una violencia subjetivamente justificada. (De la contraportada del libro)
- Código: Seleccionar todo
PDF | 9.6 MB | Scan + OCR | 70 (140) pp. | eBook #003 by Halleryana
CAMUS, Albert | Los justos | Alianza, 1999 | 1a. edición con nueva traducción
Título original: Les Justes | Gallimard, 1950
e-Link:
Camus.Albert-Los.justos.[Alianza.1999].[eBook.#003].[Halleryana].pdf [9.64 Mb] 

DD:
http://www.mediafire.com/?dhct1f9cr21gcsq
Leer un fragmento:
- Spoiler: +
- (...)
KALIAYEV
Miradme, hermanos, mírame, Boria, no soy un
cobarde, no me he echado atrás. No los esperaba.
Todo ha pasado demasiado deprisa. Esas dos ca-
ritas serias y en mi mano, ese peso terrible. Ha-
bía que lanzarlo sobre ellos. Así. Directo. ¡Oh,
no! No he podido. (Mira uno tras otro a todos.)
En otro tiempo, cuando yo conducía el coche, en
nuestra casa, en Ucrania, iba como el viento, no
tenía miedo a nada. A nada en el mundo, salvo a
atrepellar a un niño. Imaginaba el choque, aque-
lla cabeza frágil golpeando contra la carretera, al
vuelo... (Se calla.) Ayudadme... (Silencio.) Que-
ría matarme. He vuelto porque pensaba que de-
bía rendiros cuenta, que vosotros erais mis úni-
cos jueces, que me diríais si había hecho bien o
mal, que no podíais equivocaros. Pero no decís
nada.
(DORA se acerca a él, hasta tocarlo.
KALIAYEV los mira, y con una voz
sombría.)
KALIAYEV
Os propongo lo siguiente: si decidís que hay que
matar a esos niños, esperaré a la salida del teatro
y yo solo arrojaré la bomba contra la calesa. Sé
que no fallaré. No tenéis más que decidir, yo obe-
deceré a la Organización.
STEPAN
La Organización te había mandado matar al gran
duque.
KALIAYEV
Es cierto. Pero no me había pedido que asesinara
a niños.
ANNENKOV
Yanek tiene razón. Eso no estaba previsto.
STEPAN
Debía obedecer.
ANNENKOV
Yo soy el responsable. Tenía que estar todo previs-
to y que nadie pudiese dudar sobre lo que tenía
que hacer. Sólo tenemos que decidir si dejamos
escapar definitivamente esta ocasión o si ordena-
mos a Yanek que espere a que salgan del teatro.
¿Qué dices tú, Alexis?
VOINOV
No sé. Creo que habría hecho lo mismo que Ya-
nek. Pero no estoy seguro de mí. (Más bajo.) Me
tiemblan las manos.
ANNENKOV
¿Y tú, Dora?
DORA (En tono violento.)
Yo me habría echado atrás, como Yanek. ¿Puedo
aconsejar a los demás lo que yo misma no podría
hacer?
STEPAN
¿Os dais cuenta de lo que significa esta decisión?
Dos meses de seguimientos, de terribles peligros
corridos y evitados, dos meses perdidos para
siempre. Egor detenido para nada, Rikov ahorca-
do para nada. ¿Y habría que volver a empezar? ¿Y
otra vez largas semanas de vigilancia y de artima-
ñas, de tensión incesante, antes de volver a encon-
trar la ocasión propicia? ¿Os habéis vuelto locos?
ANNENKOV
Dentro de dos días, el gran duque volverá al tea-
tro, lo sabes de sobra.
STEPAN
Dos días en los que corremos el riesgo de que nos
cojan, tú mismo lo has dicho.
KALIAYEV
Me voy.
DORA
¡Aguarda! (A STEPAN.) Stepan, ¿tú podrías dispa-
rar con los ojos abiertos y a quemarropa sobre un
niño?
STEPAN
Podría, si la Organización lo ordena.
DORA
¿Por qué cierras los ojos?
STEPAN
¿Yo? ¿He cerrado los ojos?
DORA
Sí.
STEPAN
Entonces ha sido para imaginarme mejor la esce-
na y responder con conocimiento de causa.
DORA
Abre los ojos y comprende que la Organización
perdería sus poderes y su influencia si un instante
tolerase que unos niños fuesen destrozados por
nuestras bombas.
STEPAN
No tengo estómago suficiente para esas bobadas.
Cuando decidamos olvidar a los niños, ese día se-
remos los amos del mundo y la revolución triun-
fará.
DORA
Ese día, la revolución será odiada por la humani-
dad entera.
STEPAN
Qué importa si nosotros la amamos con la fuerza
suficiente para imponerla a la humanidad entera
y salvarla de sí misma y de su esclavitud.
DORA
¿Y si la humanidad entera rechaza la revolución?
¿Y si el pueblo entero, por el que luchas, rechaza
que maten a sus hijos? ¿También habrá que casti-
garla?
STEPAN
Si es preciso, sí, y hasta que comprenda. También
yo amo al pueblo.
DORA
El amor no tiene esa cara.
STEPAN
¿Quién lo dice?
DORA
Yo, Dora.
STEPAN
Tú eres mujer y tienes una idea desdichada del
amor.
DORA (Con violencia.)
Pero tengo una idea justa de lo que es la vergüen-
za.
STEPAN
Yo tuve vergüenza de mí mismo, una sola vez, y
por culpa de otros. Cuando me azotaron. Porque
me azotaron. ¿Sabéis lo que es el látigo? Vera esta-
ba a mi lado y se suicidó como protesta. Pero yo
seguí viviendo. Ahora, ¿de qué habría de tener
vergüenza?
ANNENKOV
Stepan, aquí todo el mundo te quiere y te respeta.
Pero, sean las que fueren tus razones, no puedo
dejar que digas que todo está permitido. Cente-
nares de hermanos nuestros han muerto para que
se sepa que no todo está permitido.
(...)
"De niño robaba libros. La pobreza no es pretexto para no cultivarse".
(Alexandre en "La maman et la putain", citado de memoria).